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Sucumbe 2022 ante la inflación en AL

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DESALENTADOR PRONÓSTICO PARA EL PRÓXIMO AÑO

CIUDAD DE MÉXICO (El Universal).— Devoradora de salarios, promesas políticas y augurios económicos, la inflación no necesitó de visa ni de pasaporte para pasearse victoriosa por América Latina y el Caribe desde 2021, despedirse de 2022 con los ingredientes de convulsión mundial requeridos para encarecer las cestas alimentarias básicas de la época navideña y cerrar el año y recibir a 2023 con pronósticos de nubarrones y de riesgo de huracán social.

El generalizado aumento del costo de la vida y la constante pérdida del poder adquisitivo de los sueldos agitaron aún más las aguas del descontento social de 661 millones de latinoamericanos y caribeños que no salen del conflicto agudizado por la pandemia de Covid-19, que llegó en febrero de 2020.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) emitió desde junio el presagio de tempestad para el cierre de 2022. Con su efecto dominó en las economías nacionales, el panorama global fue agravado por la guerra que Rusia lanzó contra Ucrania con su impacto en el incremento de los precios mundiales del petróleo y derivados y en los demás bienes importados.

“La inflación regional, que sigue la tendencia mundial, pasará de 6.6% en 2021 a 8.1% en 2022”, vaticinó la Cepal. “La pobreza aumentaría de 29.8% en 2018 a 33.7% en 2022 y la pobreza extrema se incrementaría de 10.4% en 2018 a 14.9% este año. Esto implica que 7.8 millones de personas estarán en riesgo de caer en inseguridad alimentaria, cifra que se sumaría a los 86.4 millones que actualmente se enfrentan a esta situación en la región”, advirtió.

“Se prevé crecimiento anual promedio del Producto Interno Bruto (PIB) de 1.8% en 2022, con una tendencia a regresar al lento patrón de crecimiento de 2014-2019 de sólo 0.3% promedio anual”, agregó en el informe especial Repercusiones en América Latina y el Caribe de la guerra en Ucrania: ¿cómo enfrentar esta nueva crisis? “La crisis social” interamericana “no cesa” y sin que la emergencia sanitaria haya acabado, reafirmó el organismo en otro reporte de 2022.

Junto a la inseguridad o la violencia, el costo de la vida se afianzó como uno de los factores de mayor desasosiego o descontento popular en el hemisferio occidental y acorraló a los gobiernos que, sin importar su signo ideológico, quedaron enfrentados a la urgencia de cumplir las promesas que hicieron a la población en sus campañas políticas electorales. La inflación minó las billeteras de millones de latinoamericanos y caribeños, y desgastó los índices de popularidad —o agrandó los de impopularidad— de los gobernantes, cuyos compromisos de abatir la inflación se toparon con la realidad política y socioeconómica.