Tribuna Campeche

Diario Independiente

Sociedad y salud mental

En un programa de televisión escuché a un psicólogo exponer el tema de la salud mental. Señalaba cómo la mayoría de las veces las personas le ponemos poca atención a este aspecto, ya que se ha considerado que la salud mental está implícita en la salud física. Es decir, se ha tenido la idea de que si estás bien físicamente, lo estás también mentalmente, cosa que no es necesariamente cierto.

Este tema surge en relación a Andrea Lubitz, el copiloto del avión de Germanwings cuya deficiente salud mental dio como consecuencia que tomara la decisión de impactar intencionalmente el avión que piloteaba contra los Alpes franceses, privando de la vida a un número considerable de pasajeros que nunca sospecharon que su seguridad estaba en manos de alguien con esas características.

Este tema es algo que, en lo particular, me llama la atención. ¿Será que todas las personas a las que se les ha conferido el poder para tomar decisiones importantes en nuestra sociedad tengan una buena salud mental? En caso de que la respuesta sea negativa, no tiene importancia si su grado académico es de maestría o doctorado o si constantemente se están capacitando. Todo eso no sirve de nada si se tiene una mala salud mental. Por eso habría que asegurarnos que las personas que estén en altos cargos no solamente aprueben sus exámenes de confianza, sino inclusive que tengan una buena salud mental, ya que sus decisiones repercuten en nuestra sociedad y, como en el caso de Germanwings, corremos el riesgo que nos lleven al desastre.

Constantemente vemos que nuestra sociedad acusa una mala salud mental y no le damos la importancia debida. Si resulta difícil aceptar esta realidad, es casi imposible admitirlo en el aspecto individual.

Como sociedad sí tenemos una mala salud mental y es fácil darnos cuenta de ello: cuando nuestros actos y decisiones afectan a los segmentos más vulnerables, a quienes se nos encomendó protegerlos y llevarlos al desarrollo, pero por nuestra ambición, avaricia y egocentrismo faltamos a ese compromiso.

Esto sin duda nos muestra nuestra mala salud mental, pero lo vemos cínicamente como algo “normal” sin darnos cuenta que estamos en un problema. La falta de salud es un estado mental conformado por percepciones que difieren o no armonizan con la realidad.

Cuando te tomas el tiempo para darte cuenta de ciertas incongruencias en nuestra realidad, puedes percibir que hay cosas que pudieran parecer graciosas o inofensivas, pero lo que muestra tales incongruencias es esa falta de salud mental.

Por ejemplo, y sin herir susceptibilidades, en este periodo de Semana Santa hubieron manifestaciones bien intencionadas, pero muy desafortunadas, que hizo un determinado líder religioso que sostuvo: “La victoria se obtiene a través del sufrimiento”. Esto, con todo respeto, es irracional, ya que nos llevaría a pensar que todo el que está sufriendo se encuentra en buen camino, y que ese simple hecho le asegura “la victoria”, y el que no lo esté debe buscar el sufrimiento a toda costa porque ese es “el camino para obtener la victoria”.

Nada más irracional y fanático que esto, pero esta irracionalidad no sólo se da en este ámbito, sino también en el de los compromisos, generalmente bien intencionados, que muchas veces llevan a cabo los organismos internacionales como lo es la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), cuya misión es promover políticas que mejoren el bienestar económico y social de las personas alrededor del mundo.

Así, este organismo intenta mejorar el bienestar de las personas por medio de la educación financiera, a través del uso de instrumentos financieros que manejan los bancos. Pero… ¿Me quieren decir cómo le vamos hacer en México, cuando tenemos 61.5 millones de individuos en extrema pobreza y lo que están buscando es cómo llevarse el pan a la boca?

Ese posicionamiento es una locura de la OCDE, dicho con todo respeto. Déjenme decirles que su servidor se ha puesto en contacto con este organismo en la búsqueda de instrumentos que me permitan mostrar a las personas cómo mejorar su bienestar. Sin embargo, el mecanismo actúa de una manera formal, por medio de instituciones de las que únicamente recibo sus boletines carentes de compromiso.

Sí, me queda claro que, hoy por hoy, cualquier mejoría a la que aspiremos en nuestra sociedad necesariamente tendría que comenzar por procurar una buena salud mental en todos.

José Guadalupe Celis Pérez