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Educación, el arte de vivir

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Reiteradas veces se ha escuchado, con insistencia, retomar los valores de la razón antes que la pasión. Sentir, pensar y actuar. Esta nueva ventana se abre para asomarse a la actitud de pensadores que propugnan valores como la racionalidad, el reconocimiento de las capacidades personales, y así formar ciudadanos ejemplares que olviden el prejuicio de la miseria y miren la grandeza de mejorar constantemente.

A la vista está el reto que vive nuestra sociedad —tiempo de retos—, de tal manera que se piense que la ciencia y la tecnología son necesarios, pero no suficientes para lograr una convivencia social adecuada. No es tarde para cultivar los valores del humanismo, la ética, la moral, las normas de convivencia y respeto para que nuestro tejido social mejore, y construir una sociedad en paz, armónica, en vías de desarrollo a gran escala.

Por ello, el concepto de calidad debe estar vinculado al esfuerzo y excelencia,  aplicando el uso de la tecnología para la mejora continua de los servicios, la enseñanza-aprendizaje y el uso de las plataformas del conocimiento para la capacitación y actualización de docentes, así como también el de estar a la vanguardia de la oferta educativa en línea.

No hay esfuerzo pequeño y aún con la mejor tecnología, el reto es, desde la visión de Erich Fromm: “Creo que el individuo no puede entablar estrecha relación con su humanidad en tanto no se disponga a trascender su sociedad y a reconocer de qué modo ésta fomenta o estorba sus potencialidades humanas”.

Y continúa: “Si le resultan naturales las prohibiciones, las restricciones y la adulteración de los valores, es señal de que no tiene un conocimiento verdadero de la naturaleza humana. Creo posible la realización de un mundo en que el hombre pueda ser mucho aunque tenga poco”.

La educación es un modo de ser y vivir, educar tiene una pluralidad de sentidos que tienen que ver con la vida, con el pensamiento, con la cultura, con el quehacer y finalmente con el ser. La educación es el arte de vivir cuyos pilares son el amor, la razón y la actividad productiva.

No es posible adquirir la sabiduría de la vida sin ningún tipo de esfuerzo o de sufrimiento —un engaño alimentado por la ideología consumista—, y nos propone que nos esforcemos en recuperar nuestra fortaleza física, psíquica y espiritual, así como nuestras posibilidades de independencia para que podamos abandonar la obsesión por el tener, característica de las condiciones económicas, políticas y sociales de la sociedad moderna, y centrar nuestra atención en el ser.

Esa es la filosofía de Fromm.

Candelario Pérez Madero

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