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Candidatos de unidad

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Hay conceptos que no admiten adjetivos comparativos, es decir, que no debieran ser interpretativos como el de la honradez, pues ninguna persona es más o menos honrada que otra, ya que es honrada o no lo es. Así debería también ser considerada la democracia. En nuestro México ningún partido político ni ningún sindicato es internamente democrático.

En alguna ocasión externé que lo menos malo, por razones de competitividad, es que se practicara la democracia dirigida. Así, por ejemplo, como priísta me dio mucho gusto que para elegir candidato a la Presidencia de la República recorrieran el país Enrique Peña Nieto y Manlio Fabio Beltrones, percibiendo este último que para EPN eran las más numerosas simpatías y como buen político que es reconoció sin regateos la voluntad mayoritaria, siendo después como legislador el más convencido aliado del Presidente Peña Nieto.

Hace siete años a nivel estatal se vivió también algo similar, pues en la campaña para que el PRI eligiera a su candidato a gobernador el que más posibilidades tenía de vencer a la oposición era Fernando Ortega Bernés y muy cercano a él en las encuestas estaba Alejandro Moreno Cárdenas, por lo que entre los que competían para ese tan importante puesto de elección popular se tomó la decisión de que fuera FOB, asignándosele a cada uno de los demás una posición importante.

En esta ocasión sucedió algo similar, pues para gobernador abiertamente competían Alejandro Moreno Cárdenas y Raúl Pozos Lanz, y aspiraban otros sin externarlo —esperando que “el partido” decidiera—; reunidos unos y otros en la sede del CEN del PRI, se decidió que AMC sería el candidato de unidad porque las encuestas partidistas así lo consideraban.

A ese tipo de democracia es a la que yo llamo democracia dirigida porque abrir el proceso a elección de las bases en ambos casos hubiera sido caótico, y volver a la denigrante costumbre del dedo elector presidencial como se hacía hasta con Ernesto Zedillo hubiese sido un retroceso que nunca debería volver a darse.

Sin embargo a nivel estatal en el PRI no ha habido suficiente voluntad política para encontrar la forma de aplicar la democracia dirigida y se continúa con la pésima costumbre de imponer candidatos para todo puesto de elección popular: se cita a sesión del Consejo Político Estatal para “aprobar” el método de elección correspondiente siguiendo un orden del día y propuestas no puestos a consideración, sino para votar a mano alzada.

Insisto en que poner todo para que se decida de manera general es desaconsejable, pero sí se pueden poner a consideración cuando menos dos propuestas para elegir una de ellas.

Se publica la convocatoria para que los que aspiren a los puestos que se contenderán puedan inscribirse, pero se dan cuando mucho 48 horas para hacerlo, y si por casualidad uno de los no deseables se inscribe, en el término prefijado se le descarta por no cumplir con los requisitos.

Si quieren continuar así que lo hagan, al fin que la membresía es conformista, pero que no se diga que ese proceso es democrático, ya que la ciudadanía, no sólo los priístas, saben bien que se engañan a sí mismos y creen que pueden engañar a los demás.

Cuando una dama pretendió inscribirse como aspirante a una curul local y no fue aceptada, se quejó y al respecto un periodista de mis afectos comentó que para qué daba brincos si así se ha hecho siempre, y optó por mantenerse callada. Pero yo pregunto a quienes así piensan si consideran que porque desde hace muchos años existe el “diezmo”, el chantaje político y muchas otras formas de corrupción y de impunidad, así debiera seguir estando.

De palabra y de obra yo me he mantenido como priísta convencido desde hace más de 45 años, pero jamás he estado de acuerdo con sus métodos internos antidemocráticos y así lo he expresado públicamente. No solamente ahora cuando, por bajezas que más afecta en su imagen al dueño del dedo elector, fui sacado del ring antes de siquiera haber iniciado la pelea ganando ésta, sin figurar en el programa y sin subir al cuadrilátero, cualquiera que no fuera yo.

En los sindicatos el vicio es similar, pues a las asambleas llevan todo preparado para que los agremiados aprueben a mano alzada. Tampoco ahí existe el derecho del trabajador a cuestionar el método.

Quienes teniendo la oportunidad de ir cambiando poco a poco esa antidemocracia, no lo hacen, se pierden la ocasión de trascender de manera positiva.

Pero no, tal parece que les falta estatura de líder moral.

Fernando Almeyda Cobos

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