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Ignora la ONU-Hábitat documentos históricos

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Familias del Camino Real —entre la Estación Antigua, La Ermita y Santa Lucía— demostraron con documentos históricos que tienen títulos de propiedad de sus predios desde 1893, que no son invasores, e incluso cedieron parte de sus terrenos en tiempos del presidente Lázaro Cárdenas del Río para que pasara el tendido de las vías del ferrocarril, y acusaron a representantes de la ONU-Hábitat de ignorarlos y acosarlos para que accedan a venderlos para que avance el Tren Maya.

Aglutinados en el colectivo “Tres Barrios”, que definieron como “ciudadano, apartidista, y de carácter civil, y que los une la defensa de sus inmuebles y la búsqueda del diálogo, información transparente y alternativas del proyecto”, recurrieron a la Unidad de Procedimientos de Denuncias del Consejo de Derechos Humanos, en la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos para presentar sus argumentos ante la falta de respuestas concretas de la ONU-Hábitat y el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur).

La consulta ciudadana donde supuestamente obtuvo amplio respaldo al Tren Maya, tuvo numerosas deficiencias, acusaron. Por ejemplo, no hubo información veraz y oportuna sobre la estructura completa del proyecto. Sólo hablaron de beneficios y bondades, nunca de posibles daños a sus inmuebles. Tampoco hubo libre elección, pues no se garantizó la secrecía del voto, y los funcionarios intimidaron al recabar datos y credenciales de elector de quienes votaron en contra.

“La consulta se realizó después de una serie de estudios previos avalados por el Gobierno del Estado de Campeche, lo que sugiere que los trabajos comenzaron desde el año 2018, pocos meses después de la elección que ganó Andrés Manuel López Obrador. Esto es prueba de engaños y contradicciones de funcionarios federales”,  señalan en su escrito a la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Ante esa instancia, enfatizan, “como ciudadanos mexicanos y vecinos de los barrios tradicionales de La Ermita, Santa Lucía, Camino Real y Estación Antigua, pensamos que tenemos derecho a un trato justo dentro de este proyecto federal, cuestión que se nos ha negado ante falta de información y incertidumbre. No tenemos idea de lo que pueda ocurrir en un futuro con el paso del “Tren Maya”. No hay seguridad en la tenencia de nuestros patrimonios”.

“NO SOMOS INVASORES”

Uno de los principales argumentos para obligarlos a  aceptar la reubicación o vender sus propiedades, es que están sobre áreas de propiedad federal y son invasores, porque “construyeron sobre el derecho de vía”.

Guadalupe Candelaria Gutiérrez Cáceres, una de las representantes de “Tres Barrios”, sostiene que “las familias están asentadas desde finales del siglo XIX, de acuerdo con la evidencia histórica hallada en el Registro Público de la Propiedad y el Comercio del Estado de Campeche.

La familia Cáceres, por ejemplo, está en el Camino Real desde 1893, y la Ganzo, desde 1898. Particularmente, los Cáceres hemos vivido por cinco generaciones en Santa Lucía en paz, armonía y trabajo.

La familia Caamal, de La Ermita, tiene un documento de 1940, en que el presidente Lázaro Cárdenas y su administración le agradece haber donado al Estado mexicano una parte de su terreno para construir la vía férrea. Eso prueba la antigüedad de las familias que vivían y viven en el actual tramo ferroviario, y donaron a la nación parte de sus terrenos para concretar el proyecto del ferrocarril. “Se confirma que no somos invasores, y que nuestros abuelos donaron parte de sus predios para respaldar al proyecto”, enfatizó.

ZONA DE RIESGO

La propuesta vecinal de reubicar las vías fuera de la mancha urbana, además de que no dañaría sus patrimonios, se sostiene, apuntan, porque el terreno que pasa por la ciudad capital es de origen kárstico, calizas, o lo que comúnmente conocemos como sascab. Es poroso y de poca consistencia, por lo que se forman oquedades, cuevas, socavones y en última instancia cenotes, que son depósitos de agua subterránea.

Entre los años 1966 y 1967 se construyó el drenaje en el “derecho de vía”, y al excavar, vecinos y trabajadores se asombraron al descubrir socavones en el tendido férreo. Sólo los apuntalaron y volvieron a cubrir, y dieron por terminada la obra. Testimonios orales aseguran que hay muchas cuevas en La Ermita. En el Camino Real son frecuentes los deslaves en época de lluvias, por lo inestable del suelo por donde pasa el ferrocarril, lo que podría causar accidentes, sobre todo si se considera la velocidad con que se proyecta que circule.

Estudios indican que en la parte del Estadio Nelson Barrera Romellón, el manto freático está a dos metros de profundidad, por lo que son terrenos muy inseguros, y la zona es de manglares.

Por ello, señalaron que  la propuesta es que el tendido férreo pase por la periferia de la ciudad, y ya hay estudios de prefactibilidad del Gobierno del Estado de Campeche al respecto, lo que ayudaría a evitar problemas posteriores.

Durante un siglo hemos convivido con el paso del tren, pero creemos que  un proyecto de tal envergadura —el Tren Maya—, cuya temporalidad podría abarcar un periodo muy largo, causaría un grave deterioro a la mancha urbana. Provocaría embotellamientos en horas pico, crisis en los servicios a la población, como ambulancias, bomberos o seguridad pública, y accidentes ferroviarios.

Hay acoso telefónico y físico

Vecinos del área en que se encuentran las vías del ferrocarril en la ciudad capital, denunciaron que han sido víctimas de acoso telefónico por supuestos representantes de la organización ONU-Hábitat, para presionarlos a que acepten vender sus predios o reubicarse a otras zonas, previo cobro de indemnizaciones. Les asusta, denunciaron, porque no han proporcionado ni sus teléfonos celulares ni domiciliarios, por lo que consideran que están violando su derecho a la privacidad.

Uno de los ejemplos es Luis Fernando Sandoval Escamilla. Lo contactó Rubén Araujo, supuesto trabajador de ONU-Hábitat, a quien le preguntó cómo había obtenido sus datos, sin obtener respuesta.

María Guillermina Montejo Arceo denunció que unas personas de Fonatur, se presentaron en algunas viviendas del Camino Real para intimidar a los vecinos para que acepten reubicarse o vender.

A Mely Pacheco le llamaron a su celular por ONU-Hábitat para que aceptara vender, y le hicieron “preguntas sospechosas”, sobre dónde se reunían los líderes que se oponen al Tren Maya, quién los asesora y quiénes los encabezan.

También han lanzado volantes y panfletos a las casas de los vecinos para proponerles sitios de reubicación, reiterar la exigencia de que vendan sus predios y pedirles que respalden el proyecto del presidente López Obrador.

“Por eso es que hay desconfianza hacia ONU-Hábitat, desconocemos cómo consiguieron nuestros números telefónicos y por qué su insistencia en que aceptemos vender cuando se supone que iban a apoyarnos a tomar la mejor decisión. Por eso creemos que ese organismo ha causado más controversia, y que el papel que ha desempeñado no es el que nos prometieron”, afirmaron.

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