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Lineamientos de la 59, no vigentes

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Luego de que la semana pasada las dirigentas de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Campeche (Canaco-Servytur) y de la Asociación de Hoteles y Moteles (AHMC), Esperanza Ortega Azar y Vanesa Arceo Otal, se hicieron eco de las quejas de sus socios y de ciudadanos por el malestar que les provoca ver el proyecto del Corredor Turístico, Comercial y Cultural de la Calle 59 convertido en la cantina al aire libre más grande del Centro Histórico, la directora de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente municipal, Alejandra Ruiz Gala, mostró un extremo de la madeja.

El Ayuntamiento de Campeche, que preside Ana Martha Escalante Castillo, no ha podido aplicar los lineamientos para la operación y el funcionamiento de los negocios y actividades en la única calle peatonal de la ciudad, porque no se cumplió al cien por ciento el trámite administrativo para que cobrara vigencia, explicó la funcionaria.

El proyecto de convertir en peatonal la calle 59 surgió desde la administración estatal  que encabezó el paliceño Abelardo Carrillo Zavala, cuando fungió como presidente municipal capitalino Jorge Luis González Curi.

El asunto no prosperó por el costo político que traería tal iniciativa ante la negativa de los vecinos de esa zona, pero casualmente volvió a surgir como tema durante el trienio mocho del panista Carlos Ernesto Rosado Ruelas, quien no tenía futuro político alguno y, entre otras cosas, se entretuvo en abrir, tapar y volver a abrir la arteria, para instalar el cableado subterráneo, y terminó por ponerle lámparas color azul rey, a pesar de que el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) le advirtió una y otra vez que, de acuerdo con la normatividad vigente, no se lo autorizarían.

A pesar de las quejas de los vecinos, el locuaz edil se empecinó, y la 59 terminó con las lámparas azules colocadas en el piso, y al iniciar la administración de la priísta Escalante Castillo, se retiraron y se colocaron otras conforme a la normatividad del INAH. Con la excusa de exponer unas estatuas, el gobernador Fernando Eutimio Ortega Bernés cerró la calle sin decir agua va, al tiempo que abrieron nuevos negocios que en realidad operan como bares, sin que se sepa aún cuáles son sus giros legalmente autorizados.

Dos de esos bares denominados La Chopería y La Mezcalera, cuyos propietarios son Gaspar Ortega Sélem (cuya esposa colabora en el DIF Municipal con Marigely Escalante Castillo) y Carlos Núñez Pérez (compadre de Ortega Bernés), presentan por las noches grupos musicales, que mediante los decibeles de sus equipos de sonido compiten entre sí —están ubicados uno en contraesquina del otro— para atraer a noctámbulos y bohemios, especialmente jóvenes.

Músicos y bocinas permanecen en la calle, entre mesas y sillas de los negocios, y operan hasta altas horas de la madrugada, con lo cual violan leyes y reglamentos federales, estatales y municipales, y según la queja transmitida por la Canaco-Servytur y la AHMC, afecta a comerciantes, huéspedes y vecinos de los alrededores, al tiempo que el frente de la Iglesia de San Francisquito es usado como mingitorio público por los parroquianos.

Pero el Ayuntamiento de Campeche, según señaló su directora de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente, no puede someter al orden a La Chopería y a La Mezcalera, ni a nadie en la calle 59, porque los “Lineamientos del Corredor Turístico, Cultural y Comercial” son literalmente letra muerta, debido a que legalmente no han entrado en vigor, aunque el Cabildo los aprobó desde diciembre del 2013, pues no se cumplió el requisito de publicar la normatividad en el Periódico Oficial del Estado.

O sea, que si hay que señalar un culpable de que la situación se haya relajado hasta el grado de que se incurra en violaciones flagrantes a la ley en la calle peatonal del Centro Histórico, es el propio Ayuntamiento, y si más claridad quisiera encontrarse, entonces habría que preguntarle al secretario de la Comuna, Carlos Román Moreno Hernández, a la consejera jurídica Yolanda Linares Villalpando, al Cabildo y a la propia alcaldesa ¿por qué no han enviado los citados lineamientos para su publicación oficial, a fin de que entraran legalmente en vigor?

Cierto es, como lo dijo la directora Ruiz Gala, que en la regulación de las actividades del Corredor Turístico, Cultural y Comercial de la Calle 59, intervienen o deben intervenir autoridades de los tres niveles de gobierno, “desde el INAH y el Gobierno del Estado por la comercialización de alcohol, hasta el Ayuntamiento de Campeche por el uso de suelo y otros permisos”, pero es la Comuna quien incumplió el requisito de publicar oficialmente los multicitados lineamientos, ¿o acaso los enviaron y la Dirección del órgano oficial no los publicó?

Como quiera que haya sido, la 59 no sólo sigue siendo la cantina al aire libre más grande del Centro Histórico, sino que supuestamente no puede ser sometida al orden, al menos por ahora. Tal versión argumentativa parte de supuestos falsos. Los gobiernos Municipal y Estatal son los que otorgan las licencias de uso de suelo y de funcionamiento de bares, discotecas, cantinas y expendios de bebidas embriagantes, de acuerdo con la ley respectiva. O sea, que si hay asa de donde agarrarse para corregir, lo que por ahora nos ventilan como un imposible.

Hay que atender y considerar también la opinión del propietario de La Chopería, Gaspar Ortega Sélem, de que un Centro Histórico muerto, nunca será propicio para atraer el turismo de reuniones. Los empresarios de la calle peatonal, argumentó, trabajan “para que la ciudad tenga movimiento nocturno, porque de lo contrario no será atractiva para el turismo de congresos y convenciones, porque nadie quiere ir a una ciudad aburrida”.

No hay duda de que la vida nocturna de las ciudades constituye un atractivo para el turismo extranjero y nacional, como también para los campechanos, cuya mayoría seguramente no desea vivir en una ciudad aburrida o muerta. Eso no ha sido cuestionado por la Canaco-Servytur ni por la Asociación de Hoteles y Moteles. Lo que censuran, critican y exponen es la venta indiscriminada de alcohol  y los altos decibeles por los grupos musicales y sus equipos de sonido que presentan La Chopería y La Mezcalera.

Este es el quid del asunto. La queja se sintetiza en la permisividad o tolerancia de las autoridades federales, estatales y municipales a acciones metalegales, cuando están obligadas a aplicar leyes y reglamentos que permitan el desarrollo de la actividad nocturna con apego a la ley, con giros y horarios de funcionamiento determinados. Verificar el cumplimiento de los empresarios a sus obligaciones tributarias, a manejar en forma adecuada la basura, a garantizar higiene y buena atención, y sin dañar la imagen urbana de la ciudad.

Además, se requiere la coordinación del Ayuntamiento con los empresarios de esa calle para cumplir el aspecto cultural, que fue la motivación para decidir que se cerrara al tránsito vehicular. Hasta la fecha, la función de esa arteria se reduce en la instalación de esculturas de artistas foráneos, sin  absolutamente nada que lleve a la promoción del arte y la cultura realmente representativa de nuestra entidad. El corredor tiene algo de turístico, mucho de comercial, bastante de alcoholismo y nada de cultural. Hay normas para enderezar la situación. Sólo falta la decisión de aplicarlas.

Entresemana se elabora con aportaciones de periodistas y colaboradores de TRIBUNA.

 

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