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Canonización “MALDITA”

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MÉXICO, DF.— El próximo 27 de abril, en magna ceremonia en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, a la cual asistirán los más altos jerarcas católicos del mundo, el Papa Francisco canonizará a Juan Pablo II y dará por hecho que éste ya está “ante la presencia absoluta de Dios por haber llevado una vida de gracia extraordinaria”.

Pero el Comité de los Derechos del Niño de la ONU, acaba de determinar que el pontificado del santo en ciernes propició muchos abusos sexuales contra menores de edad, al encubrir y proteger sistemáticamente a sacerdotes pederastas que delinquieron en la más absoluta impunidad.

Con base en esta resolución de la ONU, varias organizaciones civiles acudirán a los tribunales internacionales para abrir un proceso judicial contra el Vaticano y Juan Pablo II, con el argumento de que cometieron “crímenes de Estado” por solapar institucionalmente la pederastia clerical.

Así Karol Wojtyla quedará como un santo y, paradójicamente, también como un presunto criminal. De ahí que su llegada a los altares ya es vista por muchos como una especie de “canonización maldita”; un hecho totalmente contradictorio y desconcertante.

El ex sacerdote Alberto Athié, quien lleva años denunciando la complicidad de Wojtyla en sonados casos de abuso sexual, exclama enfático: “¡Esa canonización debe detenerse! Antes de llevarse a cabo debe quedar deslindada la responsabilidad de Juan Pablo II en varios casos de pederastia. Y sobre todo ahora que la ONU determinó el encubrimiento institucional por parte de la santa sede y le pide que entregue a la justicia civil a sus pederastas”.

 

¿Este fallo de la ONU los llevará a ustedes acudir a instancias judiciales? —pregunta este semanario.

—¡Por supuesto! De eso se trata. Las víctimas de abuso sexual y varias organizaciones sociales acudiremos a los tribunales internacionales, como el Tribunal de La Haya, para que se le abra un proceso judicial a la santa sede y a quienes resulten responsables. Nosotros, por lo pronto, consideramos que se cometieron crímenes de Estado y que el Papa Juan Pablo II es absolutamente responsable. Obviamente que falta el veredicto de los tribunales.

Athié participó en las deliberaciones del Comité de los Derechos del Niño, realizadas en Ginebra en enero pasado, mediante las cuales se llegó al informe que censura la protección institucional de la santa sede a sus sacerdotes pederastas. Athié revela que ahí se abordó el espinoso tema de la canonización de Juan Pablo II: “Nosotros expusimos en Ginebra, muy explícitamente, la conveniencia de detener el proceso de canonización. Incluso quedó asentado por escrito”.

 

¿Resultará muy riesgoso para el Papa Francisco llevar a Wojtyla a los altares?

—¡Claro! en esa canonización está en juego la infalibilidad del Papa. A ese grado llegan las cosas. El Papa, con su carisma de infalibilidad, debe asegurar que Wojtyla ya se encuentra para siempre ante la presencia absoluta de Dios por haber llevado una vida de gracia extraordinaria.

“Y por esta misma razón la vida de Wojtyla se convierte en un modelo a seguir. Pero no sólo eso, Juan Pablo II además será un intercesor entre Dios y los fieles católicos de todo el mundo, quienes ya podrán pedirle gracias y milagros. Será un santo en toda la extensión de la palabra.

“Imagínese cómo quedará este santo si a futuro, un tribunal internacional llega a determinar que protegió sistemáticamente a peligrosos sacerdotes pederastas, como Marcial Maciel. Pues obviamente que pondrá en entredicho la canonización”.

 

¿Está obligado Jorge Bergoglio a suspender la canonización? ¿Ésta puede interpretarse como un desacato a las recomendaciones de la ONU?

—El Papa Francisco debería sopesar muy bien los antecedentes del futuro santo y no dejarse llevar sólo por quienes impulsan la canonización. Pero finalmente él tomará la decisión que le plazca. Será responsabilidad suya. Nosotros desde hace tiempo intentamos impedir incluso la beatificación, paso previo para ser canonizado. Pero la Congregación para la Causa de los Santos y la Congregación de la Doctrina de la Fe, determinaron que no había impedimentos para hacerlo beato… y lo beatificaron.

