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Sangre de Cristo nos purifica de todo pecado

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Dios amó al mundo al extremo y su sangre es el cordero inmaculado que no lleva pecado y nos purifica, se destacó durante la celebración de la institución de la eucaristía con motivo del ‘Jueves Santo’, en la Catedral, en que también se rememoró el lavatorio de pies a los 12 apóstoles.

Ante decenas de católicos congregados en el recinto erigido en honor a Nuestra Señora de la Purísima Concepción, se subrayó que para llegar a la eucaristía primero se debe pasar por la institución del sacerdocio y el mandamiento del amor, a uno mismo y a Dios. “La vida de Jesús fue un continuo predicar y hacer el bien”.

Se recordó que en la Última Cena se quitó sus vestidos sacerdotales para lavarle los pies a sus 12 apóstoles, ‘y Pedro al ver ese gesto retiró el pie y dijo: Tú siendo nuestro maestro cómo vas a rebajarte y tomar el papel de esclavo’.

Jesús le respondió que si no se dejaba lavar, no formaría parte de la eucaristía ni de su reino, pues primero debe purificarlos para sumergirlos en su espíritu.

“El que está limpio no necesita más que lavarse los pies, y ese amor que nos purifica lo podemos aceptar o rechazar, pero si lo rechazamos ya no estamos limpios y no podemos participar en el banquete celestial”, se le indicó a la feligresía.

Lo que nos hace participar en la eucaristía es el amor, y lo que se vive dentro de la Iglesia se debe practicar fuera de ella.

“¿Que nos impide participar en el amor de Dios?, la soberbia y el orgullo, virus que nos transmitieron Adán y Eva… pero Judas representa la soberbia máxima”.

El obispo celebró que Dios nos dio el bautismo, la salud, la inteligencia, la familia, pero por soberbia no reconocemos nuestras caídas y pecados, e insistió en que la dignidad nos la da la sangre del cordero inmaculado que nos ama.

“La soberbia te hace sentir autónomo, pero el Señor nos dice: esta es mi sangre derramada por ustedes pecadores para que puedan participar en el banquete del rey, y el lavado de pies a los 12 discípulos es signo de amor y entrega si queremos seguir el camino de Jesús”, subrayó.

 

PROCESIÓN.

Al término de la homilía, entre cánticos y alabanzas, creyentes y sacerdotes de la Diócesis de Campeche participaron en la procesión que encabezó el Santísimo Sacramento y recorrió las iglesias de San Francisquito y del Jesús para recordar la más grande muestra de amor de Jesús, quien luego de ofrecer la Última Cena, dio su vida por sus hijos.

Decenas de fieles caminaron varias calles del Centro Histórico elevando plegarias y oraciones. Ya en la Catedral, presenciaron la ‘adoración nocturna’, que recrea el pasaje de la oración de Jesús en el huerto de Getsemaní, cuando es tentado y vence a la muerte, pero finalmente es entregado para su crucifixión.

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