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En el noreste, en la mira trasnacional

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DOCTOR GONZÁLEZ, NL.— Hoy, los ranchos y tierras agrícolas abandonados proliferan en las tres entidades y comienzan a convertirse en problema para las autoridades federales y locales, ya que están en la mira de las compañías trasnacionales Halliburton, Schlumberger y Weatherford, interesadas en explorar el subsuelo de la región en busca de hidrocarburos no convencionales.

Los “gestores” de Petróleos Mexicanos (Pemex) no saben cómo localizar a los dueños para evitar las invasiones de los personeros de los inversionistas extranjeros, prestos a construir sus pozos exploratorios luego de la aprobación de la reforma energética; poco les importa que algunas localidades, como Ciudad Mier y sus inmediaciones, estén envueltas en la violencia criminal desde principios de 2010.

En esa zona los enfrentamientos entre pistoleros del Cártel del Golfo y Los Zetas —organizaciones que se disputan la plaza— son frecuentes. En el primer trimestre de aquel año las balaceras llegaron a prolongarse durante 24 horas. Y aún cuando los pobladores pidieron auxilio a la Octava Zona Militar, las tropas nunca llegaron.

Los estruendos de las granadas y el intercambio de disparos con fusiles de asalto se escuchaban por todos los rumbos del pueblo, comentan los lugareños. Lo mejor era refugiarse en sus casas de sillar —un ladrillo de lodo que aísla el calor pero que es demasiado débil para frenar las balas— con la esperanza de que los disparos no los alcanzaran y ponerse a rezar.

Durante 2010, relatan, las instalaciones de la Policía Municipal de Ciudad Mier —el antiguo “pueblo mágico” de la frontera chica de Tamaulipas, en el que vivían alrededor de siete mil habitantes— fueron atacadas e incendiadas. Para julio, la gente rica no pudo más y comenzó a huir.

En noviembre de ese año, tres cuartas partes de los lugareños ya se habían ido. Los más pobres organizaron una peregrinación y caminaron 20 kilómetros para asilarse en el municipio de Miguel Alemán, donde las autoridades improvisaron albergues para asistir a los primeros refugiados de la narcoguerra en México. Ahí estuvieron más de tres años.

Luego, algunos de ellos, los más osados, emprendieron el regreso a sus comunidades para recuperar sus tierras, muchas de las cuales estaban en manos de los delincuentes. “Ellos son los que han usufructuado los ranchos y las tierras de cultivo”, asegura el alcalde de Mier, Jorge González González.

El municipio tiene una extensión de 888.35 kilómetros cuadrados y forma parte de la Cuenca de Burgos, donde trabajadores de otras localidades contratados por inversionistas extranjeros realizan exploraciones en el subsuelo en busca de combustibles no convencionales, toda vez que, dice el alcalde, “tenemos reportes de que en Mier existen grandes cantidades de gas shale”.

Se queja también porque 99% de esos trabajadores no son de Mier y porque las empresas subcontratadas por Pemex ni siquiera los dejan alojarse en los hoteles del municipio ni les permiten comprar a las tiendas del pueblo. Ello, dice, debido a que en abril pasado un grupo de pistoleros atacó el hotel Asia, ubicado en el centro, en el cual estaban hospedados los trabajadores de la trasnacional suiza Weatherford.

COMUNIDADES INHÓSPITAS

El éxodo de Ciudad Mier también se replicó en las comunidades rurales del noreste de Nuevo León. El Centro de Atención a Migrantes de la entidad admite que los municipios con mayor flujo de personas hacia Estados Unidos son General Treviño, Los Ramones, Anáhuac, Cerralvo, Los Herreras, Sabinas Hidalgo y China.

“Ese fenómeno se agudizó con la violencia y se amplió a otros municipios. Hoy, en cada calle del centro de China, por ejemplo, se pueden ver innumerables casas abandonadas”, cuenta el alcalde Óscar Cantú Garza.

China, dice, se ubica sobre la carretera a Reynosa y tiene frontera con Tamaulipas. El municipio de 11 mil habitantes —perdió cinco mil de 2010 a la fecha a causa de la violencia, según el último censo— es el epicentro de una región dominada por organizaciones criminales como Los Zetas, el Cártel del Golfo; también hay un buen número de células delictivas que abandonaron esas organizaciones.

En ese municipio se ubica la presa El Cuchillo, la más grande de Nuevo León, que surte de agua a la zona metropolitana de Monterrey. Los lugareños cuentan que en una orilla del vaso yacen decenas de cadáveres, lo mismo de ciudadanos que de sicarios de los grupos que se disputan la región.

Actualmente, las empresas que pretenden perforar en esas propiedades desiertas han tenido que enviar “gestores” de Pemex a Monterrey, a ciudades de Estados Unidos y a otras partes del país para localizar a los dueños y pedirles permisos para explorar sus tierras, sostiene el alcalde.

En China, agrega, las exploraciones de Pemex comenzaron en 2005. En esa época empresas subcontratadas hicieron los primeros estudios sismológicos desde satélites y algunas perforaciones. Sin embargo, la violencia protagonizada por pistoleros de Los Zetas, sus rivales del Cártel del Golfo y sus aliados de Sinaloa en los municipios rurales de Nuevo León y su zona metropolitana obligó a las compañías a abandonar la zona a partir de 2009.

Esa misma ola criminal terminó por expulsar a miles de pobladores de municipios ubicados en la cuenca de Burgos como Los Ramones, General Treviño, Doctor González, Cerralvo Los Herreras, en Nuevo León, así como los pequeños municipios de Hidalgo, Progreso y Guerrero, de Coahuila.

En los últimos meses, las trasnacionales Halliburton, Schlumberger y Weatherford regresaron a esta región, esta vez protegidas por el Ejército y agentes de la corporación estatal Fuerza Civil, con un propósito definido: perforar decenas de pozos en busca de gas shale.

De acuerdo con la Comisión Nacional de Hidrocarburos, ya se encontró el gas en 15 pozos ubicados en la Cuenca de Burgos, que comprende Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila. No obstante, los resultados no son muy alentadores, pues en el Tangram 1 perforado, en China; el Batial 1, en Los Herreras; el Montañés 1, en Guerrero, así como en la mayoría del resto de las perforaciones, únicamente se localizó “gas seco”, hidrocarburo que no es rentable.

Juan Alberto Cedillo

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