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No hay registro de médicos indígenas

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0Aunque se carece de un padrón oficial que especifique cuántos médicos tradicionales brindan atención en el Estado de Campeche, se estima que hay casi 500, según el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), pues al menos en cada comunidad de la zona rural se tiene a uno de estos personajes.

El maestro Nehemías Chi Canché, representante en Campeche del INPI, señaló que a los médicos tradicionales se les conoce con varios nombres, por lo que hay que saber distinguirlos. Existe una gran diferencia entre el “h´men “, quien preside rituales, y el médico tradicional que es el “ts’ak yaj” o curandero.

En cambio, a los adivinos se les llama “chilames”, y tienen capacidad para predecir el futuro con base en observaciones, y popularmente son señalados como brujos.

El Programa Universitario México Nación Multicultural (PUMC) de la Universidad Autónoma de México (UNAM) los llama terapeutas indígenas, y son curanderos, parteros, hueseros, yerberos, rezanderos, sobadores, ensalmadores, graniceros, chupadores y culebreros, entre otras denominaciones de las más comunes.

Chi Canché reconoció que no existe un padrón actualizado, aunque se calcula que pudieran haber casi 500 médicos tradicionales distribuidos en toda la geografía estatal. Radican especialmente en las comunidades rurales, donde no se tiene la presencia de médicos egresados de las facultades de medicina.

En su momento, como Instituto Nacional Indigenista se buscó en los años 70 reconocer y respetar todo lo relacionado a la cultura y las tradiciones, desde la forma de trabajo, sus casas y la medicina tradicional.

Entonces se implementó un programa de medicina tradicional para la operación y ejecución de proyectos encaminados para su  fortalecimiento, y en Hopelchén se conformó el Consejo Local de Médicos Indígenas de los Chenes (Colmich) y otro más en Calkiní, y las personas de las comunidades rurales acudían a esos centros para ser curados.

Para que cada médico tradicional brindara atención, tenía que conocer muy bien sus métodos. Si usaba yerbas y plantas, debía saber la cantidad según la enfermedad, y tener a la mano la especie. Por eso sembraban en el hogar, y había otras alternativas para curar, como sucede con el mal de ojo, en que se utiliza la leche materna.

Con el cambio de administración federal y la creación de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, desapareció el programa. “Los gobiernos pensaron que ya no habían indígenas. Se dejó de autorizar recursos y no hubo continuidad de los registros, para saber con exactitud dónde estaban los médicos tradicionales, su edad, sus condiciones de vida y sus especialidades”.

Aun así, los médicos tradicionales se niegan a desaparecer, aunque no estén organizados. En cuanto a la edad, la mayoría son adultos, mínimo de 50 años, y se estima que un 50 por ciento son hombres y 50 por ciento mujeres.

Además de realizar sus labores de campo, estas personas se dedican a curar, y por eso son conocidos como “médicos del pueblo”. Viven modestamente, porque sienten un gran respeto por la naturaleza.

Hasta el 31 de diciembre, de acuerdo a registros oficiales, operaban 270 parteras tradicionales en igual número de comunidades de la entidad, las cuales forman parte del Programa de Extensión de Cobertura de la Secretaría de Salud.

El director del programa, Margarito Contreras Díaz, detalló que de las 270 parteras empíricas identificadas, 160 están certificadas, aunque el hecho de no contar con ese documento no impide la práctica ni se considera delito. “Cada pueblo tiene mucho respeto a sus costumbres, y las embarazadas recurren en primera instancia a las parteras”.

Y HAY 270 PARTERAS TRADICIONALES: SSA

Son especialistas en medicina tradicional y tienen como función primordial atender el embarazo y el parto y proporcionan asistencia a la mujer y al recién nacido durante el puerperio. Atienden también padecimientos ginecológicos considerados causantes de la esterilidad y otras demandas que afectan al recién nacido y a la embarazada como el susto, el mal de ojo y la caída de la mollera. Brindan masaje,s o como se dice coloquialmente, acomodan al bebé para que no haya complicación en el alumbramiento.

“Su trabajo sin duda alguna ha contribuido en disminuir la mortalidad materna y perinatal, sobre todo en lugares muy apartados y de difícil acceso”. La mayoría radican en Candelaria y Calakmul, son casi 163.

En relación a su edad, son especialmente adultos mayores. La más joven tiene 50 años y la más longeva entre 85 a 90. Dependen de apoyos económicos, no existe una tarifa. Hay más mujeres, pues apenas dos son hombres y laboran en Calakmul y Palizada.

Están enlazadas al programa de extensión de cobertura desde 1992. Localizarlas ha sido posible con las unidades médicas móviles que cada 15 días brindan el servicio de salud en las comunidades.

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