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Las preguntas de Cuarón

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Por lo anteriormente expuesto, y basado en que conozco profundamente el sistema eléctrico —generación, transmisión y distribución de la energía eléctrica—, así como el proceso completo de refinación de hidrocarburos para convertirlos en fluídos petrolíferos, en diversas ocasiones he escrito apoyando muchos de los cambios que vendrán con la reforma energética, pero también he desaprobado tanto la no construcción de la nueva refinería de Tula, Hidalgo, y la venta como chatarra de algunas plantas petroquímicas, como la aberrante idea de comprar una refinería de medio uso en los Estados Unidos. Cuando al actual director general de Pemex se le dio el nombramiento como tal, manifesté que pese a sus muchas medallas académicas y administrativas, no conocía a fondo el sector energético, pero con todo en lo que ha estado inmerso en esa vorágine gubernamental ya ha adquirido muchos de los conocimientos generales sobre ese tema.

En tales circunstancias, diga quien lo diga sí ha sido públicamente profusa la información general sobre la reforma citada, y al respecto desearía saber cuántos de cada mil mexicanos seguimos en el canal televisivo del Congreso los extenuantes debates que se realizaron para discutir, primero en lo general y luego en lo particular, la reforma energética que se aprobó, por cierto no igual a la iniciativa enviada por el Presidente, sino con los cambios hechos en el Congreso de la Unión.

Quisiera también saber cuántos de cada mil mexicanos leímos las muchas aportaciones que al respecto publicaron periodistas e intelectuales, tanto a favor como en contra. Conozco a un prestigiado ingeniero que antes de que se hubiera aprobado la multicitada reforma se había convertido en el paradigma de los que nos oponíamos a gran parte de ella, de tal manera que cuando lo invitaron a presentar su punto de vista ante la comisión legislativa de Energía, lo felicitamos y nos felicitamos. Pero, con la frágil excusa de que para qué iba a presentar argumentos ante oídos sordos, declinó la invitación, y posteriormente fue ahí pero acompañando a AMLO.

Conteste lo que conteste, no el Presidente pues no le corresponde a él sino a su vocero oficial, en respuesta a esas preguntas, de ninguna manera serán convincentes para quienes queremos fechas y cifras de lo que a futuro se espera obtener con optimismo y con buena voluntad. Cualquier gobernante de cualquier país puede pronosticar efectos positivos de sus planes de desarrollo, pero si asegurara la obtención de los resultados deseados estaría en riesgo de luego ser considerado embustero.

Una pregunta muy generalizada es la de cómo va el Gobierno Federal a suplir la ordeña que a Pemex le ha hecho el fisco durante muchos años, pero protestamos cuando se nos dice que, entre otras formas, intentando obtener más recursos de la aplicación de más impuestos y de combatir con efectividad la evasión y la elusión de los mismos. La posición peor, sin embargo, es la de exigir al Poder Ejecutivo federal resultados en su combate a la corrupción: deberemos estar satisfechos si a esa corrupción y a su inherente impunidad, se logra impedir que crezcan, para que de ahí en adelante se hagan esfuerzos por romper los círculos viciosos en que vivimos.

Ojalá hubiera muchos Cuarón para que de esa forma, no agresiva, soliciten o exijan su derecho a la información ante cualquier autoridad establecida…

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