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La ruta de la confrontación

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BOGOTÁ, Col.— Los estudiantes y la oposición de Venezuela permanecen en las calles bajo el asedio de civiles encapuchados. El desabasto de productos básicos y la escasez de dólares para pagar las importaciones de un país que sólo produce petróleo, no ceden, y el Presidente Nicolás Maduro ya aseguró que frente a cualquier intento por derrocarlo, llevaría la revolución bolivariana “hasta más allá de los límites, porque estamos decididos a todo”.

El mandatario y sucesor de Hugo Chávez también ha señalado que no aceptará chavistas violentos en sus filas, pero no todos acatan sus órdenes. El martes 18 fue removido por “desobediencia” el director del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), general Manuel Gregorio Bernal, y las movilizaciones estudiantiles aún son atacadas a tiros por grupos armados que los universitarios identifican como los “colectivos”.

Estos “colectivos”, que Maduro pidió no satanizar, son organizaciones que se reivindican como “revolucionarias”, pero que más bien actúan como grupos de choque. Sus integrantes se movilizan en cuadrillas de motocicletas por las principales ciudades. Portan pistolas o revólveres y algunos disponen de fusiles. Echan tiros al aire, amedrentan, y en determinadas situaciones disparan a matar contra los manifestantes.

En las marchas del martes 18, ocho estudiantes resultaron heridos de bala —dos de ellos de gravedad— en la suroccidental Valencia, capital del estado Carabobo. Génesis Carmona —Miss Turismo de la entidad y estudiante de ciencias sociales en la Universidad Tecnológica de esa ciudad—, recibió un disparo en la cabeza.

Un día después murió y su deceso incrementó la tensión nacional. Fue la cuarta víctima fatal de la ola de protestas que estremece a Venezuela desde principios de este mes. Ese mismo día se produjo la muerte de otro manifestante en el suroriental Estado de Bolívar.

“Estamos en presencia de una ruta de violencia estructural que va a avanzar durante los próximos meses. Hay un clima de polarización extrema y existe mucha preocupación, especialmente por estos grupos paramilitares y parapoliciales que actúan al margen de la ley, sin la contención de los organismos del Estado”, dice a Proceso Rocío San Miguel, abogada y maestra en seguridad y defensa.

De acuerdo con la presidenta de la ONG Control Ciudadano, una guerra civil en Venezuela es inviable en estos momentos “porque no hay dos bandos con capacidad de fuego. El monopolio de las armas lo tiene el Estado. Pero sin duda transitamos a una espiral de violencia anárquica en donde puede haber una represión abierta del oficialismo a sectores vistos como opositores y críticos”.

Jesús Peña Cedillo, doctor en ciencias políticas de la Universidad Simón Bolívar (USB), considera en cambio que la prensa internacional ha magnificado lo que ocurre en Venezuela: “No hay una situación de crisis explosiva. Las protestas están muy focalizadas y no estamos ante un escenario que remotamente se parezca a lo que hemos vivido en el pasado (como en 2002, cuando se produjo un golpe de Estado que depuso a Chávez por 48 horas y un paro petrolero que hizo caer la economía 8.9%), aunque, por supuesto, puede aumentar esta confrontación. Es el escenario que intenta construir la oposición”.

Peña Cedillo, partidario crítico del chavismo, sostiene que dentro del ese amplio movimiento político-militar que gobierna Venezuela desde 1999 coexisten sectores moderados, “con otros más radicalizados” que suelen jugar un papel más protagónico en coyunturas como la actual.

Francisco Ameliach es chavista, mayor del Ejército y gobernador de Carabobo. El lunes pasado, mediante su cuenta de Twitter llamó a los integrantes de las Unidades de Batalla Bolívar-Chávez (UBB-CH) “a prepararse para el contraataque fulminante”. Un día después se produjo el ataque armado de los “colectivos” contra la marcha estudiantil en Valencia, que dejó siete heridos y provocó la muerte de Génesis Carmona.

Ameliach, quien pertenece al grupo político del presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello —un militar retirado considerado el número dos del régimen, después de Maduro—, atribuyó los hechos a un plan de la oposición para “inyectar odio y crear violencia”.

 

PODER VERDE OLIVO

El Presidente Maduro sorprendió al país el martes 18 al decretar, a través de un aviso en la Gaceta Oficial, el cese del general Bernal como director del Sebin. Dos días antes el mandatario había dicho durante un mensaje a la nación que ese servicio de inteligencia había desobedecido sus órdenes durante los hechos violentos que se produjeron el miércoles 12 en Caracas, cuando tres manifestantes perdieron la vida por impactos de bala.

Maduro señaló que funcionarios de dicha dependencia “incumplieron directamente las órdenes del director del Sebin de ese día (el miércoles 12): acuartelarse y no salir a la calle. Yo mandé acuartelar al Sebin en la madrugada”.

En reemplazo de Bernal —a quien el Presidente había designado jefe del organismo de inteligencia el mes pasado, en una ceremonia en que lo calificó de “hijo de nuestro comandante Chávez y un hombre leal”—, nombró al general Gustavo González López, otro alto oficial cercano a Diosdado Cabello.

