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Balances y propósitos del viejo y Año Nuevo

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De manera vertiginosa se nos fue un año más.

Un año en el que tuve aciertos y desaciertos, alegrías y tristezas.

Logros, pero agotamiento extremo.

Viví cada una de las estaciones casi sin darme cuenta.

Confieso que el trabajo fue tan intenso que poco fue el disfrute de las cosas sencillas que tanto recomiendo y que tanta satisfacción y felicidad me proporcionan. Por supuesto que al final reconozco la alegría que me proporcionó las felicitaciones de haber cumplido los retos tan difíciles de lograr.

También confieso que por estar ocupada me perdí de muchas cosas maravillosas que Dios me ofreció.

Fue por hacer tantas cosas al mismo tiempo; promesas, compromisos y no saber decir NO, que me perdí correr bajo el sol de verano en la caliente arena que me proporciona paz, o nadar en el mar y robarle la salud de su sal marina, convivir más con mi familia.

No me arrepiento de los logros, me satisfacen, que de alguna manera es dar a mi gente el amor que de ellos recibo.

Depende de cada uno hacer un balance de nuestra vida, ponerlos en una balanza y tomar decisiones que nos den satisfacción el año que se avecina.

La Navidad y el nuevo año permiten al niño que duerme en nuestra alma renacer todos los años, y despierta en nosotros momentos de alegría, maravillosos, que ni tan sólo once meses de duda, escarnio o desánimo pueden apagar. Lo único que se nos pide es que creamos. ¿Qué creamos en qué? En lo que más signifique para nosotros, en este momento que el amor hace posible creer en todas las cosas, especialmente en los milagros.

Que hay un milagro que lleva tu nombre. Que cuando miras una estrella y formulas un deseo la gracia interviene para que este año se haga realidad.

Planifica tu año con la ayuda de Dios y permite dar y recibir. No descuides a tus seres queridos y amigos que te necesitan.

Llena tu vida de dar amor y mucho amor y lo mismo recibirás.

La tristeza siempre la tenemos con nosotros, es un hierbajo resistente, pero la alegría y el amor necesitan cuidados.

Da las gracias. Abre los brazos tanto como puedas para recibir todos los milagros que llevan tu nombre.

Y reciban amigos que escuchan mis Susurros, mis amigos comunicadores con los que compartí un amoroso desayuno, y a todo el personal y directivos de TRIBUNA mis mejores deseos.

Rosa María Lara de Rullán

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