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Abarrotes Espina

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“Con sacrificio puede ser que logres poco, pero sin sacrificio es seguro que no lograrás nada”

Anónimo

 

Es en los años 30’s cuando don José Espina Herrera instala un establecimiento comercial en el desaparecido mercado “7 de Agosto”, al que pone el nombre de El Porvenir. Este hombre contrae nupcias con María del Socorro Rodríguez Espinoza, y procrean tres hijos: José Manuel, Víctor y María del Socorro.

Eran los años en que florecieron muchos comercios, en los que personas originarias de otros estados y de otros países vieron a Campeche como opción para asentarse junto con sus familias.

Es en este mercado, de esa época el principal de nuestra ciudad, donde se aglutinaban muchas familias, siendo El Porvenir una de las tiendas más visitadas. En esos tiempos florecían la industria chiclera, la explotación de maderas preciosas, la fábrica de licores, de velas, así como el palo de tinte.

Don José vivía con su familia en esa área de la ciudad, concretamente en la calle 51 número 6, literalmente a unos pocos pasos del mercado, por lo que cuando el establecimiento estaba cerrado los clientes iban a su casa y ahí les surtía lo solicitado.

Don José permanece en esas instalaciones hasta el año 1961 en que esta construcción es demolida, por lo que se instalan en la casa que habitaban y cambia el nombre a Casa Espina.

A los 19 años de edad, su hijo mayor José Manuel, habiendo concluido su carrera de maestro se incorpora a la tienda para apoyar a su padre en el año 1962.

A Pepe tuve la fortuna de conocer y ser su amigo, muchas veces tuvimos la oportunidad de platicar ampliamente y me contaba sus preocupaciones, las cuales encomendaba todos los días al Señor, ya que cotidianamente acudía al Santísimo. Don Pepe antes que todo se decía cristiano, perteneciendo a algunos grupos de iglesia.

Don José Espina Rodríguez, a quien todos conocían como don Pepe, en el año 1967 contrae nupcias con Alicia Noemí Espadas con quien procrea dos hijos: José Manuel y Selene Noemí.

A sus 18 años incursiona en el teatro el 20 de noviembre de 1960 con la obra “Un loro y tres golondrinas”, dirigida por Raúl Cáceres Carrenco. Las puestas en escena en las que actuó fueron: “El Henequén”, galardonada a nivel nacional; “Las Pléyades”, dirigida por Joaquín Lanz en el año 1983; “La Ondina”, “Los Soches”, “El Oso” y “Un día de ira”, entre otras.

Don Pepe atravesó por muchas situaciones difíciles, una de ellas cuando su tienda fue asaltada. Un día al cerrar la tienda y estando aún en su interior, un sujeto con pasamontañas pateó la puerta que en ese momento se encontraba cerrada y pistola en mano gritó: ¡Esto es un asalto! En ese momento se encontraban en la tienda doña Mimí, uno de sus nietos y él.

Doña Mimí, aterrada, le dice “solo tengo papeles”, y Pepe le dice “entrégale todo”; tan pronto le entregaron un portafolio, el delincuente se acerca a mi amigo, le pone el arma de fuego en el cuello y sin más le dispara atravesando la bala por debajo de la quijada.

Don Pepe cae inconsciente, pero al ver doña Mimí que no se desangraba pensó que había sido una bala de salva. Gracias a Dios la trayectoria de la bala —calibre 22—, apenas le afectó las cuerdas vocales, lo que le causó pequeña ronquera en su hablar hasta que fue llamado por el Señor en el año 2009.

También fueron amenazados vía telefónica y las autoridades les habían proporcionado un policía vestido de civil que estuviera al pendiente de su seguridad, así como de no permitir que se alejaran.

Ellos tenían razones por las que desconfiaban de esas autoridades, ya que cuando presumiblemente llevarían en un automóvil el dinero a un lugar designado por los malhechores, el chofer que le asignó la autoridad “se equivocó” y no hizo alto en la calle en que entregarían el supuesto dinero, frustrando el plan de la policía para atraparlos, por lo que tenían mucha suspicacia.

Pepe hijo tenía que ir a Mérida a tratarse de un asunto de salud. Eran alrededor de las seis de la tarde y previo acuerdo con ellos fui a su tienda, y este joven le mintió al guardia diciéndole que en unos minutos regresaría.

Nos trasladamos al estacionamiento trasero de Plaza Universidad. donde nos esperaba un amigo al que había pedido me apoyase para transportarlo a su destino. Ambos íbamos muy nerviosos por diversas arterias de la ciudad, viendo si nos seguían, y Pepe prácticamente escondido en mi auto.

Otra tragedia empaña aún más a la familia Espina Espadas, ya que este joven es llamado a la presencia del Señor en el 2010. Muchacho bueno al que todos los que estudiamos con él una maestría le tuvimos gran afecto, lo que lamentamos no solo nosotros, sino todos aquellos que lo conocieron y trataron.

Hoy la Casa Espina de ese entonces es conocida como Abarrotes Espina. Doña Mimí, hoy por hoy, lucha por conservar este patrimonio por el que primero su suegro y luego su esposo trabajaron arduamente. Ya el bullicio que en su época de oro reinaba en ese establecimiento poco a poco se ha ido disipando.

Rodolfo Bernés Gómez

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