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La detestable moda del “bullying”

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Bullying es un anglisismo que no forma parte del diccionario de la Real Academia Española (RAE), que no es más que una hostil maniobra y que también se le conoce como acoso escolar, por el que se entiende el hostigamiento y maltrato verbal o físico que sufren los alumnos por parte de sus compañeros y, en ocasiones, por acción u omisión de los propios profesores, y que se presenta de forma reiterada en un lapso de tiempo determinado. Para que ocurra debe haber un sujeto acosador y una víctima. El sujeto maltratado queda expuesto física y emocionalmente ante el sujeto maltratador. Los especialistas del tema señalan que no existe un salón de clases sin un “bullying”.

Esta hostil acción no es casual, sino negativa e intencionada y sitúa a las víctimas en posiciones de las que difícilmente pueden salir por sus propios medios. El objetivo del manipulador escolar es intimidar, someter, asustar, apocar y consumir emocional e intelectualmente a la víctima. Con ello, lo deja totalmente indefenso a sus fines y artimañas.

Este asedio genera una serie de secuelas psicológicas que perduran en el tiempo, en forma de aparición de cuadros como: disminución de la autoestima, estados de ansiedad, depresión e incluso de estrés infantil, que perjudican y dificultan su evolución e integración a mediano y largo plazo en el medio escolar.

Las razones del “bullying” son muchas y tocan varios aspectos. La violencia entre los alumnos se ha acentuado en los últimos años debido a la disminución del tiempo que pasan los padres con los hijos. Los niños tienen una gran capacidad para hacer daño precisamente porque no son conscientes del daño que hacen, de las consecuencias de sus acciones y no han desarrollado todavía una guía ético-moral para decidir su modo de conducirse en la vida.

Si a lo anterior le sumamos que las nuevas tecnologías permiten al abusador seguir a su víctima por los espacios virtuales, amenazarlo por mensajes de texto, exhibir sus momentos de debilidad en la Internet y propagar cualquier rumor a la velocidad de la luz, los niños de hoy están más expuestos que nunca ante la presión social que trata muy dura e injustamente a los débiles, los tímidos, los inseguros y, básicamente a todo aquel que pueda ser atacado, criticado o excluido del grupo social más dominante.

Un hecho todavía más alarmante es el de que, en una sociedad hiper-sexualizada, la violencia ejercida contra los compañeros y compañeras cada vez más por el insulto, la presión, y el acoso sexual. Si los niños no tienen formada una guía moral para detener las pequeñas faltas, cuando llegan a sentir las urgencias y descontroles de la pubertad, no tendrán tampoco freno para buscar satisfacerse, buscando no con quien compartir, sino de quien aprovecharse.

No están recibiendo una formación emocional en casa, mucho menos en la escuela, para entender los valores de la tolerancia a quienes tienen afectos diferentes, el respeto a la libertad y a la auto-determinación sexual de los demás y su derecho de decir no.

Los verdaderos profesores, los que son buenos en su trabajo y lo aman, tienen el gran problema de que la autoridad que los padres dejan de tener sobre sus hijos no recae en ellos, sino todo lo contrario; el consejo, la guía o la reprimenda que cada niño necesite para madurar, si no le es dada por sus propios padres, no será aceptada de nadie más. El maestro ha perdido de manera muy rápida, en el paso de sólo dos generaciones, el aura de hombre sabio y justo, estudioso de la pedagogía y con la experiencia necesaria para educar, en el sentido más integral de la palabra, a sus alumnos.

El problema del “bullying” es la forma más cruda y burda de la manipulación que puede hacer que una persona se sienta desvalorizada, no merecedora de la más mínima compasión o muestra de cariño, y que será incapaz de amarse a sí mismo o de formar una relación que no esté basada en la violencia, sea ésta física o psicológica, explícita o implícita.

Una sociedad en donde existe el “bullying” es una sociedad que cree que es normal algún tipo de violencia; que es “natural” burlarse del diferente, del débil, del niño en situación difícil o del homosexual y, todavía peor, una sociedad que no acepta ninguna responsabilidad sobre la violencia que ejerce, suponiendo que la culpa de esa conducta está en la víctima “porque se deja”.

Por lo que la eliminación del acoso escolar es responsabilidad de la sociedad entera, de los medios de comunicación, de las comisiones de derechos humanos, y sobre todo, por ser en ellos donde se presenta y manifiesta el problema, en los centros educativos.

Tenemos que ponernos las “pilas” y trabajar sin excusas para que la escuela sea un lugar seguro y es responsabilidad de todos lograr que así sea.

Rafael Martínez Castro

 

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