Dentro de las mismas filas del chavismo se habla de la existencia de una pugna de poder entre Cabello y el Presidente Maduro. El diputado opositor Ismael García dice que los dos principales herederos políticos de Chávez protagonizan “una pelea a cuchillo”.

Cabello es el militar con mayor poder político en Venezuela y el líder de la generación 1987 de la Academia Militar de Venezuela, conocida como “los montilleros”, porque fue bautizada con el nombre del general Tomás Montilla. Se trata de 216 suboficiales y oficiales del ejército que conformaron el núcleo duro de la intentona golpista que encabezó Chávez el 4 de febrero de 1992 contra el entonces Presidente Carlos Andrés Pérez. Ellos han copado posiciones clave de poder en el país, desde ministerios, gubernaturas, alcaldías, instituciones estatales, empresas y bancos públicos, hasta guarniciones y comandancias militares en todo el territorio.

Además de presidente de la Asamblea Nacional, Cabello es el vicepresidente del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Su hermano menor, José David, es director del Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria (Seniat). El teniente Jesse Chacón, compañero de armas, es ministro de Energía Eléctrica.

En 2012 más de 80% de los coroneles ascendidos por Chávez a generales fueron “montilleros”. El comandante murió en marzo de 2013. Tres meses antes había designado a Maduro como su sucesor. Cabello, que tiene grado de capitán, quedó como el número dos. Es poderoso y protagónico. El pasado 31 de enero anunció la remoción de 43 altos oficiales de la Fuerza Armada Nacional (FAN) destacados en la frontera con Colombia, como parte de una estrategia para combatir el contrabando de alimentos, mercancías y combustible hacia el vecino país.

El diputado opositor Andrés Velázquez afirma: “Está claro que este Gobierno tiene dos o más cabezas, con Maduro por un lado y Diosdado por otro, y dentro de las mismas FAN hay puntos de vista encontrados entre los militares enchufados en el Gobierno, que son un grupo muy corrupto que ha hecho mucho dinero, y otro sector de la oficialidad que no está metido en esos negocios”.

 

FISURAS DE LA OPOSICIÓN

Mientras el movimiento estudiantil asume la vanguardia de las movilizaciones y la protesta social, la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), acusa fisuras internas que han minado el liderazgo de Henrique Capriles, quien fue el candidato presidencial de esa coalición política en los comicios de abril del año pasado, en los cuales enfrentó a Maduro.

Los resultados oficiales le dieron un apretado triunfo a Maduro, con apenas 1.49 puntos de diferencia sobre Capriles, quien objetó la elección y se consolidó como la principal figura opositora.

En la actual coyuntura, sin embargo, sectores de la MUD —encabezados por Leopoldo López y María Corina Machado—, acusaron a Capriles de excesiva cautela frente a la grave crisis económica que padecen los venezolanos y decidieron, por su cuenta, convocar a los ciudadanos a volcarse a las calles para propiciar “la salida” del chavismo del poder.

Henrique Capriles expresó su desacuerdo y dijo que la protesta social “debe tener objetivos porque el ‘vete ya’ no sirve por sí solo”. Señaló que con López y Machado, a quien los analistas ubican en el ala derechista de la MUD, “no hay ruptura sino visiones distintas”.

López fue detenido por la Guardia Nacional el martes 18 acusado de incendio, daños, instigación a delinquir y asociación para delinquir, entre otros delitos que, según el Presidente Maduro, ocurrieron al término de la multitudinaria marcha estudiantil del miércoles 12, frente a la sede de la Fiscalía, donde murieron dos manifestantes por impactos de bala.

“Con esta detención, Maduro convirtió en héroe al líder más radical de la oposición”, comentó la politóloga e internacionalista colombiana Sandra Borda.

Llamó la atención que Diosdado Cabello se encargara, en persona y conduciendo su propio vehículo, de trasladar a López a comparecer ante el juez y a una prisión militar en la que permanece recluido. Maduro dijo que de esa manera se trató de proteger la vida del detenido, ya que “un alto dirigente de la oposición” tenía planes de asesinarlo.

El diputado Velázquez, líder de la izquierdista Causa R, afirma que Venezuela vive una crisis inédita que plantea un enorme desafío al régimen, ya que, “para empezar, no está Chávez, quien tenía un liderazgo para manejar las situaciones adversas que le tocó vivir e inspiraba confianza a su propia gente, lo que no ocurre con Maduro, que es un recién llegado y su talante no es el de Chávez, de reciedumbre, de autoridad”.

Otro factor adicional, apunta el legislador, es que el país vive una severa crisis económica. La inflación alcanzó el mes pasado un índice anualizado de 56.3%, nivel nunca visto en los 15 años de chavismo, al tiempo que la escasez de productos básicos en este país (que tiene las mayores reservas de petróleo en el mundo, con 296 mil 500 millones de barriles) es crónica.

Rafael Croda

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