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Acabó pandemia el culto a los muertos

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Mientras un dirigente indígena maya y religiosos censuraron la determinación oficial de mantener cerrados los panteones durante las celebraciones de muertos y fieles difuntos, porque con ello se destruye una tradición centenaria, un historiador sostuvo que lo que no se logró por la introducción de costumbres como el Halloween, lo lograrán las medidas sanitarias para evitar más contagios de Covid-19.

El presidente de la Unión de los Pueblos Indígenas Mayas, Marcelino Mis Uc, lamentó que el Día de Muertos pase de ser una gran fiesta en las comunidades mayas, a triste día en el que se recordará a los fieles difuntos sin convivir de cerca con ellos, como acostumbran en todo el Camino Real y Chenes.

“Este año las familias no cuentan con recursos para elaborar los pibipollos, y tampoco habrá acceso a los panteones para comer con las ánimas, ya que la pandemia del Covid-19 rompió con la importante tradición”, lamentó el dirigente.

Para elaborar un pibipollo se necesitan más de 300 pesos, ilustró, y la mayoría de las familias no tienen para poner su altar, porque la crisis económica, aunada al impacto de los fenómenos meteorológicos que acabaron con los cultivos de muchos, ocasionaron que los agricultores mayas no tengan para comprar sus ofrendas.

El profesor investigador de la Universidad Autónoma de Campeche (Uacam), José Encarnación Saravia, expuso que en un intento por convertir en un producto la celebración del Día de Muertos, se destruyó la verdadera tradición al incluir en los altares de la región campechana calaveras y catrinas, que son costumbres del altiplano, e incluso al utilizar el traje típico campechano.

Dentro del Día de Muertos —observó— se han olvidado algunas costumbres como la del Robo de la Ánima Sola, que consistía en colocar un altar que los mayas hacían dentro de sus campos, su milpa o detrás de sus casas, para darle de comer a las almas que no tenían familia y les ofrecían alimentos. Esto ya no se observa en los Chenes ni en Champotón o en la en la comunidad de Aquiles Serdán, Chuiná desde 1994, expuso.

Todas las costumbres en torno a esta fecha tienen su origen desde la época prehispánica. Nuestros ancestros le rendían culto a sus difuntos, como forma de recordar el ciclo de la naturaleza, porque creían que en realidad cuando ofrendaban lo hacían también a los dioses de la agricultura, al del Sol, etcétera.

Esta costumbre tenía como objetivo asegurar la redistribución de la riqueza y asegurar la unidad de la comunidad. En épocas anteriores, en los Chenes y Champotón la gente iba de casa en casa participando en los rezos, y al término la familia que lo organizaba distribuía la ofrenda, recordó.

Él también maestro de Antropología e Historia manifestó que debido al encarecimiento de los productos, en las casas ya no se pone la ofrenda o altar, pues incluso esta costumbre anteriormente abarcaba diferentes etapas y comenzaban en septiembre, pero tras la conquista española se traslada al último día de octubre y los primeros días de noviembre, para coincidirlas con las celebraciones cristianas.

Fue una estrategia para lograr el proceso de culturización, para que llegara un momento en que creyéramos que eran celebraciones propias del cristianismo que nos trajeron, puntualizó.

Hay algo que sí preocupa —alertó— la confusión que tienen nuestros jóvenes con el Hanal Pixan o Día de Muertos con la fiesta de Fieles Difuntos o la de Todos los  Santos, que son propias del cristianismo. Y aún más grave es que vienen a confundirlo con el Halloween, que se debe a que en las escuelas no están cumpliendo con su labor de transmitir a las nuevas generaciones todos los elementos de nuestra cultura para la supervivencia de la sociedad.

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