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Hool, con rezago y bajo presupuesto

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HOOL, Champotón.— Ubicada junta a una aguada y la parroquia en que anualmente se celebra a la imagen de la Virgen de la Candelaria, la Junta Municipal tiene bajo presupuesto, apenas 171 mil pesos, de los cuales entre 90 y 100 mil son para pagar el consumo mensual de energía eléctrica y la nómina de los trabajadores.

La presidenta de la Junta, Nadia Ortega Pérez, explicó que hay mejoras en la red de suministro del agua potable, alumbrado público y plaza principal, “esta última gracias al apoyo del Gobierno del Estado, no obstante, la realidad es que el tema de las calles sigue siendo la principal demanda y queja de los pobladores”.

La arteria Francisco I. Madero permanece desde hace mucho en el olvido, plagada de baches, al igual que la 19 de Noviembre, 20 de Noviembre y Artículo 139.

Rodeado por sabanas y humedales, este es el lugar que cobra vida cada año durante la fiesta patronal en honor a la Virgen de la Candelaria. Ayer en el día recibió a miles de visitantes, quienes visitaron la iglesia para escuchar misa, y por la noche hubo procesión.

Después del 9 de febrero —cuando se realiza la procesión por la aguada y la imagen es colocada de nuevo en su altar—, vuelve a su monotonía, rezago, poco bullicio y abandono.

Hool es asiento de gente trabajadora, un pueblo donde todos se conocen, un pequeño rincón del mapa campechano donde en pleno Siglo XXI la telefonía celular, Internet y medios adecuados de transporte siguen siendo añeja demanda sin atender, por lo cual el progreso y desarrollo es una utopía.

Perteneciente al municipio de Champotón, es la más pequeña de cuatro juntas municipales —Sihochac, Seybaplaya y Felipe Carrillo Puerto—, tanto en territorio como en población, con apenas mil 200  habitantes, incluso Santo Domingo Kesté, comunidad perteneciente a su jurisdicción, tiene más residentes.

Los pobladores viven del campo, de la agricultura, particularmente del cultivo de caña y la apicultura. Hay quienes tienen tienditas y otros pequeños negocios. “La vida aquí es muy tranquila”, coinciden Lorenzo Cahuich y Pedro Salazar.

También existen hooleños profesionistas, pues hay doctores, maestros, ingenieros, arquitectos, licenciados, pero para que puedan ejercer su profesión tienen que salir del pueblo. No tienen otra opción.

Por ese motivo y otros factores, esta comunidad no crece en población. Aunque hay de todo para vivir, lo cierto es que no hay progreso ni desarrollo, las calles son las mismas, algunas pavimentadas y la mayor parte rotas. En estos días, Hool está de fiesta, en unos más volverán el olvido y el abandono.

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