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Promocionando los logros del sexenio

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MÉXICO, DF.— A mayor número de spots, de infomerciales disfrazados de entrevistas en programas de espectáculos o de talk shows colectivos, como el programa Conversaciones a Fondo, conducido por el director del Fondo de Cultura Económica, menor es el nivel de aceptación de los mexicanos encuestados sobre el “ciclo reformador” de Peña Nieto en sus dos años de gobierno.

El dispendio publicitario en los distintos medios está a la vista de todos. Este año, el Gobierno Federal pretende gastar cuatro mil 964.8 millones de pesos en promoción.

El 44% de esos recursos se irán al duopolio televisivo, 24% a decenas de medios impresos, 17% a radiodifusoras y sólo 3% a Internet, de acuerdo a los cálculos e información del Centro de Análisis e Investigación Fundar. Esta suma es superior a la que la administración federal centralizada y paraestatal ejerció durante 2013 —cuatro mil 195 millones de pesos—.

En otras palabras, en sus dos primeros años, Peña Nieto ejercerá más de nueve mil millones de pesos en promocionarse, monto superior al presupuesto anual de la UNAM, con una clara tendencia a concentrar este gasto en Televisa y TV Azteca.

Este gasto publicitario “no es un ejercicio de rendición de cuentas, sino de autopromoción”, sostiene Justine Dupuy, directora de Fundar; también, dice, es una presunta violación a la prohibición expresa en la legislación electoral y en la nueva Ley de Telecomunicaciones y Radiodifusión, que prohíbe la transmisión de propaganda disfrazada de información.

Por esta misma razón, Fundar y otras agrupaciones y 11 ciudadanos, impulsan un amparo contra la promoción personalizada de Peña Nieto en el marco de su Segundo Informe de Gobierno. Argumentan que esto es violatorio del artículo 134 de la Constitución, atenta contra el derecho a la información y, además, es “una práctica que vulnera la calidad del debate democrático”, según el documento preparado por los promotores de este recurso legal.

El problema es aún más delicado: esos nueve mil millones de pesos —provenientes de las partidas 36101, 36201 y 33605 del presupuesto federal—, no han mejorado la percepción negativa de la población hacia los resultados del Gobierno y las reformas aprobadas.

De acuerdo con el sondeo más reciente, publicado el martes 26 por el Pew Research Center, opiniones favorables a la administración de Peña Nieto fueron de 51%, contra 48% desfavorable. El índice de aceptación es seis puntos más bajo que en 2013 y la opinión negativa creció nueve puntos en un año, según el mismo centro.

El nivel de desaprobación es mayor en el terreno económico. El 60% desaprueba el manejo de la economía (14% más que en 2013) y sólo 37% la aprueba (nueve puntos menos que el año pasado). Los indecisos disminuyeron de 8% a 3%.

Entre los cinco problemas más mencionados en ese sondeo, realizado en abril, ninguno de ellos se refiere a los temas de las 11 reformas estructurales promovidas por Peña Nieto: 79% considera el crimen el más importante, 72% la corrupción política, 72% la violencia de los cárteles, 70% la contaminación del agua y 69% la contaminación del aire.

La encuesta del Pew Research Center se difundió justo el día que Peña Nieto realizó su primera visita oficial a California. El 69% de los encuestados se manifestó descontento con las condiciones del país y sólo 30% dijo estar satisfecho. Incluso, casi una tercera parte, 27%, consideró “muy mala” la situación del país. El 51% de los jóvenes de entre 18-29 años consideraban como una oportunidad migrar a Estados Unidos.

 

EL DESENCANTO

La desilusión frente a los resultados de estos dos primeros años se confirma en otras encuestas publicadas entre mayo y agosto de 2014, entre ellas las de Mitofsky, GEA-ISA, Parametría, el Grupo Reforma o Buendía-El Universal. No es la reforma energética ni la de telecomunicaciones las que más mencionan los mexicanos. Es el desempleo, la corrupción y la inseguridad lo que más demandan resolver los encuestados. El desempeño de Peña Nieto es menor a 50% de aprobación en la mayoría de los casos.

Consulta Mitofsky, en su sexta encuesta trimestral —31 de mayo de 2014— reveló que 50% aprueba al actual Gobierno, contra 49% que lo desaprueba. Es el índice más bajo en comparación con el mismo periodo de Carlos Salinas (75% de aprobación), Vicente Fox (63%) y Felipe Calderón (61%). Sólo Ernesto Zedillo registró 34% de aprobación como resultado de la aguda crisis económica de 1995, según la medición de Mitofsky.

Al llegar a su sexto trimestre del gobierno de Peña Nieto —el 31 de mayo—, cuatro de cada 10 mexicanos encuestados por esa consultora consideraron que el Presidente de la República tiene las riendas del país, “porcentaje ligeramente mejor al de hace tres meses, pero muy inferior a 55% que considera que no tiene las riendas”, apuntó en su análisis Roy Campos, director de Mitofsky.

Las encuestas de Reforma y El Universal han arrojado resultados similares: la calificación del gobierno peñista es menor a 6%. Más de 50% de los encuestados tiene una opinión negativa sobre la economía; más de 65% cree que con la reforma energética no bajarán los precios de la luz ni de la gasolina (los dos temas que más se promovieron en spots en 2013), y más de 60% tiene percepciones negativas sobre la violencia y el combate a la corrupción.

