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La necesidad del dinero

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La necesidad de dinero es un común denominador en nuestro país, ya que está presente en la mayoría de las personas, de las empresas y hasta en la administración pública; o al menos eso dicen los funcionarios públicos cuando no pagan los adeudos contraídos con proveedores, constructores y demás.

Lo que me llama la atención no es que el dinero sea una necesidad, sino que siendo algo común, evidentemente, no nos unamos para resolverla; pues un problema común se resuelve poniéndonos todos de acuerdo.

Por alguna extraña razón, esta realidad se trata de manera discreta y soslayada; enunciando que se tiene necesidad de salud, de educación, de alimentos, etcétera, intentando así desviar la atención de que la verdadera necesidad es de dinero. Y cada quien intentando resolver su necesidad de la manera que Dios o el diablo le dé a entender.

Así, tenemos que la administración pública, en cualquiera de sus esferas competenciales: federal, estatal o municipal, está tratando de resolver su problemática (la necesidad de dinero) creando más contribuciones, sin ponerse a pensar que a quienes intentan imponérselas y cobrárselas están en las mismas o peores condiciones.

Nadie está exento de la necesidad de dinero. De lo contrario, no tendríamos a ciertos diputados y senadores pidiendo su “tajada” a los municipios a cambio de conseguirles o canalizarles determinados recursos públicos provenientes de la Federación; o bien algunos funcionarios públicos no pedirían su “diezmo” para adjudicar una obra o una compra en un procedimiento licitatorio.

¿Qué hacer ante tal situacion? Hay que evidenciar, denunciar, exponer esta necesidad de dinero que tienen todos y evitar disfrazarla de necesidad de educación, de comida o de vivienda; pues todo ello, y más, se paga con dinero. En efecto, la necesidad que se tiene es de dinero, porque con dinero desaparecerían esas necesidades, ya que no creo que alguien, teniendo dinero, se quede sin comprar alimentos, o no pueda pagar los estudios de sus hijos, no compre zapatos o útiles escolares.

Requerimos evidenciar esta necesidad común, pues sólo así podremos encararla como una necesidad ciudadana y pediríamos a nuestros próximos candidatos que si realmente quieren resolver un problema de la ciudadanía, que nos resuelvan este problema y que dejen de estar “tratando de resolver problemas sociales”, sin éxito, por cierto, y que únicamente son consecuencia de la necesidad de dinero que todo mundo tiene.

Entender que esta necesidad es común, constituye el principio para emprender el camino a su solución. No debemos verlo como algo de lo que hay que quejarnos o autocompadercernos. Nos tocó bailar con la más fea y vamos haciéndolo bien. El día que autoridades, empresarios y público en general nos sentemos a la mesa y, sin tapujos y falsas modestias, tratemos el problema de la necesidad del dinero como un tema prioritario, que no es exclusivo de un sector particular, y las cámaras empresariales atiendan la verdadera problemática de sus agremiados, ese día los políticos van a temblar, si no es que ya están temblando. Entonces, sentirán que la Virgen les habla y se acercarán a tratar con inteligencia un asunto verdadero.

Creo que la solución de esta problemática no puede venir de personas ajenas a esta necesidad, sino de las personas que están inmersas en ella. De este modo, no esperemos que venga un candidato a resolver esto; pues éste evidentemente estará tratando de resolver su necesidad de dinero, buscando un puesto público. Además, para resolver esta problemática se necesita gente inteligente. No basta que alguien “quiera ayudar”, sino alguien que verdaderamente pueda y esté determinado a hacerlo. Lamentabelmente, esa virtud no se ha fomentado en nuestro medio.

Ojalá que esta reflexión sirva a manera de convocatoria a empresarios para realizar una mesa trabajo en donde, con todo descaro, se trate este asunto; dejando de creer que solamente los ambiciosos o los avaricios hablan de dinero. No, señores. También lo hace la gente que quiere mantener una planta productiva, un padre de familia que quiere darle lo mejor a sus hijos, una madre a la que le es insuficiente el “gasto”… y también lo hace una persona que decide suicidarse por la falta de dinero. Tratemos este asunto como un problema social y estaremos hablando todos de lo mismo.

José Guadalupe Celis Pérez

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