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Alitomanía

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Hace seis años se hizo presente la Fernandomanía, pues la evidente simpatía que entre los posibles votantes tenía Fernando Ortega Bernés garantizaba un triunfo rotundo, lo que se demostró luego en las urnas. Hoy, a seis meses de concluir su labor como gobernador del Estado, a mi juicio ha cumplido hasta donde ha podido con sus compromisos de campaña, y digo hasta donde ha podido porque por problemas económicos federales la entidad ha resentido diversos recortes presupuestales no previstos, y además habrá tenido la osadía de construir el magadrenaje, obra postergada durante muchos años pero urgente de realizar, lo que forzosamente tenía que afectar no sólo el cotidiano tránsito citadino, sino también a los negocios establecidos en las rutas de esa obra.

Se presenta ahora, como muestra de la fortaleza del Partido Revolucionario Institucional, un renovado fenómeno de intención electoral, porque cuando competían al menos dos excelentes cuadros por obtener la candidatura para gobernar a Campeche durante el sexenio 2015-2021, como ejemplo de democracia política uno de ellos resultó ganador: Alejando Moreno Cárdenas, más conocido como Alito.

La alitomanía viene a ser, entonces, la segunda ocasión que en el Estado se despierta tal euforia política. Su antecedente más próximo, que yo recuerde, fue durante la campaña de Carlos “El Negro” Sansores.

Una comparación que no tiene la intención de opinar sobre quién es mejor, tarea que no corresponde a persona alguna sino al juicio de la historia, es decir, que en tanto FOB ha sido muy cauto y muy institucional, se antoja creer que AMC orientará sus ímpetus juveniles para ser más insistente ante quienes corresponda para obtener para el Estado más recursos de los aprobados en el Congreso federal. Y al escribir esto me conduce involuntariamente al episodio aquel en que la Federación no reconocía a Tabasco como Estado petrolero, y el gobernador  de entonces encabezó una marcha hacia la Ciudad de México, habiendo antes convocado a personas de todos los sectores de la población que se adhirieron a dicha marcha.

En sus discursos, AMC me ha sorprendido con su oratoria despojada de lugares comunes, insistiendo todo el tiempo en que no palomeará a nadie para el proceso electoral que se avecina, sino que lo deseable para él es que queden los mejor posicionados para enfrentar con éxito a la oposición, y que no quiere en su gobierno a improvisados.

Ojalá que además de improvisados no acepte tampoco en ningún estrato gubernamental a personas que han demostrado ineficacia y/o deshonestidad en cargos anteriores. Eso le garantizaría contar con un equipo que haga historia y que dignifique así a la tan vilipendiada actividad llamada política.

Fernando Almeyda Cobos

 

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