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Reduce coronavirus la vitalidad citadina

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La ciudad perdió su vitalidad acostumbrada en el inicio de un fin de semana, por lo semivacío de sus calles y avenidas, la reducción del movimiento vehicular, la escasa presencia de compradores en los centros comerciales y la poca asistencia a playas, restaurantes y bares, la mayoría de los cuales cerró y abrirán hasta nuevo aviso. Bajaron también los incidentes delictivos y los accidentes de tránsito.

Los campechanos en su mayoría permanecieron en sus casas en atención a las recomendaciones de las autoridades de salud, por el peligro del contagio que representa el coronavirus, pese a que en la entidad sólo se tiene bajo vigilancia epidemiológica a tres sospechosos de haber contraído la enfermedad, y el semáforo nacional nos coloca en bandera blanca.

En la Plaza Galerías, ubicada sobre la avenida Costera del Golfo, con excepción de los cierres de los cines y de un par de comercios de ropa infantil, prácticamente todos los locales abrieron y operaron en sus horarios de costumbre, con el total de su personal. Pero la afluencia de compradores fue escasísima. Podían contarse con los dedos. Esa misma circunstancia se observó en otros centros comerciales y supermercados.

En los diversos accesos a la plaza no existen filtros sanitarios. Ni siquiera se aplica el gel antibacterial, a pesar de albergar a amplia gama de negocios y ser la más grande y concurrida de la ciudad capital, por lo que los pocos que acudieron tomaron sus  previsiones, como portar en algunos casos cubrebocas y cargar con desinfectantes para reducir los posibles riesgos de contagio.

La plaza de la avenida Adolfo Ruiz Cortines tampoco cerró, aunque prácticamente estuvo vacía. Más de lo que cotidianamente se puede ver. En esta infraestructura abrieron los pocos comercios que aún quedan. El guardia de la entrada principal aplicaba gel antibacterial.

Situación similar registro la plaza comercial de la avenida Agustín Melgar, en la cual abrieron tanto los comercios como el minisúper y el área de alimentos, áreas que registraron un mínimo de afluencia durante todo este día. En el mercado Pedro Sáinz de Baranda y los mercados periféricos fue notoria la baja en las ventas, de acuerdo con las versiones de los locatarios.

Los más afectados por las recomendaciones del sector salud son los propietarios de restaurantes, bares y cantinas, de donde prácticamente la gente huyó. El sector hotelero también resiente la escasez de visitantes a la ciudad. El nivel de ocupación se ubica en niveles no vistos desde hace algunos años, y el temor es que durante el periodo vacacional la baja sea aún peor, por las cancelaciones que han llegado.

La vigilancia de las corporaciones policiacas estuvo dentro de los márgenes de la normalidad. No se reportaron incidentes que ameritaran su intervención, y se puede afirmar que todo el día, la tarde y ya entrada la noche, no eran reportadas irregularidades.

Cerrados los cines

El llamado al aislamiento social sugerido por las secretarías de salud federal y estatal llevó al cierre de la principal cadena de cines, para desilusión de las familias campechanas que tenían ahí el centro de reunión de los fines de semana.

La tarde del viernes, el cierre sorprendió a algunos usuarios y curiosos, a los que les respondieron a la interrogante del por qué, de que sólo es medida sanitaria, y que permanecería hasta que se considere superada la crisis que vive el país por la posible presencia del coronavirus.

Las cortinas metálicas de las salas permanecen con candados, y el personal sanitizando el área. El gerente no ha sido  localizado para que explique la decisión tomada por la empresa y el tiempo que durará la medida.

Poca presencia de los bañistas

Desde las playas de Lerma hasta Payucán, que cada fin de semana son ocupadas por cientos de visitantes de la ciudad o del interior del Estado, fue escasa la presencia de bañistas, que pese a las altas temperaturas optaron por permanecer en sus casas, ante la emergencia epidemiológica producida por el coronavirus.

Las zonas de playa que regularmente son ocupadas los fines de semana permanecieron casi vacías, como la ubicada enfrente a la Termoeléctrica y las aledañas al balneario Playa Bonita. No se notó en la bahía la alegría propia de los días calurosos, aunque sí la evidencia de inconscientes que dejaron su basura de su última visita.

En la calle principal de Lerma apenas y se registró movimiento comercial. Apenas una persona vendió pollos asados, con poca respuesta, mientras los expendios de cerveza y restaurantes estuvieron desiertos.

Mar Azul, San Lorenzo y Club Náutico abrieron, con poca asistencia. En la zona de Xpicob y el Sombrerón dos automóviles estacionados cambiaron el panorama natural y en algunos momentos rompieron el silencio. Algunos aprovecharon para hacer trabajos de mantenimiento a sus casas de la playa, sin que se les notara.

En Payucán, cuando la tarde apenas aparecía, sólo una pareja de personas de la tercera edad que llegaron en su camioneta. Tomaban micheladas, y los reporteros les comentaron que hacía mucho tiempo que no veían una situación parecida. Ni con la influenza AH1N1 quedaron tan vacías las playas, señaló don Carlos, que es maestro jubilado. Ambos son oriundos de Seybaplaya.

En el litoral de Lerma a Payucán no se notó la presencia de elementos de los cuerpos policiacos, como ocurre en otros puertos y balnearios del país, en donde la policía invita a la población a dejar las playas o no ingresar. Ni policías, ni elementos del Ejército Mexicano o de la Guardia Nacional.

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