Tribuna Campeche

Diario Independiente

Importaciones acabaron con sector arrocero

ESCÁRCEGA.— La importación de arroz de Asia, principalmente de China y Corea, las malas administraciones, el cambio climático, la llegada de semillas de Sinaloa infectadas con zacate Johnson y la deuda de 12 mil millones de viejos pesos con el entonces Banrural, marcaron el fin de la planta arrocera local, administrada por la Unión de Ejidos Baluartes de Campeche (Udebcam), antes Asociación de Productores de Arroz
(Aspa).

Enrique Orozco Ortiz fue el penúltimo presidente de la Udebcam, antes de la llegada de Margarito Gámez Murguía, quien declaró en quiebra a la factoría a finales de los 90’s, para pasar a la iniciativa privada y convertirla en la actual Arroz Tollocan, del empresario Francisco Arias
Santana.

Durante los años de bonanza, la empresa llegó a procesar hasta 100 mil toneladas, muy por arriba de su capacidad de almacenamiento de 33 mil, que se comercializaban a empresas del Gobierno como Impecsa y Diconsa. De la actividad dependían siete mil 107 personas de 62 ejidos de los municipios de Escárcega, Candelaria, El Carmen  y Champotón, expuso Orozco Ortiz.

La planta llegó a generar más de 300 empleos, en tres turnos. En los últimos años de operación, apenas conservó poco más de 100 de manera directa, y fue entre 1990 y 1994 cuando comenzaron las liquidaciones de empleados, por lo insostenible de la factoría.

La industria, que dependía del sector social, fue administrada por Juan Becerra, del ejido Plan de Ayala; Clemente Andrade, de División del Norte; Lorenzo Cruz, de Adolfo López Mateos; Carlos Rivera Lazarín, Enrique Orozco Ortiz, de Conquista Campesina,  y Margarito Gámez
Murguía.

De ellos, el único que sobrevive es Orozco Ortiz, quien administró la Udebcam de 1990 a 1994, años en que comenzó la debacle de la actividad arrocera en la entidad. “Recibí la factoría con deuda de 12 mil millones de viejos pesos, 12 millones de los actuales, con el Banrural, lo que impidió obtener nuevos créditos”, reconoce Orozco Ortiz.

Iniciamos negociación, pero nos dimos cuenta de que los intereses nos acabarían, y aunque lo más fácil era declarar la empresa en quiebra, no lo hicimos porque pertenecía al sector social y muchas familias dependían de la producción de arroz.

Por eso nos asociamos con productores de Palizada, pues nuestros socios dejaron de producir. Comenzamos a procesar el producto de ese municipio, incluso lo comercializábamos, y sobrevivimos varios años de esa manera, pues nos daba oportunidad de sacar salarios y gastos de la factoría.

Llegamos a procesar más de 10 mil toneladas, pero sin alcanzar las 15 mil que eran el punto de equilibrio de la planta, y mantuvimos alrededor de 150 empleos directos, pero todo ya era difícil, recordó.

 

El fin, por diversos factores

La falta de agua en los sembradíos fue un factor que llevó a la quiebra. Cuando no se trabajaba en mecanizados se recurría al espeque en pequeñas áreas. La semilla se traía de Sinaloa, pero la planta crecía muy alta y se quebraba con facilidad, lo que representaba pérdidas.

Todo se complicó porque las lluvias no eran iguales que en años anteriores, y posiblemente influyó la devastación de la selva para los mecanizados. Luego, los campos se infectaron con zacate Johnson y fue casi imposible erradicarlo. Muchas extensiones arroceras terminaron por convertirse en zonas ganaderas.

La llegada del arroz barato de Asia fue otro factor que afectó. Nuestro país no tenía acuerdos comerciales con esa región, por lo que los norteamericanos sirvieron de intermediarios.