Inicio»Opinión»La democracia directa, en pañales

La democracia directa, en pañales

0
Compartidos
Google+

A fin de legitimar las decisiones gubernamentales y los regímenes políticos sobre la base de la capacidad de participación política de la ciudadanía, se ha puesto de nuevo en el debate la necesidad de buscar mecanismos que integren la democracia representativa con la democracia directa.

Según Giovanni Sartori, la democracia directa se refiere a una forma de gobierno en la cual el pueblo participa de manera continua en el ejercicio directo del poder; es decir que el pueblo, reunido en asamblea, delibera y decide en torno a los asuntos públicos.

El desplazamiento de la democracia representativa a favor de la democracia directa se sustenta en el insuficiente control por parte del electorado y la tardada y costosa corrección de que las decisiones tomadas por sus “representantes”, no respondan adecuadamente a la voluntad de la ciudadanía.

Debido al afianzamiento de los sistemas de democracia representativa y de sus virtudes en las sociedades, los defensores de la democracia directa claman a favor de la instauración de mecanismos que resuelvan los problemas de la intervención directa de la ciudadanía en la toma de las decisiones públicas.

Ante la imposibilidad de la instauración total de la democracia pura o directa en las sociedades modernas, se integran a los mecanismos de la democracia representativa el plebiscito, el referéndum, la iniciativa popular y la revocación de mandato, reconocidos como formas de la democracia directa. En términos institucionales, la relación entre ambas formas de democracia tiende a ser más complementaria que antagónica.

El progreso alcanzado en ciertas sociedades desarrolladas en términos de equidad en oportunidades económicas y educacionales entre amplios estratos de la población y de mayor formación educativa de sus electorados; la revolución informática y las nuevas tecnologías de comunicación posibilitan la realización efectiva de referendos frecuentes sin mayores costos para la sociedad.

Bobbio (1985) dice que el proceso de ampliación de la democracia en la sociedad moderna se presenta, sobre todo, mediante la extensión de la democratización, entendida como institución y ejercicio de procedimientos que permiten la participación de los interesados en las deliberaciones de un cuerpo colectivo.

El avance hacia la democracia directa exige que los electores estén bien informados y gocen de un nivel de educación relativamente elevado, pero también de una prosperidad material suficiente para comprender que son responsables del futuro de su país (Beedham, 1993). Sin duda, se deben volver los ojos al ejemplo de Suiza.

Nueve de cada diez países o territorios en el mundo tienen uno o más instrumentos de democracia directa, entre ellos el derecho de iniciativa a proponer nuevas leyes o plantear reformas constitucionales, someter a referendo leyes vigentes o nuevas constituciones, así como de revocarle el cargo, antes del término de su mandato, a un representante elegido.

En México, las instituciones de democracia directa se han expandido de manera importante, pues 23 de las 31 constituciones de las entidades federativas y el estatuto político del Distrito Federal, han establecido formas de la democracia directa, aunque con ciertas restricciones territoriales, poblacionales y tributarias, que han restringido su utilización. La Constitución federal mexicana no las integra, tampoco la de Campeche. Debemos entender que la democracia directa aún está en pañales.

Jaime Mireles Rangel

Noticia anterior

Protagoniza fémina carambola

Siguiente noticia

Llama CNTE a protestar contra las evaluaciones

46 Comentarios