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Mercadito de San Francisco, olvidado de las autoridades

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Al ajustarse el 65 aniversario de su inauguración, el mercado (mercadito como se le conoce) de San Francisco, vivió el día más triste de su historia, pues nadie, ni siquiera el alcalde de Campeche se acordó de este día, por lo que las actividades de realizaron de manera normal, incluso, con poca asistencia de ciudadanos.

En otros años había Mañanitas, charanga, mariachis, comilona, refrescos, bromas, anécdotas y muchos recuerdos; este martes no hubo nada de eso, solo los locatarios se acordaron pero sin organizar nada especial, fue un día común y corriente.

El único que se acordó y estuvo presente, cuando menos para platicar con los viejos conocidos que son locatarios, aunque de antaño quedan muy pocos pero las nuevas generaciones también lo respetan y reconocen, fue don Manuel Jesús May Blanquet, quien fue ni más ni menos, el primer administrador de este mercado.

Ataviado con camisa de color blanco, pantalón negro y una bolsa verde en la mano, con cubrebocas de color negro y con la mente muy lúcida, accedió a una entrevista en la que hizo un resumen en la historia de este inmueble.

“Un 27 de octubre como de hoy a las 10 de la mañana, se inauguró este mercado por el gobernador Alberto Trueba Urbina, a quien acompañó el presidente municipal, doctor Alberto Ferrer Ferrer, y el encargado de la obra, el ingeniero Eugenio Echeverría Castellot”.

“Ese acontecimiento fue para el barrio de San Francisco una gran alegría, de que tuviéramos un mercado, yo no cumplía ni los 20 años, no pensaba que el ingeniero me haya puesto como encargado del mercado”, afirmó don Manuel, hoy con 86 años de edad.

Indicó que fueron tres los que comenzaron a trabajar en ese mercado, Miguel Encalada, el que cobraba a los locatarios, un señor Sanmiguel, que era el velador, y su servidor, pero no tardaron mucho tiempo y los quitaron y me quedé solo.

“Fui encargado, barrendero, cobratario, sacador de borrachos, con el mismo sueldo, que entonces era de sólo 8.25 pesos diarios; el dinero no me alcanzaba y me veía presionado porque ya me había casado, entonces había que trabajar más para poder subsistir”, narró.

May Blanquet agregó, “entonces hablé con los carniceros y ahí me metí con Rafael Cruz, el Chivo Novelo, Tránsito López, y me puse a cortar los huesos porque en esos tiempos no había las cortadoras o sierras eléctricas; cuando terminaba me daban mis huesitos, mi carnita y yo quedaba feliz, porque ya tenía para la comida del día o para el día siguiente”.

En cuanto a la administración, pues realmente de ningún presidente municipal le podría hablar mal, porque el mérito de nosotros, era que no tratábamos con ellos, sino con los encargados.

“El único presidente que para mí fue buenísimo, fue Ricardo Castillo Oliver, que vivía frente al Teatro Toro, quien a las ocho de la noche de cada semana estaba abriendo la puerta de su casa y nos metíamos los encargados; ahí él solucionaba los problemas que había en los mercados, daba gusto, nos tenía en cuenta, algo que no sucede en la actualidad”, afirmó.

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