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Mujeres engañadas

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Lo he dicho anteriormente en mis artículos, y lo repetiré hasta el cansancio con la esperanza de que algún día me escuche quien dirige el rumbo de nuestro Estado: no hay funcionario más nefasto, ineficiente, corrupto y gris que el secretario de Gobierno, William Roberto Sarmiento Urbina, a quien recientemente me encontré disfrutando una tórrida luna de miel en plena Semana Santa en el complejo AakBal.

Y más tardó en pasar el puente de abril que en regresar a laborar para encontrarse con el mega escándalo en el Instituto de la Mujer del Estado de Campeche, el cual también depende de Sarmiento Urbina, y en el que los empleados denuncian programas
inexistentes con cifras infladas, renta irregular de propiedades, licitaciones amañadas y maltratos por parte de la titular de esta dependencia, Olga Angélica Tatua Sánchez.

Como ya es costumbre en este sexenio, tuvo que salir el gobernador del Estado, Fernando Eutimio Ortega Bernés (como mencioné desde mi primer artículo, ante la falta de credibilidad de sus súbditos), a defender a capa y espada a la funcionaria exhibida, a decir que ha cumplido sus metas (no sabemos cuáles), que se desempeña satisfactoriamente (a pesar de las quejas laborales), y que tiene mucho talento, seguramente bien guardado.

La historia se repitió una vez más, al igual que sucedió hace un par de meses con la secretaria de Turismo, Vania Kelleher Hernández, a quien también defendió, refrendó su apoyo y hasta ratificó en el cargo; hoy, al igual que en aquella ocasión, vivimos una escena casi idéntica, pero desde el Instituto de la Mujer del Estado de Campeche.

Aún recuerdo con nostalgia las caravanas por la salud que responsablemente llevaba la Sra. María Santamaría Blum a todos los poblados de Campeche, en camiones equipados para ofrecer servicios de papanicolao y mastografía, entre otros, a las mujeres del campo, que ante la lejanía de las instituciones de salud, no tenían acceso a ese tipo de análisis que ayudan a detectar a tiempo enfermedades como el cáncer. Cómo olvidar el “MujerMóvil”, que bajo la bandera del DIF del rostro humano de la maestra María del Carmen Montero de Hurtado, en el sexenio de su esposo, el contador Jorge Carlos Hurtado Valdez, recorrió la superficie del Estado en repetidas ocasiones.

A la talentosa, trabajadora y efectiva Tatua Sánchez no se le ha visto en ningún poblado procurando el bienestar social, mucho menos se le ha visto en acciones justas ni solidarias. Lo que sí se veía era el citado MujerMóvil abandonado en el estacionamiento de la Secretaría de Seguridad Pública. ¿Acaso nunca se percató Roberto Sarmiento Urbina del nulo desempeño de su subordinada, que va en contracorriente con los programas sociales de su jefe? ¿O es que sus constantes aventuras no le dejan tiempo de ver las carencias de quienes no pudieron tener el éxito empresarial que él ha tenido?

Hoy, quien debería encargarse del bienestar, apoyo y protección de las mujeres en el Estado, la que algunos defienden y otros acusan, no da la cara y se mantiene lejos de la vida pública. Hace apenas unos días empleados del Instituto de la Mujer del Estado de Campeche, la acusaron de tráfico de influencias, prepotencia, maltrato y desvío de recursos. Sí, quien debiera ayudar, al parecer sólo se ayuda a sí misma utilizando los recursos públicos asignados al IMEC, maltrata a sus subalternos y trata de manera despectiva a quienes acuden a ella para solicitar ayuda ante la imposibilidad de afrontar un problema, lejos de resolverlo, se recrudece aún más.

El desvío de recursos también es un tema delicado del que la acusan sus empleados, sobre todo por el excesivo monto de 7 millones 420 mil 005 pesos, del Programa de Apoyo a las Instancias de Mujeres en las Entidades Federativas (Paimef ), los cuales
dicen que ha triangulado y desaparecido gran parte de los mismos.

De igual forma han acusado a la titular del IMEC de falsificar nombres, entre otros datos personales, para incrementar los beneficios que recibe este programa, pero sin hacerlos llegar a quienes más lo necesitan. En una institución en la cual se debe defender a las mujeres que día con día luchan por su dignidad y un mejor trato, resulta vergonzoso que se presenten estas situaciones, y peor aún, que permanezcan impunes, ante la complacencia del encargado de la política interna del Estado, William
Roberto Sarmiento Urbina. ¿Olvida la alta responsabilidad del cargo que ostenta? Porque la sorprendida sociedad campechana sí observa su proceder.

¿A qué dependencia le compete realizar una investigación a fondo y sugerir a la titular de ese cuestionado Instituto dar la cara y asumir su responsabilidad ante las severas acusaciones que enfrenta? Porque como el IMEC es un organismo descentralizado del Gobierno del Estado, no estoy seguro de que la Secretaría de la Contraloría tenga facultad de revisarlo, lo cual nos llevaría a concluir que de ese río revuelto no saldrá nada positivo.

Sin embargo, a tres meses de un quinto Informe de Gobierno en el cual el gobernador del Estado dará cifras positivas y hablará a los campechanos de honestidad y compromisos cumplidos, de justicia y solidaridad, de progreso y de su amor por Campeche, problemas como el del IMEC no ayudan en nada, menos aún cuando son culpa de personas irresponsables que utilizan sus cargos públicos para el beneficio propio.

Esa institución, que tiene como encargo promover, elaborar y ejecutar las políticas del Estado a favor de las mujeres, lleva cinco años en el ostracismo, en la inactividad, y en la conchudez. Lejos de ayudar y defender a las mujeres, parece el “Club de Mujeres
Engañadas”.

Correo electrónico: [email protected]
Twitter: @sansopelochas

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