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Carlos Plata amenaza con nuevo partido

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A más de siete meses de haber fungido como jefe de sepultureros del partido Movimiento Ciudadano —que a nivel nacional quedó políticamente arrinconado y en el ámbito estatal de plano perdió verticalmente su registro—, Juan Carlos Plata González emergió del ostracismo, la proscripción, el alejamiento, la exclusión, el destierro, la abulia y el ocio a que lo condenaron los electores campechanos en junio del año pasado, para lanzar una nueva amenaza: creará una nueva agrupación partidista.

Así, la semana antepasada el veracruzano —nativo de Xalapa y avecindado en la ciudad de San Francisco de Campeche— avisó al Consejo General del Instituto Electoral del Estado su intención de convertir a la agrupación ciudadana Campeche Libre, en el Partido Liberal Campechano.

Las extrañezas, las sospechas, los rumores, el ruido, el murmullo y el runrún  en torno al verdadero móvil del asunto iniciaron donde tenían que comenzar, o sea en una interrogante fundamental: ¿por qué el saltimbanqui avisador no envió aviso oportuno cuando creó la agrupación Campeche Libre? ¿Por qué sus directivos al parecer habían permanecido ocultos? ¿Qué o quién los azuzó para que salieran de las sombras, las penumbras, el esbatimiento, la adumbración y el entoldamiento entre los que se encontraban?

Apuntamos todo esto porque hasta el antepasado martes ni los ex militantes del extinto Movimiento Ciudadano, ni los afiliados al Movimiento de Regeneración Nacional, ni en el PRI, ni en el PAN, ni en el PUP, ni en el PPU y menos en el Partido Único de los Trabajadores del Altar, ni en los corrillos ni mentideros públicos se sabía de la existencia de la supuesta asociación Campeche Libre, y menos todavía que la febril cabeza de Plata González estuviera fraguando cómo reintegrarlo a los privilegios de la ubre presupuestal, vía futuras participaciones provenientes del IEEC.

Lo que sí se sabe, y eso hay que anotarlo, es que el año pasado Layda Elena Sansores San Román, casi dueña de esos dos movimientos políticos, confió en dos de sus más cercanos lugartenientes, Manuel Jesús Zavala Salazar y Juan Carlos Plata González, para que se hicieran cargo del partido Movimiento de Regeneración Nacional y del MOCI, respectivamente.

Así, en octubre de 2012 Carlos Plata sustituyó al entonces diputado plurinominal Zavala como coordinador del Movimiento Ciudadano, y provocó ceños fruncidos y trabes estomacales de otros que aspiraban al mismo cargo, entre ellos el combativo secretario de Elecciones, Carlos Martínez Aké, y el representante de la Fundación Lázaro Cárdenas del Río, Héctor Malavé Gamboa, pero por el peso y la influencia de Layda Sansores que dio su visto bueno a esos cambios, el agua no se agitó.

Tres meses más tarde, acatando sin chistar la imposición ejecutada por la hija del hoy extinto Carlos Sansores Pérez, los delegados que asistieron a la primera asamblea estatal del MOCI ratificaron a Plata como su líder, y ante su madrina política tuvo una especie de “antiprofecía” política, pues al admitir que desde entonces muchos ya apostaban a que ese movimiento quedaría extinguido en las urnas, aseguró que no sería así.

“Vamos a fortalecer la estructura partidista en los 11 municipios, recorreremos casa por casa, demostrando sinceridad, siendo un instituto político fiel a sus convicciones, no seré un líder de escritorio, porque eso no funciona. Al ciudadano hay que visitarlo en su casa y colonia”, se ufanó, y ni en su peor pesadilla imaginó la tunda electoral que estaba cerca de recibir.

 

Y QUE AHORA ES “LIBERAL”

A decir verdad, ni el MOCI ni Morena convencieron durante el pasado proceso electoral, pues este último, a cargo de Zavalita, apenas logró una diputación de mayoría relativa y tres escaños de regalo, al tiempo que aquél, con Plata como su líder, no cosechó nada y no logró la votación mínima necesaria para conservar su registro estatal.

En marzo del 2015, cuando el proceso electoral comenzaba, al presentar ante las autoridades electorales a los candidatos del MOCI a cargos de elección popular, Carlos Plata prometió: “Queremos que este proyecto triunfe por el bien de la gente. Vamos a ser muy competitivos en este próximo proceso electoral y Movimiento Ciudadano será la sorpresa para muchos”.

