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La inestabilidad del peso mexicano

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Cuando la demanda de bienes y servicios supera la oferta de los mismos, los productores o vendedores de éstos tienden a elevar sus precios. A esta alza de precios se le conoce como inflación, pues se trata de una circunstancia que propicia una oportunidad de ganancia mayor, ante la escasez de un producto.

Aun cuando dicha situación no es conocida de manera técnica, sí lo es de manera práctica, principalmente por las amas de casa cuando se dan cuenta que en cuaresma los productos como mariscos y pescados suben sus precios en relación a otras épocas del año.

Otro de los imponderables por los que atraviesa el peso mexicano es la recesión, la cual ocurre cuando se dejan de producir bienes y servicios debido a la falta de poder adquisitivo de las personas y las familias. También podemos identificarlo de manera práctica cuando por ejemplo, las personas dejan de asistir a restaurantes, cines o cancelan vacaciones programadas anualmente porque la quincena no alcanza para este tipo de gastos, o como se dice coloquialmente “porque el dinero ya no rinde”.

Sin embargo, esta falta de producción afecta el desarrollo de un país, de ahí la importancia de que los gobiernos procuren establecer un equilibrio entre la oferta y la demanda, de tal manera que los bienes que se produzcan sean susceptibles de consumirse.

Existe otro fenómeno de inestabilidad que repercute en los ciudadanos y sobreviene cuando, cada vez que queremos comprar dólares, euros, u otra moneda diferente a la nuestra, nos percatamos que de un día para otro requerimos más pesos para comprarlas, lo cual significa que nuestro peso ha perdido valor, siendo esta pérdida lo que debemos entender como devaluación.

En este sentido se puede añadir que los factores de la devaluación pueden ser de diferente índole. Por ejemplo, uno de ellos se debe a que si hay mucha demanda de dólares es más probable que tengamos que pagar más pesos por dólar.

Otro elemento que ocasiona que paguemos más pesos por cada dólar se debe a que nuestros productos —por determinadas razones—, no son demandados por otros países, lo que trae como consecuencia una baja con relación a las compras en el extranjero y el que no ingresen dólares a México, por lo que nuestro país no puede acumular dólares en sus arcas —lo que se conoce como “suma de reservas de moneda extranjera”—, de lo que deriva que nuestro peso pierda valor.

¿Por qué le digo todo esto? No, no pretendo darle una clase de economía, solamente quisiera explicar el significado de lo que en su conjunto hoy leo en los periódicos. Mire, los líderes empresariales dicen que hay una desaceleración, que se pierden 1600 empleos porque dos plataformas petroleras se retiran de la sonda de Campeche.

La Secretaría de Finanzas del Gobierno del Estado dice que hubo una reducción presupuestal para Campeche, por mil millones de pesos correspondientes a participaciones petroleras. Y el titular de la Secretaría de Economía, afirma por su parte que vienen, o que ya vinieron tres maquiladoras a Campeche.

Pues bien, todos estos datos en conjunto me arrojan la visión de un panorama económico que no es nada alentador. Aunque en una de estas notas señalan que vienen empresas maquiladoras al Estado, no puede tomarse como buena noticia pues las compañías maquiladoras se establecen en los países de economía emergente —antes llamados en vías de desarrollo—, es decir, pobres, donde la mano de obra es muy  barata.

El hecho de que hayan escogido nuestro Estado para establecerse tampoco constituye algo del todo beneficioso, más aún porque los capitales que se invierten en este tipo de sociedades se conocen como “capitales golondrinos”, ya que cuando las condiciones dejan de ser favorables, emigran dejando a un sinnúmero de desempleados a cargo del Estado.

 

REALIDAD ECONÓMICA

Estos son los datos duros y esta es la realidad, y es aquí donde no hay que pasar por alto los esfuerzos que hace el gobernador del Estado al buscar alternativas para la generación de recursos,  tal como fue la recién celebrada Copa Davis, que surge como mecanismo para atraer turismo deportivo y nos publicita a nivel nacional como destino turístico, así como la Copa Motonáutica que es otro evento del mismo tipo. El que intenten hacer un mega viacrucis atraerá sin duda un creciente turismo religioso, lo cual si se logra, creo que así será.

Sin embargo, con todos los datos que di al principio podemos saber por qué estamos económicamente donde estamos, lo que pasó, lo que va a pasar y lo que podemos hacer partiendo de situaciones reales y concretas.

Así, tenemos que lo que nos pasó es que siendo el nuestro un país petrolizado, el producto con el cual se sostenía la economía nacional, el petróleo, dejó de demandarse en el extranjero por lo que dejaron de ingresar dólares a México en las cantidades que usualmente venía sucediendo.

Entonces lo que se nos vino fue una devaluación. Y esto no se va a quedar ahí pues esta devaluación originará una recesión. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que cuando las personas pierden sus empleos —tal como está sucediendo—, pierden también su poder adquisitivo. Entraremos a una recesión porque se dejarán de producir bienes y servicios de la forma en que se venía haciendo, ya que no hay quien los demande y no se necesita pensarle mucho para darnos cuenta de esto.

En un plan mórbido —si me pregunta que sucedió—, se lo puedo decir rápidamente: los “genios” que proyectaron la Reforma Energética lo hicieron sobre números alegres y proyectaron el precio del barril arriba de 90 dólares, pensando en un panorama mundial general, sin tomar en cuenta otros indicadores que podrían afectar sus cálculos, tal como finalmente ocurrió.

Resulta que hoy, debido a múltiples factores derivados de las variables de la economía mundial, el precio del barril de crudo no está a 90 sino a 30 dólares, lo que deviene en los múltiples problemas financieros que le he comentado. Tanto ir a Harvard para nada. ¡Qué pena!

Ahora bien, vamos metiéndole el pecho a esto con responsabilidad para no ponernos llorar. Si la repercusión final va a ser en el fenómeno de la recesión económica, es desde ahí donde se debe comenzar a reparar el daño. Algo que se puede y se debe hacer, al menos a nivel entidad federativa.

Por lo regular un problema de recesión dura de uno a dos años, por lo que si no hacemos las cosas correctas, el partido en el poder perderá mucho capital político —pues no creo que los ciudadanos estén muy contentos después dos años de recesión—, lo que vale la pena considerar, tomando en cuenta que para el año 2018 tenemos elecciones.

Así, se requiere un esfuerzo combinado entre el gobierno, las empresas, los bancos y las personas, a fin de que asuman sus responsabilidades para controlar el dinero en circulación; esto es, generar empleos, apoyar a las empresas por parte del gobierno y dar financiamientos más accesibles por parte de los bancos, con la intención de producir más, evitar el desempleo y un mayor deterioro de la situación económica de los habitantes.

Asimismo, nuestros senadores y diputados pueden coadyuvar con esta tarea para sacarnos de esta espiral económica en la que estamos cayendo. ¿Cómo? Haciendo propuestas que reduzcan los impactos tributarios, pues no hay que perder de vista que muchas veces, por causa de las situaciones fiscales, muchas empresas cierran causando desempleo por lo que por principio y como medida emergente para dar un respiro a los empresarios, se debería buscar que esa disposición de enviar la contabilidad electrónica al Sistema de Administración Tributaria (SAT) desaparezca, ya que genera mayores costos a los contribuyentes, con riesgo de multas constantes.

Señores que conforman la administración pública: con todo respeto, hagan algo a favor de los ciudadanos, pues la verdad es que sus acciones dejan mucho que desear, porque de éstas se evidencia que no saben ni donde están parados y que el único que sabe y está trabajando es el gobernador, en la medida que le es posible.

José Guadalupe Celis Pérez

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