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En la ruta de la transformación

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A partir del mes de diciembre del año 2012, México, de la mano del Presidente Enrique Peña Nieto, ha ingresado a una etapa de cambio y renovación. La transformación ha caminado de un lado a otro en los temas de gran impacto para la vida nacional.

Justo es decir, que no toda la población, merced a los antecedentes históricos, comulga con las iniciativas presidenciales, y a pesar de ello, el país camina hacia un cambio. Es así, que el rostro de estos movimientos posee dos caras: por un lado es posible advertir la esperanza que manifiestan sus promotores; y por la otra parte, se ubican aquellos sectores que sienten lastimadas sus legítimas conquistas, y perciben en la nuca la respiración de la incertidumbre.

La captura de Joaquín Guzmán, a pesar de lo que se diga en contrario, representa al interior una victoria para el Gobierno mexicano, y hacia el exterior es motivo de reconocimiento. La seguridad, de la mano del desempleo, y la cada vez más fortalecida amenaza de despido laboral, así como cierres de Pymes, constituyen las mayores preocupaciones del mexicano. El pueblo tiene prisa, y las necesidades aprietan. El Gobierno pide tiempo, y las redes sociales bosquejan ya, voces de rebeldía.

Si bien es cierto, que hoy día es prácticamente imposible sustraerse a la visión económica y política de la llamada globalidad, pero que sólo controlan 2 ó 3, también lo es, que la sabiduría política del viejo PRI, aconsejaría en estos casos, la adaptabilidad. Tomar lo mejor del mundo, por supuesto, pero ajustándolo a nuestra propia realidad, circunstancias e idiosincrasia.

En este esquema, Campeche también se halla inmerso en la vorágine de cambios. Diariamente, el Gobierno Estatal realiza puntual entrega de apoyos a sectores productivos, así como la repartición de recursos a ayuntamientos y juntas municipales. La eficiente Secretaría de Gobierno se encarga de solucionar problemas.

La capital campechana igualmente se está transformando, dejando en el recuerdo a aquella que hace 14 años mereció el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad. Si finalmente quedará como se muestra en las maquetas difundidas, sin duda tendremos una ciudad aún más bella.

Asimismo, Campeche tiene prisa. El nuevo obispo se sorprende de la alta vulnerabilidad de muchas familias campechanas, como si a él correspondiera tomar ese papel. Pemex continúa otorgando compensaciones, omitiendo pagar lo justo por los multimillonarios beneficios extraídos de nuestros mares. Adquiere urgencia un cambio en este sentido. Es verdad que constitucionalmente el mar es de la Federación, pero antes de ello, es campechano. Primero en tiempo, primero en derecho.

Y a pesar de ello, todo indica que Campeche no se rinde. El gobernador Fernando Ortega Bernés, retoma el liderazgo regional, y convoca a la integración peninsular. Juntos, nuestra región dejará de ser tratada como hasta ahora. Pero antes de ello, practiquemos los campechanos la unidad. No hay mejor homenaje a Luis Donaldo Colosio, que materializar aquello de “vamos juntos a ganar el futuro, porque es nuestro, y nos pertenece”.

Carlos Cruz Lavalle

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