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Un viaje a Xcampeu y Bobolá

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Fuimos a Xcampeu mi ashram Abelardo Carrillo, Sergio Leal y el doctor Ávila para que aparte de conocer mi refugio y de mi familia directa, investigáramos las existencias de un camino que comunicara a Bobolá hasta la carretera de Chiná.

A eso nos dedicamos después de un breve recorrido por mi humilde terreno (menos de una hectárea) pasando por extensiones de papayales de papaya maradona de varias hectáreas, en plena producción en ese poblado de Bobolá; cuenta con riego a cargo de Conagua y existen otras hectáreas en producción con viveros de hortalizas y qué sé yo cuántas cosas más. Hay apiarios también.

Precisamente ese día estaba un tráiler cargando con cientos de papayas que serían llevadas para su venta fuera del Estado y que utilizan ese camino rústico que les comunica hasta la carretera a Chiná y Guayamón, evitándoles tener que llegar por el periférico hasta la desviación para Los Chenes, pasando por Castamay para luego tomar el desvío hacia Xcampeu hasta llegar a Bobolá, ¡uff! Tremendo ahorro en kilómetros, gasolina, etc. Posterior al encuentro con el tráiler y asegurándonos que sí existía ese camino, los trabajadores no lo aseguraron confiándonos que precisamente aquel camión había llegado hasta Bobolá transitando ese camino de cerca de tres kilómetros.

Y nos arriesgamos a recorrerlo so pena de morir en esa travesía a través del sofocante clima; y así nos lanzamos por esa vereda-brecha, camino rústico, limitados a cada lado del mismo por arbustos y árboles que rallaban la camioneta de Sergio y ponían en peligro la pintura; el camino en sí, lleno de piedras y bien disparejo, con riesgo de romperse una llanta, o una suspensión y ni que decir de la chinga en caso de encontrarnos con otro camión u otro vehículo, para poder maniobrar y permitir el paso de ambos.

Afortunadamente como la dificultad del camino limita su uso, no llegamos a esa contingencia, ni fuimos atacados por algún animal salvaje que se habría dado tremendo banquete con estos osados aventureros, ni por otro lado fuimos secuestrados, pues bien existía el riesgo ya que con nosotros estaba acompañándonos nada menos que un ex gobernador que como todos ellos no faltaría uno que otro que le tuviera envidia o rencor, a pesar de haber sido un gobernante no tan malo, y por lo menos nunca se le subió la caca a la cabeza y continúa con su sencillez, bonhomía y don de gentes como cuando vivimos de niños en esa calle 57 del centro de mis recuerdos.

Y llegamos a la meta añorada al encontrar el entronque con la carretera de Chiná y Guayamón, detrás en caso de venir del periférico encaminado hacia Guayamón y Edzná.

Mi felicidad fue enorme, primeramente por no haber perdido la vida en esa extraordinaria y arriesgada aventura; segundo porque al fin pude comprobar la existencia de esa comunicación terrena tan añorada y esperaba por el humilde escritor que la reseña y que espero también lo sea por los habitantes de esos rumbos de Bobolá, por el potencial que significa para disminuir en costo, tiempo y esfuerzo, el tráfico de los productos hacia la ciudad y hacia otras ciudades en que se comercialicen dichos productos. Y en cuanto a la salud, ni que decir.

Imaginémonos que beneficio para los necesitados cuando una urgencia médica se presente y en vez de dar esa vueltesota ya descrita hacia los Chenes, pasando por Castamay, luego desviándose hacia Xcampeu para terminar en Bobolá, utilizando esa brecha (ahora) que esperemos se convierta en pequeña carretera de tres kilómetros, el ahorro en tiempo, muchas veces vital para sobrevivir a una contingencia médica será de indudable beneficio para esos pobladores.

Un ejemplo: cuando la comadrona o partera del pueblo, recientemente reconocida con el premio de San Francisco de Campeche, necesitara un traslado de alguna parturienta por presentar una complicación que requiera cirugía, ese camino facilitaría enormemente la buena solución a ese problema para el bienestar de la madre y su hijo. Y así, por muchas cosas más, sería buenísimo construir esa carretera para beneficiar a esos pobladores y empresarios que ya invierten en esas tierras.

Ya tranquilos, con la satisfacción del deber cumplido y siendo aproximadamente las 10:00 horas de la mañana, el desayuno era necesario y bien merecido por la odisea descrita ya vivida, y en especial por haber arriesgado nuestra integridad física.

Y desayunamos algunos en forma muy ligera (yo), y los otros con pechugas y carne de res a la plancha. A la hora de pagar, al solicitar la cuenta el que esto relata, resultó que Lalo (el ex gober) ya la había cubierto y yo encorajinado le reclamé el por qué, a lo que me contestó pagándola en abonos. ¡Vale!

Manuel R. Gantús Castro

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