La Sexta Encuesta Nacional, realizada por GEA-ISA, fue muy reveladora: 65% de los encuestados está a favor de una consulta popular en materia energética, contra 17% que cree que la reforma del Ejecutivo es necesaria; mientras que 50% opinó que se debe modificar la reforma constitucional de diciembre de 2013. Este sondeo se dio a conocer antes que se aprobaran las 21 leyes secundarias.

Sobre el mismo tema energético, 74% de los 800 encuestados por la empresa Parametría opinó que no disminuirá la corrupción en los contratos a compañías privadas derivados de la nueva Ley de Hidrocarburos y 64% opinó que las transnacionales petroleras “sí influirán” en los asuntos políticos del país.

Parametría midió la percepción de los ciudadanos sobre el impacto ambiental de la reforma energética. El 37% cree que “habrá más daños”, frente a 34% que considera que “seguirá igual” y sólo 19% cree que habrá “menos daños”. E

En otras palabras, 71% tiene una percepción negativa en este tema, especialmente acerca del uso del método del fracking para la extracción del gas shale.

A principios de agosto, Reforma publicó los resultados de su encuesta entre mil 20 mexicanos y documentó que las dos grandes reformas recientes —la de telecomunicaciones y la energética—, cuentan con el apoyo de menos de 50%.

El 40% consideró como “mal” y “muy mal” la reforma energética, contra 33-34% que la apoyó como “muy bien” y “bien”. El 66% opinó que será “útil” una consulta popular sobre el tema, porcentaje que coincide con el de Parametría.

El 42% de los encuestados consideró que la reforma de telecomunicaciones “favorece a los actuales monopolios” y 56% de los líderes de opinión, entrevistados por separado, avalaron esta percepción.

El rubro peor evaluado en la gestión de Peña Nieto fue el combate a la corrupción: 84% tiene opiniones desfavorables, seguido por la violencia en el país (68%) y la falta de empleo (62%).

En junio pasado, Buendía-El Universal publicó otro sondeo. Sólo 11% de los consultados destacó como lo mejor de los primeros 18 meses de Gobierno las reformas legales. Esta misma encuesta destacó en su encabezado que la aprobación de Peña Nieto “subió de 44 a 48%”, cuando la lectura real del sondeo arroja otro dato: el primer mandatario tenía un índice de reprobación mayor a 50%.

El lunes 25 el mismo periódico publicó otra encuesta, según la cual 49% de los encuestados dijo que el principal problema que debe atender la administración peñista es el empleo; mientras 33% consideró que la seguridad pública es la otra prioridad, y sólo 13% opinó que el principal problema es político.

Casi dos tercios de los encuestados por Buendía & Laredo opinaron que el gobierno de Peña Nieto ha sido incapaz de reducir la violencia relacionada con el narcotráfico (62%), contra un tercio (33%) que considera que sí se ha logrado disminuir el nivel de violencia.

En la mayoría de esos casos se trata de casas encuestadoras “amigables” con Enrique Peña Nieto, que trabajaron en la construcción y medición de su popularidad durante su candidatura presidencial, pero que documentan una caída sostenida de su aceptación como gobernante. Algunas fuentes internas del Gobierno Federal, consultadas por Proceso, confiaron de manera anónima que los porcentajes son más negativos en las encuestas internas que han realizado Los Pinos y la Secretaría de Gobernación.

 

DESPILFARRO EN PROMOCIÓN

Ante esta persistente tendencia en las encuestas, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, reiteró el jueves 28 que Peña Nieto “no trabaja con encuestas”. Es “un Presidente que no toma decisiones viendo índices de popularidad. Un Presidente no hace valoraciones políticas para la toma de decisiones que tienen como efecto la mejoría de las condiciones de las familias mexicanas”, argumentó.

En el primer círculo de Peña Nieto se insiste que esta baja de popularidad es un síntoma de que el primer Mandatario está dispuesto a “sacrificar su capital político” con tal de “mover a México” y cumplir con el “ciclo reformador” al que se comprometió desde la firma del Pacto por México.

Así lo expresó Lilly Téllez, la conductora de TV Azteca, una de las participantes en la mesa “Conversaciones a Fondo” del martes 19, bajo el pretexto del 80 aniversario del Fondo de Cultura Económica.

“Usted arriesgó su capital político. ¿De dónde sacó ese valor?”, le preguntó con calculada admiración a Peña Nieto, quien sonrió. Sin embargo, evadió la pregunta, e insistió que él no gobernaba para quedar bien con las encuestas.

En su artículo Un Nuevo México, publicado en el periódico español El País el domingo 24, Peña Nieto insistió en que las reformas impulsadas en tan sólo 20 meses constituyen “un logro histórico”.

La promesa de que disminuirán las tarifas de luz, gas y otros servicios ya no se menciona, como en 2013. En sus entrevistas e intervenciones en medios electrónicos, Peña Nieto insiste ahora en que los efectos se verán “de manera gradual”.

Jenaro Villamil

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