Tribuna Campeche

Diario Independiente

Lázaro Azar Elías

 

Era un estudiante de secundaria y ocasionalmente mi trayecto al Instituto Campechano lo realizaba por la calle 10. Viene a mi memoria que al caminar por el tramo entre las calles 51 y 53, la imagen de un hombre pulcro y elegante en su vestir; siempre de traje, chaleco y moño, permanecía de pie en la puerta de su establecimiento “Abraham Azar M. e Hijos S.A.”.

El nombre de este personaje: don Abraham Azar Mamery, originario del Líbano, que al igual que sus padres, abuelos y dos tías, hermanas de su padre, llegaron a nuestro país a principios del siglo XX, alrededor del año 1904; él con tan sólo 11 años de edad, dominaba al llegar a México, los idiomas árabe y francés, y llegó a aprender el maya, incluso antes que el castellano.

Llegaron a residir a la ciudad de Mérida, Yucatán, e instalaron un negocio al que pusieron por nombre “La Cilcaciana”, obteniendo un enorme prestigio por la delicadeza de lo que ahí se vendía, prendas para dama que se importaban de Inglaterra, Suecia, Alemania y Holanda, entre otros países europeos.

Conoció don Abraham en Mérida a la joven Amira Elías Merises, con la que contrae nupcias procreando siete hijos: Elsy, Lázaro, Nancy, Salomón, Alberto, Blanca Rosa y Lulú del Socorro. De ese tronco familiar cada uno de sus hijos forman sendas familias con reconocidos personajes campechanos: Carlos Lavalle G., Eneida Boldo F., Mario Solano G., Graciela Berrón N., —Yolanda Calderón Montero y en segundas nupcias con Norma Oreza—, Enrique Uribe C., y don Alberto Arceo Corcuera, referidos en el mismo orden de sus hijos.

Por la salud de su abuela doña Juana Mamery, el médico le prescribe vivan en una ciudad donde haya mar, y es Campeche la opción que consideran para radicar, ya que don Abraham venía realizando actos de comercio con algunas personas de esta región. Su primer hogar, una casa ubicada en la calle 57 número 15, en el corazón del Centro Histórico.

Permítanme, amables lectores, que sin más preámbulo me refiera al segundo de los Azar Elías, Lázaro, quien nació el lunes 5 de octubre del año 1931, ya adulto contrajo matrimonio con la señorita Eneida Boldo Fernández, con quien procrea un hijo al que ponen por nombre Lázaro, por cierto concertista excelso, reconocido no sólo a nivel nacional, sino internacional por la perfección con que arranca las notas del instrumento que domina, el piano.

Lázaro inicia el negocio con su padre en ese punto de la ciudad en el año 1949, donde se expendía todo tipo de mercadería desde línea blanca, enseres para el hogar, hasta discos, siempre atentos con sus clientes, por lo que pronto se ganaron el afecto de quienes ahí asistían.

Años después y por razones propias de la edad su padre se retira del negocio, y Lázaro continúa trabajando con el mismo entusiasmo que demostró siempre. Cabe señalar que nuestro personaje trabajó desde años atrás al lado de su progenitor, aún antes de instalarse de manera definitiva en el local de la calle 10, el negocio creció de tal manera que alquilar el edificio que en esa época se conocía como el Dancin Club, hoy Mansión Carbajal.

A su establecimiento asistían todo tipo de personas, entre ellas jóvenes estudiantes, que al salir de sus clases acudían a husmear entre las mercancías, estos últimos lo hacían de manera habitual y su hora de llegada era la una de la tarde.

Un miércoles 13 de septiembre del año 1989 inicia su trabajo como lo hacía de manera cotidiana. Pocos minutos antes de la una de la tarde se encontraba hablando por teléfono con el Dr. Carlos Acuña, cuando llega el cartero con correspondencia, por lo que deja la llamada para ir a la puerta a recogerla, al acercarse al umbral de ésta que daba a la calle, escuchó un fuerte ruido, una especie de explosión, encontrándose ya prácticamente en la calle, el techo del establecimiento había colapsado. La hora la recuerda con precisión, las 12:53.

Lázaro da gracias a Dios que en ese momento no había una sola persona en su establecimiento, reflexiona y no quiere ni imaginar si esto hubiese sucedido pocos minutos después cuando esos estudiantes estuvieran curioseando los discos que es generalmente a lo que iban. Fue un accidente sin pérdidas qué lamentar, incluso la persona que vivía en la planta alta se encontraba en el balcón platicando con una señora que se encontraba en la calle.

Con su patrimonio bajo escombros, rescata algunas cosas que en el establecimiento de Polito, su amigo, logra rematar.

El destino le marca nuevos retos. En el año 1990, Manolo Guerrero lo invita a incursionar en la venta de seguros, lo que viene realizando hasta la fecha. Recuerda que ese año logró la firma de 93 pólizas de vida. Hoy con algunos problemas de salud sigue trabajando con el mismo entusiasmo.

Ha sido pionero de todos los clubes de asistencia social de nuestra ciudad, servidor constante de asociaciones de beneficencia, fundador de otros tantos, una vida llena de servicios, lo que le han procurado muchas satisfacciones.

De este hombre se pudieran llenar muchas hojas de sus experiencias y de sus innumerables anécdotas. Son muchos los gozos que le ha dado el servir, y hace suyo lo señalado por la Madre Teresa de Calcuta: “El que no vive para servir, no sirve para vivir”.

Rodolfo Bernés Gómez