Tribuna Campeche

Diario Independiente

Poca evocación de pixanitos

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Don Vicente Cámara López, de 79 años de edad, llegó desde muy temprano al cementerio de San Román, acompañado de pintura, brocha y trapo, y para las nueve de la mañana ya había limpiado y pintado la tumba de su nieto Jesús, que hace más de tres años falleció por una complicación en la salud. Aprovechó para visitar a sus difuntas madre y esposa, mientras su padre, de 97 años, aún lo espera en su casa.

Don Vicente es uno de los campechanos que ayer acudieron a los cuatro cementerios de la ciudad para recordar a los niños difuntos, o pixanitos, como se les conoce en Campeche. Los limpiadores de tumbas, como la señora María Cristina Mena Can y el niño Gabriel Cortez Cruz, ofrecieron sus servicios en San Román.

Mena Can explicó que no hay una cuota fija. Ofrecen agua, limpiar la tumba y cambiar las flores, y depende de cada persona lo que quieran dar, a veces son cinco o 10 pesos. “Cuando nos piden colocar algún florero con cemento, entonces se acuerda un precio”.

La venta de flores artificiales no fue la esperada, a pesar de que comercializaron en 50 y 70 pesos los ramos, informó Martha Xuffi Méndez. Recordó que en los cementerios las autoridades de salubridad recomiendan no llevar flores naturales, por los acumulamientos de agua, que se convierten en criaderos de moscos.

Personal de la Dirección de Servicios Públicos del Ayuntamiento dejó para lo último la repintada de algunas paredes de los cementerios de San Román y Santa Lucía, por lo que la gente tenía que pasar entre escaleras y brochazos.

El cementerio de Santa Lucía tuvo poca afluencia, aunque también acudieron menores de edad a ofrecer agua y limpieza de tumbas, por una propina.

Menor actividad hubo en el cementerio de Samulá, en donde la gente realizó mejoras en algunas tumbas, en tanto en el del Siglo XXI llamó la atención que personal del Ayuntamiento de Campeche apenas  fumigaba, debido a que por las lluvias y lo bajo del terreno se acumula agua.

Las velas y veladoras costaron entre 15 y 35 pesos y las flores naturales a 25, 35 y hasta 100.

SE PIERDE TRADICIÓN

Este año en pocos hogares se instalaron los altares con juguetes, ofrendas, dulces, pibipollos y velas de colores para los pixanitos. La tradición se trasladó a las escuelas, en donde como última actividad antes de salir del “megapuente”, se organizaron actividades para que los niños mantengan vigente la costumbre.

Colocaron el vaso con agua que representa la pureza, un pan pequeño, juguetes de barro con figuras de animales, caballos, perros, gallinas y borregos, y también muñecas y superhéroes de plástico, para que el niño y la niña puedan jugar entre la fragancia de las flores.

Naranjas, mandarinas y plátanos lucían en las mesas. Eran parte esencial, todo para que las animas de los pequeños se marchen contentas, y regresen el otro año, señaló el padre José Luis Ye Ehuán, al recordar el evangelio de San Marcos, cuando Jesús dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí, porque de ellos es el reino de los cielos”.