Tribuna Campeche

Diario Independiente

Dejarse acariciar

Existen muchas razones por la que deseamos que nos toquen. La más sencilla y profunda es porque la caricia nos puede sanar los padecimientos que nos agobian en la vida. Todo se diluye cuando alguien nos abraza y nos ofrece alivio.

Más allá del habla, acariciar a alguien se convierte en el gesto común, en la energía que conecta todo lo vivo en nuestro entorno con todo lo vivo en nuestro interior.

Seamos católicos, musulmanes o judíos seríamos capaces de derrumbar los más sólidos muros con los que nuestras creencias nos han aprisionado, con tal de recibir el dulce toque de una mano compasiva.

Muy a menudo nos da temor permitirle la entrada a otros porque tenemos miedo a que nos lastimen. Sin embargo, conscientes del bálsamo que ofrece la caricia humana, buscamos ese contacto para que alivie asuntos que sólo nosotros podríamos remediar.

Aquí la pregunta sería cuándo y cómo debemos abrirnos para recibir la caricia, porque en realidad, la necesidad de ser acariciados nunca cesa, de la misma forma que tenemos de respirar.

Más allá de las preocupaciones y el miedo a que nos lastimen, rechacen o se aprovechen de nosotros, más allá de pretextos y explicaciones, está el sencillo pulso que necesitamos que nos brinden para sentirnos plenos.

Rosa María Lara de Rullán