Tribuna Campeche

Diario Independiente

“No lo dejes solo”

Este domingo, la Iglesia, nos ofrece un relato del Evangelio de san Lucas: LA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

Este domingo, la Iglesia, nos ofrece un relato del Evangelio de san Lucas: LA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO. Es un texto que escuchaste o leíste varias veces y, tal vez, te parece tan conocido que ya no te apasiona para nada. Por ello, inicio esta reflexión pidiéndote que hagas un esfuerzo y busques este fragmento del Evangelio (Lucas 19, 28, 40) y lo descubras como algo completamente nuevo, y sobre todo, dedicado a ti.

No lo dejes solo. Sus discípulos huyeron buscando su propia seguridad, sus proyectos parece que se desvanecen y en soledad espera la ejecución. ¿Qué harás tú en estos días santos? ¿Acaso no es momento de demostrar nuestra fidelidad al Maestro? Jesús guarda un gran silencio durante sus últimas horas, haciendo sumamente sobrecogedor el relato.

Sin embargo, san Lucas recogió las palabras que dijo Jesús mientras está siendo crucificado. Entre estremecimientos y gritos de dolor, logra pronunciar unas palabras que descubren lo que hay en su corazón y parecen ser su último mensaje: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Jesús había pedido a los suyos “amar a sus enemigos” y “orar por sus perseguidores”. Ahora es él mismo quien muere perdonando, convirtiendo su crucifixión en perdón.

La petición que hace Jesús a su Padre por los que lo están crucificando es, ante todo, un gesto sublime de compasión y de confianza en el perdón infinito de Dios. Parece que Jesús quiere dejar una gran herencia a la Humanidad y a Ti: No desconfíes nunca de Dios porque su misericordia no tiene fin. No podemos ser indiferentes ante el gesto de amor y ternura de Jesús entregado hasta el final por los que ama. Por lo mismo, no debemos limitarnos a ser tan solo espectadores lejanos. Involúcrate en este relato y se parte de la historia de Jesús de Nazaret tal como Él forma parte de tu propia historia.

San Lucas retoma también una última palabra de Jesús. A pesar de su angustia mortal, Jesús mantiene hasta el final su confianza en el Padre. Sus palabras son ahora casi un susurro: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”. Qué bello es ver que nada ni nadie lo ha podido separar de él. El Padre lo ha estado animando con su espíritu toda su vida y ahora, terminada su misión, Jesús lo deja todo en sus manos.

Y es que todo lo que recibió Jesús era de su Padre, a través del Espíritu,  y en este momento se lo debe entregar y devolver, incluida su vida, que nació por el mismo Espíritu. Se vive un momento de silencio tras la agonía. Pero es un silencio que crea algo nuevo, que no destruye sino renueva y del cual nace una gran esperanza. El Padre romperá ese silencio y resucitará a su Hijo.

La Semana Santa que iniciamos en este Domingo de Ramos, es una celebración en nuestras comunidades de la Pasión y la Muerte del Señor. Date un tiempo para meditar en silencio ante Jesús crucificado, ahondando en las palabras que él mismo pronunció durante su agonía. No lo dejes solo. Meditando en este Domingo de Ramos tengo un cruce de sensaciones: Jesús entra por la puerta la misericordia de Dios (para ser aclamada) y saldrá por ella (en viernes santo) sin más compañía que Juan y María. Muchos de nosotros, como lo hacemos durante casi todo el año, miraremos a la cruz de Cristo desde lejos. Qué tristeza.

El domingo de Ramos es la antesala de la soledad y de la traición, del poderío de un gran Rey que es derrotado en la cruz, de la contradicción de quienes dicen quererle pero, en situaciones difíciles, se echan para atrás. El domingo de Ramos es la alfombra del camino fácil pero, el Viernes Santo, es la cuesta arriba del amor que exige y tiene un verdadero sentido.

En esta Semana de Pasión, los hechos que bien conocemos vuelven a nuestra memoria. Dios, humillado hasta el máximo, calla su pena sin defenderse de tan tremenda injusticia. Dios aguanta nuestros sufrimientos, nuestros dolores, a pesar de estar herido, triturado y traspasado, para después liberarnos y salvarnos, para conseguir nuestro indulto y perdón.

Y todo esto, envuelto en un enorme silencio. Abramos nuestros oídos y nuestro corazón para descubrir, en la lectura de la Pasión, nuestra propia realidad. Identifícate con alguien de este relato: con el que traiciona y vende a su amigo, a su familia, o a su pueblo por dinero. Tal vez, sentirás el miedo de los discípulos ante el peligro; la falsa promesa de Pedro de acompañar a Jesús y estar dispuesto a morir con él, y su negación posterior. Tal vez fue la debilidad en la oración por parte de los discípulos, o el sueño que no los dejó ver la realidad y la invitación a estar siempre vigilantes y orantes, pues no es fácil asumir la cruz de cada día.

¿Acaso en tu familia o comunidad aún existen juicios como el que le hicieron a Jesús? En este escenario vemos a varios personajes que aparecen, algunos positivos, otros negativos, mientras unos cuantos prefieren observar. Sin embargo, nadie se quedó indiferente después de lo sucedido.

¿Qué harás tú? Tal vez hoy puedas gritar “Hosanna al Rey de David” pero, ¿qué harás el Viernes Santo? No hay otro camino para llegar al final de la historia de Jesús que aquel que nos lleva a través de la Cruz, por eso no podemos permanecer indiferentes. Acompañemos a Jesús en su último recorrido. Sólo así podremos llegar a la Pascua.

Padre Ángel de Jesús Salvador