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Ciudades mayas

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Reflexionando sobre la importancia de las civilizaciones que han legado al mundo valores genuinos y conocimientos trascendentales que hasta la actualidad asombran por su grandeza y su sentido estético y científico, pensé en el enigma que constituye el abandono repentino de las ciudades mayas, sin que se sepa por qué sus habitantes desaparecieron como si hubiera sido al instante.

Arqueólogos, antropólogos y estudiosos no logran definir qué fue lo que realmente sucedió. Al llegar los conquistadores encontraron pueblos de poca densidad poblacional diseminados por toda el área que ocuparon. El asunto es que no hay evidencias de lo que sucedió.

Hay varias teorías al respecto. Se menciona que la construcción de sus pirámides y centros ceremoniales agotaron los árboles de las selvas para fabricar la cal, que era un elemento importante para sellar sus estructuras de piedra. Es decir se colapsaron la biodiversidad y el clima.

Otra teoría señala que la sequía y las plagas dejaron sin sustento a esta raza cósmica, por lo que tuvieron que emigrar no se sabe adónde. Se consideraba como un castigo de las deidades los infortunios en este sentido.

No se han encontrado entierros masivos que indiquen la presencia de epidemias para explicar la desaparición de colectividades humanas.

En fin, que aunque se han esbozado muchas teorías al respecto, no hay una luz que alumbre la oscuridad de argumentos que expliquen la desaparición repentina de este sabio pueblo.

Pienso y afirmo que por su grado de sabiduría y sensibilidad acerca de su entorno fueron llamados por sus dioses, y en un día soleado se generó un viento fuerte como un remolino de luz plateada que absorbió a los más puros y se convirtieron en la conciencia del universo y, desde entonces, están rigiendo con armonía y amor la inmensidad celeste. Rigen el movimiento de los cuerpos astrales y los fenómenos cósmicos, de las noches y los días y de la felicidad y el dolor de la humanidad.

El planeta Venus, el lucero de la mañana es su baluarte, es el cántaro de dolor plateado desde donde rigen, es la casa del amor, la ceiba solar donde esperan a sus hijos a la sombra de la felicidad.

Sergio Hernández Puga

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