Tribuna Campeche

Diario Independiente

La musa de la pasión

Muchas mujeres desean dejarse llevar, pero a una distancia prudente y en dosis pequeñas.

Susurros

La pasión es convertirse en persona.

Muchas mujeres desean dejarse llevar, pero a una distancia prudente y en dosis pequeñas.

Por eso nos sentimos atraídas por las películas y novelas románticas, los flirteos platónicos.

Y es que la pasión entraña el total abandono de la razón en pos del placer.

Las mujeres apasionadas no pueden dejar de regocijarse con sus emociones, deleitarse con sus deseos, aullar a la luna, poner en práctica sus fantasías.

El resto, tenemos responsabilidades con la vida real, que nos dejan poco margen (o al menos eso pensamos).

Lo que percibimos es que la pasión entraña el total abandono de la razón en pos del placer.

La pasión es salvaje, caótica, imprevisible aullar a la luna y poner en práctica sus fantasías.

Lo que no percibimos es que la pasión es la musa de la autenticidad.

Es la energía primordial y palpitante que infunde vida en cada latido de nuestros corazones.

La pasión no sólo se hace patente en el tema del amor romántico y fogoso. También se hace patente en cultivar rosas, cuidar un enfermo, preparar una cena especial.

Todos los días tenemos la oportunidad de llevar una vida apasionada y no pasiva.

La pasión es sagrada, un profundo misterio que trasciende y transforma mediante el éxtasis.

Tenemos que aceptar que un fuego sagrado arde en nuestro interior.

La pasión forma parte de nuestra vida real, porque fuimos creados por el amor para amar. Si no exteriorizamos nuestras pasiones, seremos víctimas de la autodestrucción.

¿Sabes que tanto el Corán, el libro sagrado del Islam, como el Talmud judío, enseña que seremos llamados para responder de cualquier vida de placeres permitidos que nos ofrecieron, y nos negamos  a disfrutar mientras vivimos sobre la tierra.

“El único pecado que puede cometer la pasión es no traer alegría“.

 

Por: Rosa María Lara de Rullán