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Más ambulantes por Covid y desempleo

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Puestos de verduras y frutas de temporada, vendedores de cazón, pescado y camarón, comerciantes de cubrebocas, gel antibacterial y productos para sanitizar, carritos para la venta de productos chatarra y hasta puestos ambulantes con todo tipo de ropa, muebles y artículos para el hogar, se han multiplicado por toda la ciudad como recurso de cientos de campechanos para obtener algún ingreso por el desempleo que ha dejado la pandemia del Covid-19.

Y mientras que el presidente de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios Turísticos de Campeche (Canaco-Servitur), Jean Ives Du Bar del Río y la lideresa de la Federación Estatal del Pequeño Comercio, María Candelaria González Cajún, exigen al Ayuntamiento de Campeche que intervenga para por lo menos regularlos y controlar su crecimiento desordenado, y a las autoridades sanitarias piden supervisarlos para que no se conviertan en factores de expansión del virus del SARS-Cov-2, en el municipio no se informa oficialmente qué tan grave es el problemas y que estrategia tienen para resolverla.

La calle 53, que esta administración municipal ha querido convertir en zona peatonal los fines de semana, es uno de los puntos donde el ambulantaje crece de manera desordenada, al grado que los vendedores se lían a golpes para ganarse el mejor espacio, sin importarles que su ubicación afecte a los comercios establecidos y se conviertan en competencia desleal, ante la complacencia de los inspectores municipales, que sólo les cobran el “derecho de piso”, sin proporcionarles comprobante fiscal.

Du Bar del Río estimó que hasta en 50 por ciento se ha incrementado la presencia de vendedores ambulantes en calles y avenidas de la ciudad, además de casas-habitación que son habilitadas para la comercialización de postres, comida y otros artículos, en detrimento del comercio organizado que paga impuestos.

María Candelaria González Cajún, presidenta de la Federación Estatal del Pequeño Comercio en Campeche, sostuvo que es una realidad que el ambulantaje se ha incrementado en las calles. En las colonias hay personas que salen a vender verduras, tomate, cebolla, chile, huaya, plátano, y todo lo que se pueda.

Representan una afectación para el comercio formal, pero tenemos que ser empáticos con ellas, porque están buscando la forma de sobrevivir ante la difícil situación económica en que se encuentran.

A partir de la contingencia que provocó desde hace más de tres meses la pandemia del Covid en el mundo, México y Campeche, en calles y avenidas de la ciudad se registra importante incremento en el número de personas que venden topo tipo de productos.

Según cifras del IMSS, en Campeche se han perdido al menos tres mil empleos formales desde el inicio de la pandemia, y aunque por la “nueva normalidad” se reabrieron algunos puestos de trabajo, sobre todo en las industrias de la construcción, la restaurantera y la hotelera, son miles los campechanos que tienen que desempeñarse en la informalidad con tal de obtener una fuente de ingresos para el sostenimiento de sus familias.

“Es salir a vender para comer o morirse de hambre, no por gusto, sino por necesidad. Mi esposo se quedó sin trabajo y yo estoy desempleada de un comercio de la plaza más grande que tenemos en Campeche, y mis hijos tienen que comer”, justificó joven madre de familia, que se identificó como Laura García López. Ahora vende postres y cremas en la avenida Aviación, muy cerca de conocida gasolinería.

Como Laura, hay muchas personas que están replicando salir a las calles y dedicarse al comercio informal. En avenidas como la Héroe de Nacozari muchos venden frutas de temporada, helados y cubrebocas, entre otras cosas. Lo mismo ocurre en la avenida Colosio.

En la avenida Concordia hay pescadores que comercializan especies marinas al mismo precio que en los mercaditos de San Román, del 7 de Agosto o del Pedro Sáinz de Baranda. Nosotros ofrecemos producto fresco, y la ventaja es que en estos espacios no hay aglomeraciones y por tanto hay menos riesgo de contagios de coronavirus”, refirió uno de los vendedores, que se identificó como don Pedro.

Problema imparable y en notable crecimiento

El presidente de la Canaco-Servitur, Jean Du Bar del Río, le puso el cascabel al gato a la crisis del momento, al destacar que “la situación económica es complicada para todos. Los comercios establecidos batallan por mantener los empleos, pero muchos han tenido que dar de baja a la mano de obra, porque es imposible hacerle competencia a los informales, que no pagan las cuotas del IMSS, el Infonavit y todas las prestaciones de ley”.

En reunión con las autoridades estatales de los diversos ramos, entre ellos salud y economía, se les pidió que estén al pendiente de la informalidad. Lo vemos en la zona de hospitales de la ciudad, donde gente vende de todo, incluso trabajan sin cubrebocas, lo que lamentablemente pone en riesgo a la población.

El empresario Manuel Angulo Solís, quien se dedica a la venta de comida a través de cocinas económicas, fue más allá y sostuvo que el ambulantaje también se da por el Internet y las redes sociales. Al menos en la parte que a mí me corresponde, que es la de comida, de manera lamentable vemos un incremento de hasta 50 por ciento en el número de personas dedicadas a comercializar alimentos.

Incluso los que tienen algún tipo de empleo, por ejemplo maestros o  burócratas, se están aprovechando de la situación crítica para ganarse unos pesos de más. Esa es la innegable realidad, apuntó.

Lo cuestionable es que a los comerciantes establecidos, Salud y Copriscam nos exigen mucho. Exámenes a los empleados y todo tipo de medidas de prevención, lo cual significa dinero y adaptarnos, pero hay otras personas a las que se les hace muy fácil vender por Internet, ofrecer el producto desde la casa, cuando no se conocen los procedimientos  de elaboración. Es lo que podemos cuestionar.

A los restaurantes o negocios establecidos les exigen seguir protocolos de sanidad, sanitizar sus instalaciones de manera frecuente, verificar que el personal no esté contagiado, etcétera, lo que no se aplica en los negocios que llevan comida a domicilio, que ofrecen precios incluso un poco más bajos, pero que no pagan impuestos ni invierten en mejorar la situación sanitaria de sus establecimientos.

Ante esta situación, la lideresa de los abarroteros, María Candelaria González Cajún, pidió a las autoridades responsabilidad y respaldar a quienes son contribuyentes. Muchos de los ambulantes se paran enfrente de los negocios establecidos, y de varias maneras se llevan a los clientes. Ellos no impuestos y se están llevando el poco recurso que se está distribuyendo entre los negocios, lamentó.

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