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Llaman a católicos a no vivir amargados

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Con un llamado a aprender a amar, a enseñar a amar y a no ser amargados, el párroco del santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, Arsenio Carrillo Peña ofició la celebración eucarística con motivo del Día del Seminario.

Durante su homilía dominical expresó que cada historia personal es una historia del amor de Dios; “cuando venimos a este mundo el Señor nos da esa gran prueba: amor. Cada uno de nosotros puede experimentar el amor, el amor a su esposo, a su esposa, a los hijos, y el amor al pertenecer a alguna comunidad”.

Indicó que en el corazón humano se van fraguando muchas cosas, aciertos y desaciertos durante la vida. Sin embargo, dijo que el amor renueva “y hace que demos un sí continuo a la vida”.

Comentó que en Campeche existe un Seminario Diocesano donde se forman los futuros sacerdotes, que llevan la palabra de Dios, que inician desde el Seminario Menor de secundaria, preparatoria, curso introductorio y el Mayor, donde se llevan a cabo los estudios sacerdotales.

“El Seminario Mayor que lo reconocemos como el corazón de la diócesis, y esta historia de amor se ha aprobado a través del tiempo y ha dado fruto”.

Carrillo Peña dijo que marzo es conocido como el Mes del Seminario y el patrono de los seminaristas es San José, al igual que el de la iglesia universal, que se festeja cada 19 de marzo.

 

“El Seminario se ocupa de la ayuda espiritual y de la económica. La espiritual la recibimos a través de la oración por las vocaciones, que en las misas se reza al final, y la económica, un domingo de todo el año, todo lo que se recolecte en el diezmo es para beneficio de nuestra casa de formación”.

Detalló que lo que la Diócesis de Campeche recolectó ayer fue para beneficio del Seminario, que se utiliza para el mantenimiento de la casa de formación, pago de la energía eléctrica, agua, alimentación y compra de libros.

Conminó a la feligresía ir cada día creciendo más en la aventura del amor, aprender y enseñar a amar, a no vivir amargados y con un corazón mal herido, ya que expresó que el único fin es la vida eterna y para alcanzarla es necesario amar al próximo y seguir la palabra de Dios.

“Tenemos nosotros un solo fin, que es la patria eterna, la vida eterna, aspiramos a esa patria celestial, y para que podamos encaminarnos a esa patria celestial, el Señor nos pide algo muy importante en el amor: nuestras obras, las obras de la luz, las obras de los que creen en Cristo”.

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