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Recuerdos

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Siempre los vientos nos traen los recuerdos, los pasean por el pueblo y llegan a las mentes ansiosas de volver a vivir pedazos del pasado.

En un domingo de 1948, me veo en el espejo de luna grande del tocador de mi mamá, mientras mi abuelita me peinaba con trenzas que finalizaban en grandes lazos de cintas del color de mi vestido de gasa rosa. Preparados para ir a misa de 10, mi hermano Lalito con su pantalón corto de casimir gris, camisa blanca de popelina, grandes calcetines que le llegaban a la rodilla, zapatos relucientes de charol y gruesos tirantes, la abuelita Tona nos llevaba de la mano hasta la parroquia de las Mercedes, donde oíamos la misa calladitos, hasta que el padre Mauricio nos bendecía para ir a disfrutar del domingo.

Nos entreteníamos los domingos, jugando los niños a las canicas, pelota o timbomba y las niñas a las muñecas. También con las series o tiras cómicas de algún periódico como Mandrake el Mago, Los tres cebollitas, Tarzán el hombre mono, y Cuquita la mecanógrafa.

La mañana terminaba con un riquísimo puchero de tres carnes, arroz amarillo con azafrán, un salpicón de rábano, cilantro, cebollina y naranja agria. El postre manjar blanco de coco, unas veces, o torrejas de plátano, o buñuelos con miel de abeja otras.

Grandes y niños debíamos dormir para que fuese un domingo de descanso, en mi casa había una tienda de abarrotes, a esa hora se cerraba, como todas las tiendas de Champotón, era la hora de la siesta de tres a cinco, luego el baño, vestirnos con la ropa de domingo para ir a jugar al parque, pepino vecino. Terminábamos las carreras en el Cine Principal con películas de Cantinflas, Tarzán o lucha libre que nos gustaban tanto. Don Tacho Cardeñas y doña Julia Cosgalla nos esperaban en el puesto al lado del cine con un Chocomilk y un tamal colado.

Muchas cosas han cambiado. Pocos niños van a misa, ya no se juega timbomba, ni pepino vecino, pero todavía hay misas, repletas de gente grande, hay puchero los domingos, se cierran los comercios a esa hora, el pueblo duerme.

El viento sigue trayendo los recuerdos que siempre vivirán.

Aracelly Castillo Negrín

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