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Memorias de un desmemoriado

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9ª entrega

Continuando con el internado y secundado con las situaciones que se presentaron, circunstanciales, como la huelga médica que retrasó el inicio del internado, el cambio de hospital de Orizaba a Veracruz puerto, fueron determinantes para mi carrera y especialidad y hasta en mi futura vida y casamiento.

Debido al cambio de hospital ya señalado y durante mi paso por el laboratorio y Banco de Sangre del Hospital Regional IMSS, establecí una amistad muy fructífera con el personal de ese laboratorio, amistad que perdura hasta hoy; y dentro de ese personal estaba la química Rosita Zabala, quien estaba por recibir a una sobrina que llegaría a Veracruz a pasar unos días de vacaciones, para lo cual me pidió que si me era posible conviviera con ella y la paseara para hacer más sencilla la visita.

La sobrina de apenas 17 años (o eran 16?) llamada Carmen Josefa, a la postre terminó siendo mi esposa… hasta el día de hoy. Y lo señalo para recalcar cómo las circunstancias: Cambio de Orizaba al puerto, coincidencia que en los días de la visita de la sobrina yo estaba cubriendo mi turno de rotación, precisamente en el laboratorio, y además la existencia de una amistad que permitió que la sobrina me fuera presentada y de ahí hasta la boda, no sin antes pasar algunas situaciones dolorosas y penosas para el que esto escribe, con daño colateral no deseado, no buscado, pero que ocurrió sin dolo ni planeado.

En cuanto a mi especialidad, precisamente durante mi rotación cubrí el área de Gineco Obstetricia y me enfrenté a esa especialidad que marcó definitivamente mi futuro médico al decidirme, desde entonces, que esa rama de la medicina sería mi especialidad; como complemento del gusto hay que señalar también que me tocó un grupo de obstetras cuyas enseñanzas y dedicación fueron un ejemplo que aseguró más mi decisión, y en especial el parto.

El ser testigo de un nacimiento es algo que es comparado a una experiencia religiosa, como dice la canción, el ser testigo y ayudante de ese milagro de vida significó para mi algo imposible de explicar, las palabras existentes no son suficientes para dejar explícitamente claro el sentimiento, y aún después de más de 45 años de ejercer esa especialidad, aún ahora, mañana si se quiere, el ser testigo de un nacimiento me sigue produciendo ese sentimiento que acelera mi corazón, que me deja sin poder entender cómo ese milagro vuelve a dejarme sin habla y llenarme de un algo imposible de explicar. Y no digamos cuando estudiamos y científicamente aprendemos la formación de un bebé, desde la fecundación hasta el desarrollo que concluirá en la magia de ver emerger un ser vivo con todo lo que eso significa.

Y en ese momento el mundo desaparece, solamente la magia de ese ser vivo se apodera del universo, de ese microcosmos, y la contemplación, imposible de desaparecer, imposible de cambiarse, hace olvidar el cansancio, y la sonrisa de la madre al tener a su hijo completa ese milagro.

El futuro de la especialidad escogida me deparará más dicha que dolor, más entendimiento que diferencias, y aún ya en mi madurez (no vejez), el milagro se hace presente y me acompañará en lo que me quede de camino… y por eso doy gracias.

Antes de pasar al servicio social quiero hacer notar que desde esos años las inquietudes sociales ya ocupaban mi quehacer, en forma natural y aún sin ser consciente de ello. Así sucedió cuando fuimos partícipes de la primera huelga en esa Facultad de Medicina liderada por un cuate de Jalapa y que cada año casualmente viajaba a Cuba invitado por el gobierno de Castro, y que también casualmente fuimos compañeros de casa por un año y que con el paso de los años terminó siendo parte del movimiento guerrillero y asesinado en un enfrentamiento en algún lugar del país. Buen cuate este Zárate, coherente hasta el fin. Lo recuerdo bien.

Luego fui enviado como representante de nuestro hospital al DF cuando la huelga médica, como ya relaté. Posteriormente ya en mi especialidad en La Raza inicié mis escritos críticos, en ese entonces acerca de las injusticias que se vivían en ese HGO No. 3 del IMSS sito en el CMN La Raza y que ya relataré más detalladamente.

Y así dejando las aventuras de mi moto que me pedían “prestada” (por no decir robada temporalmente) De la Peña, Aznar y el Cuaco y no sé cuántos más; dejando atrás el uso de mi rasuradora eléctrica por el Cuaco, dejando atrás las razones por las que Luis Toraya tenía novias guapísimas y ricas; dejando atrás mi Hillman y las excursiones a casas non sanctas en las que tanto Luis Toraya como De la Peña y el multicitado Cuaco hacían bilis por no haber ganado el volado… Y tantas cosas más.

Continuará.

Manuel R. Gantús Castro

 

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