Tribuna Campeche

Diario Independiente

Trump non grato

Debería el ministro Meade considerarlo non grato para México.

Donald Trump es un neoyorquino que de joven tuvo que ser enviado a una escuela militar, a estudiar la secundaria, para ser conductualmente disciplinado.

Siendo su padre dueño de una firma inmobiliaria y desarrollador de viviendas para la clase media —en Atlantic City— pronto transmitió a Donald, ya quietecito, los vericuetos no siempre honorables de esa actividad. Y resultó un buen alumno, no faltaba más.

Con maña y audacia, inteligentemente aplicadas, logró poco a poco destacar en el negocio inmobiliario por gran parte de los Estados Unidos siempre ufanándose de su apellido con narcisismo que se le toleraba. A uno de sus más grandes edificios lo bautizó como la Torre Trump.

En el 2007 quiso extender sus tentáculos financieros a México y ostentosamente difundió en el mundo del dinero su proyecto Trump Ocean Resort Baja, que consistía en construir 526 departamentos de lujo en Tijuana, Baja California. Pero la crisis financiera estadunidense que se inició precisamente por problemas financieros de las firmas inmobiliarias, obligó a desistir de ese proyecto en cuyas bases ya se había invertido gran capital, y Trump no tenía para devolver a los más de 100 clientes que ya habían depositado una cantidad inicial de 250 mil dólares cada uno, por departamentos con costos variables entre 300 y tres millones de dólares.

Donald Trump, con deshonestidad y desparpajo, le echó la culpa a sus socios diciendo que él sólo había puesto su nombre, pero aún así no se libró de un largo proceso judicial, iniciado en el 2008, en el curso del cual salió a relucir que no era la primera vez en que trataba de sacar ventaja pues tenía firmados contratos con empresas que por sólo dejar que usaran su nombre cobraba 4 millones de dólares lo que lo obligaba, para hacer parecer real esa farsa,  a hacer dos presentaciones públicas por cada contrato para vender departamentos, presentaciones de no más de seis horas cada una.

Lo de Tijuana había sido su Waterloo, y no lo olvidaría nunca. Por eso cuando Alejandro González Iñárritu obtuvo su merecido Óscar cinematográfico, Trump tuiteó que había ganado una demanda en México y que no pudo cobrarla por el corrupto sistema de ese país.

Y ahora que anunció públicamente su intención de competir electoralmente por la Presidencia de los Estados Unidos, a través del partido republicano, destacó entre sus intenciones, si gana, que mandaría a construir una muralla inexpugnable entre México y los Estados Unidos para impedir la entrada de los mafiosos y violadores que el Gobierno mexicano envía para allá.

Estúpido gringo que por la supremacía de la que están enfermos muchos conciudadanos suyos, intenta ignorar la realidad como es habitual en él cuando a sus interés le conviene, pues si tuviera un poco de honestidad tendría qué reconocer que si los estadunidenses no consumieran tanta droga no tendrían convertido a su país en el más preciado cliente mundial de los narcotraficantes internacionales. Y que si sus fabricantes de armas, al amparo de su segunda enmienda, no vendieran tantas armas de manera tan indiscriminada, esos narcotraficantes no tendrían tanto poder.

Debería el ministro Meade considerarlo non grato para México. Y el Congreso de la Unión avalar esa decisión.

Fernando Almeyda Cobos