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Democracia aún no se traduce en bienestar

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“Aunque son incuestionables los triunfos de los gobiernos democráticos sobre los regímenes autoritarios en el terreno de los valores humanos y políticos, en la dimensión de los resultados sociales no han tenido la capacidad de resolver problemas públicos, porque reproducen fallas institucionales como corrupción, abuso, tentaciones políticas de los pasados sistemas autoritarios patrimonialistas”.

Así lo afirmó el filósofo Luis Felipe Aguilar Villanueva al impartir la conferencia magistral “Legitimidad y la Efectividad del Gobierno o del Gobernar de los Gobiernos”, como parte de los trabajos del XVI Simposio de la Asociación Iberoamericana de Filosofía Política.

¿Gobiernan los gobiernos?, es la pregunta acerca de si estos tienen la capacidad de dirigir a sus sociedades, sobre si realmente gobiernan o sólo lo intentan, y ha sido constante a lo largo de la historia social, aún en estos años recientes, no nada más en México ha alcanzado tonos críticos, decepción, crispación y escepticismo, planteó.

“Los gobiernos democráticos, después de su éxito al final del siglo pasado, no  atraviesan por su mejor momento en numerosos países, pues reproducen fallas institucionales como corrupción, abuso, tentaciones políticas de los pasados regímenes autoritarios patrimonialistas”.

Y agregó que hoy, los populismos de izquierda y derecha parecen estar rebasados por los cambios económicos, tecnológicos y sociales en curso, además de que muestran incapacidad para conducir y coordinar, mediante leyes y políticas públicas, la acción colectiva de sus sociedades.

La cuestión sobre la gobernabilidad en las democracias, o sobre el riesgo de la ingobernabilidad, no es nueva, aunque en la actualidad ha cobrado mayor importancia teórica-política, aseguró.

Aguilar Villanueva evocó que la cuestión se planteó por primera vez a la mitad de los años 70 del siglo pasado, específicamente en 1975, con la publicación del libro “The Crisis of Democracy”, cuyo objeto de análisis fue la democracia de los estados sociales, y estos han sido la creación política trascendente del Siglo XX.

“Este libro fue la primera señal de alerta intelectual y política ante los problemas y conflictos que comenzaron a sacudir a los estados democráticos sociales, y a debilitar la dirección de sus gobiernos cuya limitación financiera, administrativa y política, les impedían la respuesta ante el crecimiento de las demandas de los ciudadanos por mayores niveles de bienestar y seguridad social, que manifestaban su decepción con movilizaciones más aguerridas y críticas más generalizadas”.

Lo que debe resaltarse conceptualmente del libro es que el planteamiento en la cuestión de la ingobernabilidad en las democracias no se ubicó en el Estado, tampoco en las instituciones políticas de los estados, sino  en el Gobierno, en el proceso de gobernar.

La cuestión de la ingobernabilidad no se ubicó tampoco en la legitimidad del Gobierno, en la legalidad del cargo y de la actuación del gobernante democrático, sino en la efectividad del proceso de gobernar o de la gobernancia democrática.

“La efectividad de las políticas públicas, servicios e instrumentos directivos de los gobiernos mostraban ser limitados o insuficientes para conducir a la sociedad hacia situaciones universales y equitativas de bienestar y seguridad, y a partir de entonces, el Gobierno está en el centro de la discusión”.

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