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Gonzalo Peraza Güémez

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La cita, el último viernes del mes de enero, a las siete de la noche, en un restaurante de nuestro bellísimo malecón. Reunión convocada por Gonzalo Peraza, invitando a un amigo común: el doctor Rafael Martínez Castro y a quien esto escribe.

El día previo, al ir a visitar a mi madre me comentó que Gonzalo había ido a su casa a preguntar por mí; quería hacer una reunión de amigos, cuando menos eso entendió, dejándole el número de su celular para contactarlo, pidiéndole le comentáramos a Felo, como él le llama a Rafael, lo que hice, ya que es una persona a quien aprecio y conozco desde hace muchos años, además amigo de toda mi familia.

Desde luego me contacté con él y se dio la reunión arriba mencionada; llegué a la hora acordada y ya estaba en el sitio, lo habían acompañado dos de sus hijos y uno de sus nietos, ya que aún tiene secuelas de un problema de salud por el que está atravesando desde ya hace tres años.

Momentos después se incorporó al grupo Rafael, y se inició una interesante charla. La intención de Gonzalo era la de invitarnos a un evento que se realizará en unos días que por iniciativa de Gabriel Angulo Méndez y de Carlos Reyes Verdejo, donde conmemorarán los 45 años de que en Campeche se empezó a practicar el karate. Mi paso por esta disciplina fue fugaz, Rafael en cambio estuvo un buen tiempo hasta que logro obtener su cinta café.

A Gonzalo lo conozco desde hace más de 40 años, trabajó con el licenciado Sergio Mora, al igual que Rafael, y como Sergio y su familia son amigos de la mía, con estas dos personas surgió una amistad.

Por su carácter afable, Gonzalo y mi padre se llevaron muy bien, a mi papá le gustaba mucho viajar por carretera y las más de las veces iba con ellos, para que, más que manejarles, acompañarlo en esas trayectorias.

Me cuenta nuestro personaje que en una ocasión al detenerse a desayunar en un restaurante, le preguntaron a mi padre ¿café… negro?, y con las ocurrencias de las que se caracteriza Gonzalo le dijo: “hasta aquí te conocen”, ya que mucha gente conocía así a mi padre, lo que ocasionó una risa generalizada de los comensales.

Su pasión por el karate le abrió puertas, escalando muchos puestos en donde laboraba. Esta disciplina incrustó en él los principios que los verdaderos maestros infunden en sus alumnos.

Es invitado a trabajar al CBTA 15, en aquel entonces por su director el MVZ Fernando Enrique Puertovaneti Perera, para instruir en el karate a los alumnos de esa institución educativa. Nos dice Gonzalo que comenzó con 4 horas, luego fueron 8, y así hasta alcanzar 30 horas. Posteriormente trabajó en el ITA 5, donde lo nombran jefe de la Oficina de Cultura y Deportes, por su disposición al trabajo es enviado a muchos cursos, entre otros, de apicultura, especializándose en apiterapia.

Podemos decir, que esta disciplina hizo en Gonzalo una persona que sabía cómo afrontar los retos y las oportunidades que se le iban presentando en el camino. Lamentablemente una enfermedad le afectó, y en la que el pronóstico médico fue que estaría prácticamente postrado, pero esa enseñanza que supo aprovechar, y que por muchos años transmitió a sus alumnos, le dio la fortaleza para caminar de nuevo, hoy lo hace lentamente y con ayuda de su esposa o hijos.

Nos cuenta que a veces su memoria lo traiciona, pero su disertación, aunque pausada, es totalmente coherente, recuerda muchas anécdotas de su vida, la perspicacia siempre está presente en su plática.

Recuerdo en una ocasión, de esas en que yo iba al malecón a caminar, lo encontré haciendo lo mismo, se veía que le costaba trabajo, pero esa enseñanza que le dio el karate lo impulsó a esforzarse para poder superar el diagnóstico. Perseverancia, esfuerzo, constancia para levantarse y seguir adelante, fueron los factores para poder superar ese pronóstico.

La historia de Gonzalo está íntimamente ligada a esta disciplina oriental, y muchos de los que hoy por hoy la practican reconocen en él a uno de sus precursores. Sus amigos lo aprecian y hacerme sentir uno de ellos me enorgullece.

Gonzalo vive con su esposa Catalina Morayta en el barrio de San Román, cuenta con muchos amigos que lo visitan ocasionalmente, se encuentra muy entusiasmado por el evento que organizan Gabriel y Carlos, realmente no sé cómo se va a dar tiempo para ello, ya que cuando le preguntan qué hace, responde: entre semana no hago nada y los fines de semana descanso.

Rodolfo Bernés Gómez

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