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El Grito no tuvo eco

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Desde el balcón del Palacio de Gobierno profusamente iluminado con los colores patrios, que da a la Plaza de la República fue apenas audible el repicar de las campanas y el grito de “Vivan los héroes que nos dieron patria” que en pequeño comité, a causa de la pandemia, lanzó el gobernador Carlos Miguel Aysa González. De la antes abarrotada explanada que ahora se encontraba desierta, cercada y vigilada por policías, esta vez no hubo respuesta. Ninguno de los vítores obtuvo el eco acostumbrado.

Fue una ceremonia del “Grito de la Independencia” muy diferente. Sin la música de mariachi, sin los sones jaliscienses, sin el jarabe tapatío o el pichito amoroso que bailaban los grupos folclóricos de las instituciones educativas. No hubo mariachis. No hubo bandas militares. No hubo tampoco fuegos pirotécnicos, ni llegaron de las colonias populares y barrios las parejas que bailaban al ritmo de los ya tradicionales “Socios del Ritmo”.

Esta vez fue “el Grito del silencio”. Sólo acompañaron al gobernador Aysa González los titulares de los poderes del Estado. El diputado Ramón Martín Méndez Lanz, del Legislativo, y el magistrado Miguel Ángel Chuc López, del Judicial. Los representantes de la Trigésima Tercera Zona Militar y de la Séptima Zona Naval y algunos secretarios cercanos al mandatario, entre ellos el de Gobierno, Pedro Armentía López y el de Desarrollo Social, Christian Castro Bello, además de la primera dama, Victoria Damas de Aysa. Todos con la prudente sana distancia y los protocolos de seguridad que ordenan las autoridades sanitarias.

La ‘ceremonia’ empezó a las 10 de la noche y 10 minutos después todo había acabado. El saludo oficial a la Bandera Nacional, el protocolo del Grito y la entonación del Himno Nacional, para posteriormente cada quien se retirara como llegó.

En la explanada, el silencio. Gritos ahogados de “Viva México” que la lluvia vespertina  ya había enfriado, y que alejó cualquier posibilidad de que algunos campechanos desoyeran el llamado de las autoridades para ver “el Grito” desde casa.

En el malecón, decenas de personas esperaron inútilmente los fuegos artificiales y tuvieron que conformarse con las luces tricolores de las fuentes monumentales. En algunos restaurantes mejoró la afluencia, pero el otro invitado de lujo, la bebida nacional estuvo ausente por la ley seca. Y así, entre gritos sin grito y brindis sin tequila, otra centenaria tradición cayó aniquilada por el SARS-CoV-2…

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