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La Fátima, marginada y en el olvido

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A más de 100 años de soledad y olvido, las condiciones de vida de los pobladores de La Fátima, Calkiní,  poco han cambiado. Sobreviven marginados y pobres, con la esperanza de tener certeza jurídica del suelo donde nacieron y trabajan.

La Fátima está a dos kilómetros tierra adentro de la carretera, entre las comunidades de Xbilincoc, Hopelchén, y Cumpich, Hecelchakán. En ese punto convergen los municipios de Calkiní, Hopelchén y Hecelchakán. Su vegetación forma caprichosos arcos, que dan la bienvenida al visitante. Tras pasar los sembradíos de maíz y una “peligrosa curva”, se ve el contraste entre las chozas construidas con palos y barro y las pocas estructuras de material.

La tranquilidad y la monotonía de sus seis familias que integran 23 personas —10 varones, 10 mujeres y tres niños— la interrumpe la visita de miembros de la Confederación Nacional Campesina, encabezados por Sonia Jaqueline Cuevas. Les llevan ayuda, despensas y esperanza de mejoría, de seguir luchando por el anhelo de toda una vida: sus títulos de propiedad.

La certeza jurídica les permitiría acceder a los apoyos de los tres órdenes de Gobierno que hoy no tienen, pues sólo han recibido la buena voluntad y promesas de alcaldes y gobernadores que a lo largo de los años los han visitado.

Los niños Daniela, de cinco años, Alberto de 12, y Gabriela de cuatro, son los primeros en dar la bienvenida. Su bullicio contrasta con la alegría callada de los mayores, quienes sin embargo se esmeran en su hospitalidad.

Las mujeres de inmediato se reúnen y agarran leña para prenderle fuego. Sacan la masa y empiezan a tortear las “gordas” que hábilmente tienden en el comal. En cuestión de minutos las tortillas están listas, y la comida servida. Esa es la amabilidad que los distingue a pesar de la pobreza en la que viven.

Raymundo Huchín Cahuich, de 83 años de edad, el mayor del poblado, lamenta que la comunidad que lo vio nacer no haya logrado su desarrollo. “Han pasado los años, más de los que recuerdo, y siempre hemos vivido en la soledad, en el olvido, padeciendo la falta de agua, de luz, de atención médica, de educación”.

Aunque no pudo precisar la fecha, asegura que fueron 12 las personas que fundaron La Fátima, en honor a la Virgen del mismo nombre.

Como constancia, en un pequeño jacal ubicado en medio del poblado está la imagen santa acompañada de la figura del Santo Cristo del Amor, a quien los jóvenes rinden plegarias para que les haga el milagro y la felicidad de tener familia. Gente de comunidades vecinas llegan a rezarles a ambas figuras religiosas.

Es de llamar la atención que los habitantes logren consenso en todo, menos en una cosa: la religión. Por inverosímil que parezca, la mitad de ellos es cristiana y la otra no.

Pero eso no ha sido impedimento para trabajar por el bien común. La fuerza productiva de hombres y mujeres se refleja en que, pese a no contar con sistemas de riego ni algún tipo de ayuda oficial, sembraron este año 35 hectáreas de maíz, de las cuales estiman cosechar mínimo 1.5 toneladas en cada una y venderlas a buen precio.

“Lo malo es que en algunas zonas perdimos sembradíos por la irregularidad de las lluvias”, lamentó Ernesto Huchín Moo, quien recalcó que no pueden acceder a apoyos federales y estatales “porque no tenemos nuestros títulos de propiedad”.

Nuestra marginación y pobreza —afirma—, obedece a que las autoridades condicionan los subsidios. “Si no hay título de propiedad no hay fertilizantes, ni hay tractores. No hay siquiera la posibilidad de inscribirse en programas federales de apoyo. Sólo aspiramos a que los alcaldes destinen algo de su gasto corriente en nuestra ayuda”.

Pero no es su única actividad, porque también se dedican al cultivo de chigua y piña, que hoy florece en media hectárea y de la cual esperan obtener excelente cosecha en abril y mayo, como ha sido en años anteriores.

Ante el hal’l-tun, que en maya significa orilla de piedra pero que la mayoría conoce como sartenejas y donde las mujeres se reúnen a lavar la ropa, José Eugenio Huchín Cahuich, técnico en informática, lamenta la suerte que ha corrido La Fátima, pues ha obligado a sus jóvenes a emigrar. “No hay escuelas y no hay apoyos”, resume.

 

PRIMARIA DE CONAFE, CERRADA

Irónicamente, el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) mantiene cerrada una primaria en la localidad, pues sólo hay tres niños, los cuales se ven obligados a trasladarse a Xbilincoc, a 22.5 kilómetros, para crecer académicamente.

“La educación es una de las causas por la que los jóvenes han abandonado La Fátima. Unos quieren superarse y se van a Hopelchén, Calkiní o Hecelchakán; otros han optado por irse de albañiles a Campeche, Mérida o Cancún, y no regresan”.

Las condiciones de vida son otro factor. Antes no había agua ni luz; hoy hay un pozo, y gracias a un proyecto financiado por el Ayuntamiento de Calkiní, con costo superior al millón 600 mil pesos, tienen fotoceldas que proporcionan electricidad. La obra la realizó el Corporativo Industrial en Construcción y Electrificación S.A. de C.V.

Se trata de siete postes de luz con fotoceldas. Aunado a ello, en igual número de viviendas fueron colocados sistemas similares. La obra fue concluida el 17 de agosto pasado.

El sistema ha permitido modernizar el molino de nixtamal que regaló el gobernador Fernando Eutimio Ortega Bernés, quien los ha visitado tres veces, lo que se constata con fotos donde se ve al mandatario conviviendo con los residentes.

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