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Consulta popular

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Para Francisco José Cano Heredia por sus buenos deseos para Campeche.

He sido y creo que seguiré siendo un apasionado defensor de la democracia aunque sea dirigida —pero no manipulada—, del irrestricto respeto a la voluntad popular —aunque hubiera sido manipulada o motivada por intereses personales o de grupo— plasmada en asambleas legales o en urnas electorales; del referéndum y del plebiscito; de la revocación de mandato preferentemente lograda por vía pacífica; de la aplicación correcta de la ley —sin distingos y sin inequidades— no exentas de justicia social. Pero no comulgo con la reelección para ninguna posición legislativa o gubernamental, porque la voluntad popular es frecuentemente manipulada o comprada y de esa manera refrenda su aprobación hacia quienes no cumplieron adecuadamente en anteriores oportunidades: en casos como éste no debería jamás aplicarse el criterio de que “más vale malo conocido que bueno por conocer”.

No comulgo tampoco con la consulta popular por muchas razones:

1.— Porque pese a que Abraham Lincoln es para mí uno de los no muchos ejemplos mundiales como próceres de la democracia, humanismo y buen gobierno, la frase de “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, que se entresaca de su memorable discurso de Gettysburg, Pensilvania, en el homenaje a los soldados caídos durante la Guerra Civil estadunidense, no es más que una utopía.

2.— Porque en los países en que se han auto considerados como demócratas puros —comunistas y socialistas sobre todo— ese tipo de gobierno ha sido efímero e ineficaz, y ha conducido a la anarquía o a la dictadura.

3.— Porque en la democracia directa, también llamada democracia pura, el poder es ejercido directamente por el pueblo pero no mediante consultas públicas, sino mediante asambleas con características similares a los congresos que resultan de la aplicación de la democracia representativa, de ahí que en todo caso sea mejor la democracia deliberativa que conjuga características de unas y otras.

4.— La historia que se conoce de la democracia directa se inicia con la de Atenas —año 507 A.C.—, pasando por la muy afamada de Suiza —año 1847— que actualmente sólo se aplica en su esencia en dos cantones; pasando también por la de Estados Unidos en que a pesar de no aplicarse a nivel federal, a nivel estatal —49 estados— se permite que los ciudadanos promuevan referendos y la votación de iniciativas, lejanas ambas de la consulta popular como la que quieren en México los partidos conocidos como de izquierda.

¿ Cómo se le ocurre a usted, respetable lector, que se redactara una consulta popular respecto a la reforma educativa si a pesar de ya aprobadas las leyes secundarias, donde se estipula que la educación pública no dejará de ser gratuita ni laica, y que no habrá despidos injustificados de maestros ni cancelación de derechos laborales plasmados en legales contratos colectivos de trabajo, hay sectores que insisten en que todo eso es falso? ¿Cómo votarían los mexicanos consultados si se les preguntara si desean que el petróleo dejara de ser patrimonio de la nación? ¿Cómo, si la pregunta en cambio fuera que si están de acuerdo con la reforma energética que abaratara el gas y la luz, sin que eso signifique que el Estado mexicano pierda ese patrimonio del pueblo mexicano?

Las preguntas de una consulta popular pueden fácilmente ser manipuladoras o carentes involuntarias de información correcta, todo depende de cómo se hagan y de quiénes las formulen.

Definitivamente nunca estaré de acuerdo en que los asuntos torales del Estado y del país se resuelvan consultando a quienes muy poco o nada de eso saben. Cuestión de enfoques.

Fernando Almeyda Cobos

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