“En ese tiempo había el clamor de muchas víctimas, organizaciones civiles y abogados de todo el mundo pidiendo que no se le beatificara. La santa sede no nos tomó en cuenta. Ahora le será más difícil hacer oídos sordos, pues un comité internacional, integrado por expertos de diferentes países, acaba de determinar que durante el pontificado de Wojtyla se cometieron muchos abusos”.

 

“CÓDIGO DE SILENCIO”

Los 18 expertos del Comité de los Derechos del Niño —cuya presidenta es la jurista noruega KirstenSandberg—, deliberaron el caso del Vaticano y el miércoles 5 febrero emitieron su histórico y explosivo informe, en el cual dicen estar “sumamente preocupados de que la santa sede no haya reconocido las dimensiones de los crímenes cometidos y no ha tomado las medidas necesarias, ni para tratar el tema del abuso sexual de menores ni para proteger a los niños de tales abusos; más bien ha adoptado políticas y prácticas que conllevan a la continuación del abuso y la impunidad de los malos sacerdotes”.

La ONU acusó al Vaticano de imponer durante décadas un “código de silencio” con el fin de mantener encubiertos los abusos sexuales de sus sacerdotes. Y agregó categórica: “El Vaticano ha situado la conservación de la reputación de la Iglesia y del supuesto delincuente por encima de la protección de las víctimas infantiles”.

Hizo lo mismo, señala, al trasladar a los abusadores de una a otra parroquia en “un intento por ocultar ese tipo de delitos”. Pero esta medida, dice el informe, lo único que propicia son mayores abusos sexuales.

Ante esta situación, le pide a la santa sede “retirar de inmediato a todos los agresores conocidos y sospechosos y llevar la cuestión a las autoridades que aplican la ley para que los investiguen”.

También le exige al Vaticano la entrega de los archivos donde tiene documentados decenas de miles de abusos contra menores de edad, para que así respondan ante la justicia los criminales y “aquellos que encubrieron sus crímenes”, entre estos últimos —según las denuncias—, papas, cardenales, obispos y arzobispos.

Y respecto a la comisión creada en diciembre por el Papa Francisco para afrontar el problema de los curas pedófilos —prosigue el reporte—, ésta debe también investigar la “conducta de la jerarquía católica” que propicia estos delitos.

Los expertos de la ONU aludieron a la “jerarquía”, porque saben muy bien que Juan Pablo II y Benedicto XVI también han sido acusados de encubrir desde la más alta cúpula eclesiástica a sacerdotes pederastas de todo el mundo. El encubrimiento se dio principalmente durante los 28 años —de 1978 a 2005—, del pontificado de Wojtyla.

Adelanta Athié: “Ante los tribunales internacionales vamos a presentar la documentación que demuestra la protección de Juan Pablo II al pederasta Marcial Maciel. No sólo lo protegió, sino que incluso lo promovió: en 1994, lo reconoció como líder mundial de la juventud y en 2004 como un misionero ejemplar con mucha fecundidad espiritual.

“También protegió al cardenal de Boston, Bernard Law. Cuando un juez estaba a punto de juzgarlo por ser un encubridor sistemático de sacerdotes pederastas, Juan Pablo II lo sustrajo de la justicia estadunidense y se lo llevó al Vaticano. Ahí le dio un importante cargo; lo hizo rector de la Basílica de Santa María la Mayor. Esto es gravísimo”.

Y señala que Benedicto XVI siguió la misma línea. Menciona, por ejemplo, la protección que le brindó a Maciel: “Ratzinger se negó a juzgar formalmente a Maciel, dizque por motivos de edad y salud. Solamente lo invitó a irse a su casa para llevar ahí una vida de oración y de retiro. Eso fue todo. En el fondo lo protegió. Pactó con un criminal”.

Y sobre el actual Papa, indica que aún está por verse si Bergoglio realmente combatirá la pederastia sacerdotal como lo ha prometido. Por lo pronto, los Legionarios de Cristo —que ahora dependen directamente del Papa y ya tienen nuevo dirigente, Eduardo Robles Gil—, acaban de disculparse públicamente por los abusos sexuales cometidos por su fundador, Marcial Maciel, en un documento dado a conocer el jueves 6 de febrero.

Rodrigo Vera

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