Por supuesto, Plata no hablaba en plata, como coloquialmente se dice, pues lo sorpresivo no fue su capacidad competitiva, sino que no pudo convencer al electorado y terminó por desaparecer al menos en nuestra entidad. Y de qué manera. Fue una caída estrepitosa, fulminante, de pronóstico que condujo a su desaparición.

Entre otros factores que llevaron al MOCI a la debacle temprana, puede citarse la ambición personal de quien como dirigente terminó cavando su sepultura, pues los primeros problemas internos que propició obedecieron a su empeño en colocar primero a su esposa, Helen Saraí Domínguez Cervera, como candidata a diputada local por el III Distrito Electoral, y luego a él mismo por el IV, al tiempo que encabezaba la lista de diputaciones de regalo, también llamadas plurinominales.

Luego, en respuesta a la resistencia de los mocitos, o sea, militantes, simpatizantes o adherentes, Plata tuvo que bajarle la lumbre a los camotes y modificó esas posiciones, aunque su cónyuge “compitió” por el VII Distrito, y perdió en forma humillante, cruel, amarga.

Tras el raquítico y vergonzoso resultado electoral, pocas horas después de haber cerrado las casillas, la Coordinación Nacional del partido Movimiento Ciudadano se vio forzada a tomar una decisión fulminante. Acordó la destitución ipso facto de Juan Carlos Plata González como su dirigente estatal en Campeche. No había demostrado capacidad para encabezar a la agrupación. Y los errores se pagan con la guillotina.

Posteriormente, confirmado el recuento de los daños, un enviado de la propia Coordinación, acompañado por los candidatos perdedores a diputado y alcalde de Campeche, Diego Palmer Flores y Manuel Ramos Herrera, reinstaló una Comisión Operativa Provisional, que quedó a cargo de Pedro Estrada.

Y aunque también en esas fechas Carlos Plata fue exhortado a continuar en el MOCI, como “militante distinguido”, a fin de reposicionarlo, primero optó por el ostracismo, y ahora reaparece con la idea de crear el Partido Liberal Campechano, sobre la base enclenque y anémica de una agrupación fantasma, desconocida e inexistente y, por tanto, sin peso político específico alguno, Campeche Libre.

 

CARLOS Y ESPOSA, ¿FANTASMAS O VIVALES?

Tras el anuncio de esa intención, la consejera presidenta del Instituto Electoral del Estado de Campeche, Mayra Fabiola Bojórquez González, dijo que el caso será analizado y que la agrupación —fantasma— tendrá que cumplir los requisitos establecidos en la ley para convertirse en un nuevo partido político.

Además, el membrete no podrá recibir recursos públicos, y tendrá que informar mensualmente el origen de los que maneje de ahora hacia adelante. Así debe y tiene que ser, pero para mayor transparencia no sólo de lo que se avecina, sino de quien ha dado la cara en ese intento, Juan Carlos Plata González, también debe explicar de qué ha vivido al menos en los últimos 16 años que ha estado en Campeche, pues él mismo asegura que nunca ha dependido de recursos públicos. Entonces ¿tiene un mecenas particular?, ¿para qué o por qué? ¿Nos estaremos enchapopotando?

Más complicada todavía resulta la afirmación de Plata de que el único objetivo de crear un partido es seguir contribuyendo al bienestar de la sociedad campechana.

¡Hágame usted lector el refabrón cavor! Si así fuera, el ahora “liberal”, que antes fue arroz de otros “movimientos”, tendría que clarificar ¿cuáles han sido sus personales contribuciones para elevar el nivel de vida en la entidad?

Hablando en plata, el mejor aporte de Plata y otros vivales de su calaña tendría que ser ponerse a trabajar en algo realmente productivo, que si no aporta nada a los campechanos, al menos no sea una carga para los recursos públicos que se le tendrían que destinar en el supuesto, aún no concedido, de que su bodrio prospere. Chance y entonces sí, el electorado lo haga regidor… de su destino.

La verdad es que Plata González, y su cónyuge Helen Saraí Domínguez Cervera a nadie engañan, pues está claro que si algo quieren, es seguir viviendo de las prerrogativas partidistas, es decir, del presupuesto que se integra con las aportaciones de la ciudadanía, que apenas en junio del 2015 dijo basta a ese vividor del trapecio político y a su ex partido el MOCI.

 

Entresemana se elabora con aportaciones de periodistas y colaboradores de TRIBUNA.

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