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Chavo Acosta

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El amor al arte da plenitud a la vida, lo material pasa. Sólo perdura lo bello, creación eterna del espíritu.

Luis A. Ferré.

Su nombre: Salvador Acosta de la Cruz, a quien sus amigos, y a los que no lo eran, lo conocían como Chavo Acosta. Tipo singular con una pasión por la pintura, ¡que llevaba en la sangre!

Su tío, el maestro de pintura Manuel de la Cruz, seguramente en algo o mucho influyó para que tomara el camino de las artes plásticas.

No recuerdo cuándo lo conocí, pero a partir de ello tuve con él una buena amistad, basada en la camaradería y el respeto. Contábamos con muchos amigos comunes, entre ellos Javier García González, Rafael Martínez Castro y Héctor Lara, entre otros; en muchas ocasiones después de pintar un cuadro, se lo echaba a cuestas y salía a visitar a sus amigos a ver quién se interesaba por él.

Recuerdo mucho que en una ocasión me encontraba con Héctor en el establecimiento de mi padre, y Chavo Acosta llevaba a vender un cuadro al óleo, donde el personaje principal era un búho; a Héctor le gustó y convino con el pintor la forma de pagárselo.

En ese tiempo Héctor y yo teníamos una pizzería, después del pugilato de compra-venta, Chavo terminó aceptando como paga una pizza, él siempre se acordó de esto y refunfuñaba, diciendo: pinche Toro (así le decimos sus amigos a Héctor), mira que por mi cuadro me dio una pizza, y chica. Era una anécdota, que el lenguaje colorido y la forma tan expresiva cuando la recordaba, siempre me daba risa.

Tuve la oportunidad de adquirir algunas de sus obras, de tal manera que en la entrada de mi casa tenía colgado un cuadro de Leda y el cisne, personajes de la mitología griega, en el que Zeus bajó del Olimpo en forma de cisne para encontrarse con Leda, cuando caminaba junto al río. Este cuadro tenía pintado al cisne y a una persona haciendo el amor en un lago, este cuadro estaba pintado en color blanco con tonalidades en blanco ostión, toda una belleza.

Otro de los cuadros que le compre, estaba pintado a tinta china, en éste se veía a un hombre con una coraza de caracol haciendo el amor con una sirena. Se veía al hombre bajándole a la sirena esa parte de pez que las caracteriza. Fueron muchos los cuadros que tuve de este personaje, algunos conservo, otros se los obsequié a algunos amigos.

Javier García fue su cliente y amigo, seguramente conserva muchos de sus cuadros. En una época le dio por pintar reiteradamente a Don Quijote y algunos de ellos se los vendió a Javier; uno de éstos tenía una particularidad, Chavo en vez de pintar cada una de las manos de este singular personaje de la novela escrita por Miguel de Cervantes Saavedra con cinco dedos, lo pinto con seis, al darse cuenta nuestro amigo común, se lo comentó a Chavo, quién se lo pidió para componerlo, pero Javier nunca quiso que lo corrigiese.

Me comentaba Rafael Martínez Castro, que curioseando en una librería algunos ejemplares, de reojo vio que una persona que portaba ropa blanca y un sombrero que se acercaba por detrás de él, cuando sintió que ésta le apuntaba con un arma en la espalda diciéndole: “si te mueves, te mato”; tremendo susto se llevó Rafael; era Chavo Acosta, que le había puesto su dedo índice en la espalda, siguiendo a esa amenaza una carcajada del artista.

He visto en algunos consultorios médicos, o en casa de algún amigo cuadros de Chavo. Algo que los caracteriza es la estima que sus propietarios le tienen a estas obras. Amén de su belleza. El edificio del Conalep tiene en una de las paredes de su biblioteca, un mural pintado por este singular personaje.

En alguna ocasión estuve en su casa. Recuerdo que me sorprendió lo bien arreglada que se encontraba y el buen gusto con que estaba decorada, habían para ello muchas obras de su autoría que le daban un toque singular a su hogar.

Su partida nos sorprendió a todos, fue en una temporada de Carnaval, alguien me comentó que fue a ver el desfile de carros alegóricos y sufrió al parecer un infarto.

Lo supe muchos días después, no tuve la oportunidad de darle un último adiós. Recuerdo que le decía en broma: “tus cuadros valdrán mucho cuando te mueras”, no sé si esto sea así, lo que sí sé es que los poseedores de las obras de este artista campechano las conservan en lugares privilegiados.

Rodolfo Bernés Gómez

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