Tribuna Campeche

Diario Independiente

A propósito de nombres raros

“Hombre facilito: de fácil accesibilidad, afectuoso, dispuesto siempre a ayudar. Lenguaje coloquial”.

En el artículo 46 de la Ley del Registro Civil de Sonora se prohíbe a los oficiales del ramo asentar en sus libros nombres de niños escogidos por sus padres, que posteriormente pudieran servir para que otros niños se burlen de ellos. Y tienen una larga lista de esos nombres “peyorativos”, de la cual menciono unos cuantos: Batman, Supermán, Harry Potter, Robocop, Facebook, Aceituno, Exsuperancio, Aniversario de la Revolución Mexicana, Einstein Galileo, Arcenio Chapingo, Capullo Celeste,  Masiosare, y muchos más.

En esa misma ley también se prohíbe poner más de dos nombres: Agustín Lara quedó registrado, donde nació, como “Ángel Agustín María Carlos Fausto Mariano Alfonso del Sagrado Corazón de Jesús Lara y Aguirre del Pino”.

Aquí en nuestra entidad hay opiniones similares, muy respetables, a las de Sonora. Y no tengo la menor duda de que son muy bien intencionadas, pero creo que la ley de Sonora es anticonstitucional, pues no se debe coartar el derecho de los padres de ponerles a sus hijos el o los nombres que consideren adecuados. Lo que considero que se puede, y debería hacerse, es que en cada oficina de Registro Civil se exhiba en un lugar visible la enorme cantidad de nombres que se “recomienda” no poner a sus hijos.

Todo este asunto me recuerda que en la película El Padrecito, el presbítero Cantinflas le preguntó al papá del niño que llevó a bautizar: “¿Y cómo se va a llamar el “interfeito”?/. Nepomuceno, contestó con orgullo el papá/. ¿Y por qué Nepomuceno?/. Porque así me llamo yo/. ¿Y qué culpa tiene el inocente?

Lo que sí debería hacerse, también, es darle clases de ortografía a los oficiales del Registro Civil, pues es posible que uno de cada cinco, con frecuencia se equivoca al asentar los nombres escogidos, y ponen Enrrique en vez de Enrique, Eguán en vez de Euán, Garcia en vez de García, Almeida en vez de Almeyda, etcétera, y de esos errores se dan cuenta hasta que para entrar a la escuela le piden su acta de nacimiento.

Actualmente la ley correspondiente ya permite que una persona, a cierta edad mínima, solicite y obtenga cambio de su nombre.

Pero como siempre, es posible que el equivocado sea yo.

Fernando Almeyda Cobos