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Alternancia gubernamental

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Nuestra gente

 

Sin duda, la alternancia gubernamental es por sí sola un fruto de la democracia, porque se trata de un proceso por medio del cual la ciudadanía premia o castiga por medio de su voto a los buenos o malos políticos.

Sin embargo, esa libre emisión de su sufragio no siempre la ejerce después de analizar a la persona por quién votará, sino solo a la persona por quien no votará, lo cual conlleva el riesgo de votar por el menos malo o por el peor. Mucho de lo anterior sucedió el domingo 5 de junio, cuando hubo votaciones intermedias en gran parte del país.

El caso más notable, desde el punto de vista anterior, fue el de Veracruz, donde un pésimo gobernador será sustituido por otro con antecedentes no honorables. Léase “Lo negro más negro del Elba Esther y de Yunes”.

Otro caso, tal vez peor, es el de Tamaulipas, nunca antes gobernado por otro partido que no sea el PRI, lo que hace innegable que han sido los gobernadores priístas los culpables de las lamentables condiciones de inseguridad que ahí se vive —y se sufre—. Algunos de ellos están fichados por la justicia estadounidense. A otros libros que al respecto se han escrito se acaba de sumar: “Tamaulipas, la casta de los narcogobernadores”.

Cualquiera que conozca más de política que yo, debería saber que en su calidad de presidente del CEN del PRI, obligaba a Manlio Fabio Beltrones Rivero a expresar pronósticos buenos sobre los resultados para su partido en los citados comicios, aun cuando creyera que no serían tan buenos. No cumpliría bien con su deber político si opinara diferente, inclinando más con eso la balanza de resultados hacia el lado contrario, pero eran bolas cantadas.

Escuché de campechanos, veracruzanos, tamaulipecos y baja californianos, manifestaciones de hartazgo hacia los gobiernos priístas, principalmente del presidente Peña Nieto. Entiendo lo relativo a presidentes municipales y gobernadores, pero no lo del presidente, por lo siguiente:

1.— La reforma energética afectó a los trabajadores petroleros que esperaban jubilarse para heredarle su plaza a un hijo, afectó a miles de trabajadores eventuales que mes con mes estaban a la espera de algún “turno”, pero el adelgazamiento por exceso de personal se está aplicando, llegando el recorte hasta la plantilla del personal de confianza. Obviamente están contra el presidente.

Contrariamente, esa reforma energética apoyada en la reforma fiscal, le quitó a Pemex la obligación de ser la caja grande de la Federación desde que se petrolizó la economía. Lo tenían ahogado.

2.— La reforma educativa afectó también a profesores que se frustraron al no poder heredarle su plaza a un vástago, o al no poder efectuar un cambio de adscripción, para el cual ya habían abonado dinero. Afectó también a miles que por ya estar en la recta final de su período laboral se niegan a actualizarse —yo ya no estoy para aprender sino para olvidar, dicen algunos—. Afectó sobre todo a los de la CNTE, que ya se sentían de los que “reparten el pastel” en el magisterio.

Contrariamente, benefició y seguirá beneficiando a millones de niños con el derecho a tener maestros bien preparados para enseñarles lo bastante y suficiente.

En otros períodos presidenciales, esas presiones económicas provenientes del exterior, como la drástica disminución de los precios internacionales del barril de petróleo y las inesperadas e incontroladas fluctuaciones del valor del peso mexicano frente al dólar, hubiesen obligado al gobierno federal a recurrir a otro “Fobaproa”.

Para dar una idea de la afectación en la baja del precio del petróleo, como actualmente se tiene comprado un seguro que cubre  a ese precio hasta a 49 dólares por barril, si durante años hubo una exportación diaria de 2 millones de barriles a un precio promedio de por ejemplo 75 dólares, al bajar a 49 hay un decremento de 25 dólares por barril.

Multiplicado por dos millones, al día dejan de ganarse mil 350 millones de dólares; casi 20 mil millones de pesos mexicanos: de ese tamaño es el hueco cuyo efecto a la economía nacional se ha disminuido con recortes al gasto público y otras medidas, ninguna de ellas populares.

Sinceramente, salvo el problema de la “casa blanca”, no encuentro en el presidente Peña alguna otra falta que afecte a la mayoría de los mexicanos.

Pero, como siempre, son respetables todas las opiniones que difieran de mi apreciación.

 

Fernando Almeyda Cobos

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