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RAMC, freno a la corrupción

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La palabra honestidad proviene del término latino honestĭtas, es la cualidad de honesto. La palabra hace referencia a la persona decente, decorosa, recatada, pundonoroso, razonable, justo, probo y honrado, como define el diccionario de la Real Academia Española (RAE).

La honestidad constituye una cualidad humana que consiste en comportarse y expresarse con sinceridad y coherencia, respetando los valores de la justicia y la verdad.

Actuar con honestidad requiere de un apego a la verdad que va más allá de las intenciones. Un hombre no puede actuar de acuerdo a sus propios intereses evadiendo información y ser calificado limpio.

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que la honestidad es un valor humano que significa que una persona honorable no sólo se respeta a sí misma, sino también al resto de sus semejantes. Sin olvidar tampoco otras características fundamentales inherentes a la honestidad, como son: la franqueza y la verdad.

Las circunstancias de México han puesto en primer plano la discusión sobre el Estado de Derecho y el cuestionamiento de prácticas institucionales que tradicionalmente ha ejercido el Estado.

La tortura, la violación a los derechos humanos, la impunidad, incluso las prácticas de corrupción tácitamente aceptadas por segmentos importantes de la población, no habían sido hasta ahora objeto de una crítica libre y abierta.

La sociedad está harta de que los gobiernos actúen de manera irresponsable, que rompan todas las reglas impuestas por ellos mismos. Es necesario reformular las condiciones para la existencia de un Estado de Derecho susceptible de ser respetado tanto por el gobernado como por el servidor público.

Alejandro Moreno Cárdenas tiene frescas las manifestaciones ciudadanas recogidas durante su campaña política y actúa en consecuencia, pues asegura que el dinero del pueblo se destinará para invertir en el bienestar de todos los campechanos.

Para lograrlo, asegura que es necesario trabajar en el fortalecimiento de los valores universalmente aceptados, como lo es la honestidad. ¿En dónde? Muy simple, en especial en el quehacer público, que es donde se ha fallado. La percepción ciudadana da por hecho que nunca tendremos un gobierno honesto.

El gobernador Moreno Cárdenas ha puesto el dedo en la llaga al reivindicar el derecho de la ciudadanía a la seguridad, a que la justicia se imparta equitativa y eficientemente, y a la necesidad de poner freno a prácticas corruptas por parte de servidores públicos y de la propia ciudadanía.

Los esfuerzos en la primera semana de gobierno se concentraron en el fortalecimiento del nuevo Sistema de Justicia Penal en Campeche, impulsar la seguridad, la educación, el turismo y se trabaja con intensidad en la formulación del Plan Estatal de Desarrollo. Tan sólo en educación se gestionan 700 millones de pesos para mejorar planteles y maximizar capacidades y talentos.

En la actualidad existen estudios teóricos que sostienen que la preservación y respeto del Estado de Derecho están vinculados a la instrumentación de mecanismos administrativos de control, coacción y castigo, con cuya aplicación quedaría garantizado el respeto a la legalidad.

Una cultura de la legalidad se basa en el respeto y la confianza ciudadana hacia las instituciones, en la certeza de que los infractores de la ley serán sancionados y que los empleados públicos son, ante todo, servidores no sujetos privilegiados y de influencia ilimitada. Esto es lo que pide el pueblo y, a mi entender, lo que ofrece Moreno Cárdenas.

Jaime Mireles Rangel

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