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Lucha por las libertades es en estados modernos

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José Luis Góngora Ramírez, maestro masón desde hace 28 años, señaló que la sociedad vive hipócritamente y de manera contradictoria. Las marchas homofóbicas de católicos y protestantes no servirán de nada, porque finalmente tendrán que acatar  la ley.

No hay un Estado que se diga moderno si no contempla las luchas por las libertades de los grupos que piden ser tratados con igualdad. El fenómeno del siglo XXI es el reconocimiento de los derechos de quienes tienen gustos hacia su mismo sexo, apuntó.

Ser gay, lesbiana o transgénero —sostuvo— es algo cada vez más natural, que forma parte de nuestro léxico y del diario convivir de la sociedad. En México es un tema difícil, por ser fundamentalmente machista y homofóbico, formado tradicionalmente a la luz de la unión entre hombre y mujer. Aún se piensa que el vestido rosa es para la mujer y el azul para el hombre.

La sociedad actúa de manera hipócrita y reservada, como si fuera castillo de la pureza. Afuera las virtudes y adentro los pecados, y que ha sido incapaz de reconocer la libertad que se tiene de ser diferente.

La modificación que permite el matrimonio entre iguales se debate y es de avanzada, Una iniciativa que viene a complementar la adición de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, en donde lo que diga el presidente Enrique Peña Nieto es complementario.

El derecho al amor es único e individual. Nadie puede oponerse y nadie lo discute. Que los manifestantes católicos tomen la calle no preocupa si marchan pacíficamente y respetan la ley. Si así fuera el país tendría otra cara. Muchos homosexuales viven torturados y por eso se suicidan, porque no son aceptados ni por sus familiares.

Los gobernantes tienen que emprender intensa labor de concientización a través de los sistemas educativo y de salud, incorporar a la sociedad civil y no permanecer encerrados, porque se generaría violencia en los dos bandos, tanto en pro como en contra.

Las palabras “joto” y “maricón” tienen que terminarse. Acaba de morir Juan Gabriel y hubo casi un millón de personas llorando. ¿Puedo llorar por eso y después decir que se vayan al carajo los homosexuales? Sería una contradicción brutal. Vamos a aceptarlo, permitamos el diálogo y aceptemos que todos somos iguales, exhortó.

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